Mientras las alarmas están prendidas por los incendios que arrasan más de 500 mil hectáreas de la Amazonia brasileña, en Colombia esta problemática no es menor y tampoco es distinta De acuerdo con datos de diversos sistemas de monitoreo, se estima que en 2018 fue más lo que se quemó que lo que se deforestó. 

Los datos indican que el número de hectáreas que se perdieron por conflagraciones en la Amazonia colombiana puede alcanzar las 200 mil, mientras que las cifras de deforestación en la misma región fueron de 135.000, lo que indica que se quemaron 65 mil hectáreas más que lo deforestado de bosque. 

La realidad colombiana no es diferente a la de Brasil. Así como sucede en el país carioca, en las épocas de temporadas secas los incendios se propagan, poniendo en riesgo ese gran patrimonio de la humanidad.

Rodrigo Botero, director de la Fundación para la Conservación y el Desarrollo Sostenible, dice que en Colombia, al igual que en Brasil, la problemática de deforestación y posteriores incendios obedece principalmente a factores como: la ampliación de la frontera agrícola, el acaparamiento de las tierras y la tala en áreas protegidas, resguardos indígenas y parques naturales. 

Explica que cuando se dan esos procesos de apropiación se registra esta problemática. Las personas tumban bosque que dejan en el suelo por unos 70 o 90 días y cuando llega la temporada más seca lo queman, generando los incendios que terminan también afectando a los árboles en pie.  

Aumentan focos de calor en el Amazonas

La preocupación no es menor. Datos del Instituto Amazónico de Investigaciones Científicas (Sinchi), indican que el 12% del territorio amazónico colombiano presenta una alta ocurrencia de incendios y los departamentos más impactados por esta situación son Putumayo, Guaviare y Caquetá, así como la parte sur de Vichada y Meta.

De acuerdo con una publicación realizada por el propio Instituto en la revista Colombia Amazónica, en las mencionadas áreas se registran más del 90% de los focos de calor durante el año y el 95% del área total de cicatrices de quema; es decir, los parches que indican que allí se presentó un incendio. 

Según el informe, en 2018 se registraron 38.950 focos de calor, lo que representó un aumento del 43%, pues un año atrás el dato fue de 22.327. Los análisis del Instituto también indican que la mayoría de zonas con anomalías térmicas, se ubicaron en la parte norte de la región; lo que está relacionado directamente con la expansión registrada por la frontera agrícola en los últimos años.Le puede interesar: El Meta se constituye en el departamento de la región Amazónica con la mayor densidad de focos de calor, pues allí se registraron el 59,2% de los mismos, seguido de Putumayo, Caquetá, Guaviare y Vichada.

El profesor Santiago Duque, coordinador del Grupo de Investigación en Limnología Amazónica de la Universidad Nacional, sede Amazonia, considera que los incendios en la Amazonia colombiana han causado grandes pérdidas en sus ecosistemas, en especial en el piedemonte amazónico, donde desde hace muchas décadas se viene dando una expansión de la frontera agrícola en Guaviare, Caquetá y Putumayo.

Un panorama muy diferente se vive en la Amazonia suroriental (Vaupés, Inírida y Amazonas), donde la densidad de la población es baja y una buena parte del uso del bosque es para actividades propias de pequeños asentamientos humanos, resguardos indígenas y parques nacionales naturales.

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Botero dice que se acerca una nueva temporada de calor y los incendios que se presentaron hace unos meses en la Amazonía colombiana pueden volverse a dar. Es de recordar que en los primeros meses de este año el Parque Nacional Chiribiquete afrontó uno de los incendios más fuertes de la región. 

Considera que en el país hay una economía que está privilegiando que se está incorporando en los bosques para realizar diferentes tipos de transformación ya sea agrícola o ganadera. Es enfático en afirmar que se que se está quemando el área de mayor biodiversidad del planeta y las personas deben tomar conciencia de eso, por eso hace un llamado a que cuando se presente la situación en Colombia haya la misma movilización que se ha generado por la emergencia ambiental que en este momento se presenta en Brasil. Esto puede suceder en uno o dos meses.  

Pérdida de biodiversidad en el Amazonas

Por su parte, Clara Solano, subdirectora de Investigación y Conservación de la Fundación Natura, considera que la Amazonia es un patrimonio global y que cualquier daño altera los ciclos climático e hidrológico y genera pérdida de la biodiversidad, que en muchas ocasiones es única en esta región. 

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A su juicio, proteger la Amazonia es un deber de todos pues desempeña un papel vital en la regulación del clima mundial y la prestación de otros servicios como la purificación del agua y la absorción de carbono. 

“No podemos hacernos los ciegos frente a lo que está sucediendo. Nuestro derecho es disfrutar de un ambiente sano y nuestro deber protegerlo y conservarlo”, concluye.

De esta forma, ante la realidad que se vive en Brasil el llamado es a que en Colombia también se empiece a darle la importancia que tienen estas áreas forestales, pues de ellas depende la salud del planeta y por ende de sus habitantes.