La crisis ocasionada por cuenta de la pandemia que afronta el mundo genera todo tipo de cuestionamientos, pero a la vez planteamientos de cómo esta difícil coyuntura puede revertirse en una oportunidad para un futuro mejor.

La pandemia nos ha dado una idea de cómo podría ser nuestro mundo si tomáramos los audaces pasos necesarios para frenar el cambio climático y la contaminación del aire. Nuestro aire y agua pueden ser más limpios, nuestras calles pueden ser más tranquilas y seguras, y podemos encontrar nuevas formas de trabajar mientras pasamos más tiempo con nuestras familias”, expresó Tedros Adhanom Gebreyesus, director general de la Organización Mundial de la Salud. 

Esta semana unos 40 millones de profesionales de la salud enviaron una carta a los líderes de cada una de las naciones del G20, pidiendo una recuperación saludable y verde cuando el mundo empiece a superar el coronavirus. Con el apoyo de estos trabajadores la OMS estableció un manifiesto de seis recomendaciones que podrían ayudar a que las futuras generaciones tengan la posibilidad de vivir en un mundo diferente. 

1. Proteger y preservar la fuente de la salud humana: la naturaleza

Según la OMS, las economías son producto de sociedades humanas saludables, que a su vez dependen del medio ambiente natural, la fuente original de todo el aire, agua y alimentos limpios. Sin embargo, indica que las presiones humanas, desde la deforestación, hasta las prácticas agrícolas intensivas y contaminantes y el manejo inseguro y el consumo de vida silvestre, socavan estos servicios. 

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Esto lleva a que se aumente el riesgo de enfermedades infecciosas emergentes en humanos, más del 60 por ciento de las cuales se originan en animales, principalmente, en la vida silvestre.

Los planes generales para la recuperación posterior a la covid-19, y específicamente los destinados a reducir el riesgo de futuras epidemias, deben ir más allá de la detección temprana y el control de los brotes de enfermedades, también necesitan disminuir nuestro impacto en el medio ambiente.

2. Invertir en servicios esenciales: desde agua y saneamiento hasta energía limpia 

Según la Organización Mundial de la Salud, es claro que en todo el mundo, miles de millones de personas carecen de acceso a los servicios más básicos que se requieren para proteger su salud, ya sea de covid-19 o de cualquier otro riesgo. Por ejemplo, las instalaciones de lavado de manos son esenciales para la prevención de la transmisión de enfermedades infecciosas, pero un 40 por ciento de los hogares no las tienen.

Los patógenos resistentes a los antimicrobianos están muy extendidos en el agua y los desechos, y se necesita un manejo adecuado para evitar la propagación a los humanos. 

En general, indica un informe publicado por Naciones Unidas, los riesgos ambientales y laborales evitables causan aproximadamente una cuarta parte de todas las muertes en el mundo. La inversión en entornos más saludables para la protección de la salud, la regulación ambiental y la garantía de que los sistemas de salud sean resistentes al clima, es una barrera esencial contra futuros desastres y ofrece algunos de los mejores beneficios para la sociedad.

Por ejemplo, cada dólar que se invirtió en el fortalecimiento de la Ley de Aire Limpio de los Estados Unidos ha devuelto 30 dólares en beneficio a los ciudadanos estadounidenses, a través de una mejor calidad del aire y una mejor salud, afirma.

3. Asegurar una transición energética rápida y saludable

Según la OMS, más de siete millones de personas al año mueren por exposición a la contaminación del aire, es decir, una de cada 8 las muertes en el mundo. De igual forma indica que más del 90 por ciento de las personas respiran aire exterior con niveles de contaminación que exceden los valores de referencia de calidad de aire. Dos tercios de esta exposición a este tipo de contaminación son el resultado de la quema de los mismos combustibles fósiles que impulsan el cambio climático.

Varios de los primeros países afectados como Italia y España, y los que tuvieron más éxito en el control de la enfermedad, como Corea del Sur y Nueva Zelanda, han puesto el desarrollo verde junto con la salud en el corazón de sus estrategias de recuperación de covid 19.

Para este organismo multilateral, una rápida transición global hacia la energía limpia no solo cumpliría con el objetivo del acuerdo climático de París de mantener el calentamiento por debajo de los 2°C, sino que también mejoraría la calidad del aire hasta el punto de que las ganancias de salud resultantes compensarían el costo de la inversión hasta dos veces.

El mercado Lo Valledor, principal mayorista de Chile, durante la pandemia de COVID-19. Foto: Max Valencia/FAO

4. Promover sistemas alimentarios saludables y sostenibles

Las enfermedades causadas por la falta de acceso a los alimentos o por el consumo de dietas poco saludables y altas en calorías son ahora la principal causa de problemas de salud a nivel mundial. También aumentan la vulnerabilidad a otros riesgos: afecciones como la obesidad y la diabetes se encuentran entre los principales factores de riesgo de enfermedad y muerte por covid-19.

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Señala la OMS que la destrucción de tierras para criar ganado contribuye aproximadamente con un cuarto de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero, y el cambio en el uso de la tierra es el principal impulsor ambiental de los nuevos brotes de enfermedades.

Por esta razón, se requiere llevar a cabo una transición rápida hacia dietas saludables, nutritivas y sostenibles. “Si el mundo pudiera cumplir con las pautas dietéticas marcadas por la Organización Mundial de la Salud, esto salvaría millones de vidas, reduciría el riesgo de enfermedades y reduciría en gran medida las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero”, asegura la Organización.

5. Construir ciudades saludables y habitables.

Más de la mitad de la población mundial vive en ciudades que son responsables de más del 60 por ciento de la actividad económica y las emisiones de gases de efecto invernadero. Según ONU Noticias, como las urbes tienen densidades de población relativamente altas y están saturadas de tráfico, muchos viajes se pueden realizar de manera más eficiente en transporte público, a pie y en bicicleta, que en automóviles privados.

Esto trae importantes beneficios para la salud al reducir la contaminación del aire, las lesiones causadas por el tránsito y las más de tres millones de muertes anuales por inactividad física.

Muchas de las ciudades más grandes y dinámicas del mundo, como Milán, París y Londres, han reaccionado a la crisis del coronavirus al peatonalizar las calles y expandir las ciclovías de forma masiva, lo que permite el transporte con distancia física durante la crisis y ha mejorado actividad económica y calidad de vida.

6. Dejar de usar el dinero público para financiar la contaminación

Dice la OMS que a nivel mundial, se gastan aproximadamente 400.000 millones de dólares cada año del dinero de los contribuyentes para subsidiar directamente los combustibles fósiles que están impulsando el cambio climático y causando contaminación del aire.

Además, los costos privados y sociales generados por la salud y otros impactos de dicha contaminación generalmente no están incluidos en el precio de los combustibles y la energía. 

Poner un precio a los combustibles contaminantes en línea con el daño que causan reduciría aproximadamente a la mitad las muertes por contaminación del aire exterior, disminuiría las emisiones de gases de efecto invernadero en más de un cuarto y aumentaría aproximadamente el 4 por ciento del PIB mundial en ingresos. Deberíamos dejar de pagar la factura de la contaminación, tanto a través de nuestros bolsillos como de nuestros pulmones.

“A medida que algunos países comienzan a reabrir sus sociedades y economías, la pregunta que debemos responder es si volveremos a ser como eran las cosas o si aprenderemos las lecciones que la pandemia nos está enseñando sobre nuestra relación con el planeta. Reconstruir mejor significa reconstruir de manera más ecológica”, concluye el director de la Organización Mundial de la Salud.