En la cuenca del río Bogotá, un territorio de 580.000 hectáreas conformado por zonas de 46 municipios de Cundinamarca y la capital del país, la naturaleza impone su fuerza a pesar de los impactos diarios que recibe el afluente más importante de la sabana por parte de sus habitantes.

Según el último ajuste del Plan de Ordenación y Manejo de la Cuenca Hidrográfica del río Bogotá (POMCA), hay registros de por lo menos 542 especies de fauna en el territorio, un ramillete que incluye 322 especies de aves, 76 de mamíferos, 66 de reptiles, 55 de anfibios y 23 de peces, algunos únicos de esta parte del planeta.

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En Bogotá, donde el río sagrado de los muiscas recibe su mayor golpe contaminante, los 15 humedales declarados son pequeños reservorios de biodiversidad donde hacen presencia más de 150 especies de aves, ocho de mamíferos y gran cantidad de insectos. Sin embargo, algunos de estos animales padecen por el rechazo ciudadano al no ser considerados como carismáticos.

El humedal Córdoba en Suba es considerado como uno de los lugares más biodiversos en Bogotá. Foto: Nicolás Acevedo Ortiz.

Tal es el caso de la zarigüeya, la culebra sabanera y el cucarrón de mayo, tres especies que, a pesar de ser inofensivas y fundamentales para el equilibrio de los ecosistemas, reciben los impactos de la ciudadanía como ataques, envenenamientos y embestidas que terminan en la muerte. 

Por eso la Secretaría Distrital de Ambiente (SDA) lidera una serie de campañas de sensibilización para que la población conozca el rol que cumplen estos animales y no siga ocasionando daños a la fauna local.

La autoridad ambiental busca sensibilizar a la ciudadanía sobre el ciudado de la fauna. Fotos: Parque Jaime Duque, Silvia Rojas y SDA.

Confundida con un roedor

La zarigüeya (Didelphis marsupialis), también conocida como chucha, runcho o fara, es un mamífero omnívoro que habita cerca de ríos, humedales, basureros, zonas verdes y viviendas. Es un marsupial pariente de canguros y koalas que es confundido con un roedor, mito que genera el repudio de muchos ciudadanos.

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Según la Secretaría de Ambiente, este animal no es agresivo ni representa el más mínimo peligro para el ser humano. “La zarigüeya es sumisa, no tiene comportamientos agresivos y no genera ningún tipo de peligro a los seres humanos. Además cumple el rol de dispersar semillas y regular los ecosistemas”.

La zarigüeya es víctima de atropellamientos, ataques de perros y golpes del ser humano. Fotos: Silvia Rojas.

Sin embargo, este mamífero de pelaje grueso y largo, con una coloración que varía entre el negro y el gris, frecuentemente es víctima de atropellamientos y sufre ataques físicos por personas que lo confunden con roedores. “Para defenderse, las zarigüeyas o chuchas se hacen pasar por muertas y emiten un olor muy desagradable”, anota la entidad. 

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Este marsupial tiene la cabeza blanquecina, nariz rosada y orejas grandes y negras. Su tamaño varía según la edad: los más jóvenes alcanzan 65 centímetros de longitud, mientras que en la edad adulta llegan a los 84 centímetros. 

La especie se alimenta de frutas maduras, vegetales, hojas, néctar, flores, invertebrados y pequeños vertebrados. Además, la mayoría de sus actividades la realiza de noche. Hace parte de la familia Didelphidae, que incluye 19 géneros y 95 especies reconocidas a nivel mundial. En Colombia se pueden encontrar 38 especies en total, dos de ellas de los géneros Didelphis: marsupialis y pernigra”, dice la SDA. 

Por redes sociales, la entidad busca que la ciudadanía aprenda a cuidar la zarigüeya. Fuente: SDA.

Llega con la lluvia

El cucarrón de mayo,  también llamado chisa, es una especie voladora y univoltina, es decir que tiene un único ciclo vital corto a lo largo del año. Su nombre se debe a que sólo aparece en los periodos lluviosos, principalmente en el segundo trimestre, entre marzo y mayo. 

En Bogotá es posible apreciar una gran cantidad de estos insectos volando, forrajeando y apareándose en humedales, parques, jardines, potreros y otras áreas con pastizales. “Su ciclo de vida es corto y viven pocas semanas”, informó la autoridad ambiental bogotana.

El cucarrón de mayo sólo vive en épocas de lluvia. Fotos: SDA.

Durante la temporada de lluvias, los adultos emergen del suelo y aparecen abundantemente en los territorios de la sabana de Bogotá. Sus larvas son conocidas con una palabra adoptada por la lengua castellana a partir del idioma muisca: los indígenas llamaban chisas a las larvas de los escarabajos o cucarrones. 

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Los cucarrones de mayo son animales silvestres. Las larvas se alimentan de materia orgánica, raíces y tubérculos, mientras que los adultos obtienen el alimento del follaje de las plantas. 

“Aunque la especie se expandió rápidamente en la zona urbana de la ciudad, debido al desarrollo urbano son cada vez se ven menos en las áreas verdes. Este cucarrón es inofensivo y tiene hábitos nocturnos, por lo que suelen ser atraídos por las luces eléctricas”, informó la entidad.

Este cucarrón tiene un ciclo de vida corto. Es un insecto fundamental para los ecosistemas. Fuente: SDA.

Esta especie es de suma importancia para los ecosistemas, ya que facilita la descomposición de materia orgánica, tanto de plantas como de animales, aportando al reciclaje de nutrientes en los suelos; también ayuda a la polinización de las plantas y dispersión de semillas.

“Aunque no se encuentra en ninguna categoría de amenaza en Colombia, sus poblaciones son controladas por los agricultores debido a los daños que generan en los cultivos de interés económico. Asimismo, en el entorno de la ciudad se ha visto afectado por la expansión de la frontera urbana”, apuntó la SDA.

No es venenosa

La culebra sabanera es una especie endémica del altiplano cundiboyacense que habita en sitios con alturas entre los 2.000 y 3.200 metros sobre el nivel del mar. Es uno de los animales con mayores registros en la sabana de Bogotá y zonas urbanas y rurales.

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Abunda en lugares húmedos y cerca de cuerpos de agua como humedales, potreros, quebradas y pastizales. También es habitual encontrarla debajo de las piedras, estructuras de concreto, escombros y material vegetal acumulado y en descomposición.

La culebra sabanera no es venenosa y ataca a los seres humanos. Fotos: Parque Jaime Duque.

Este reptil crece hasta los 40 centímetros de longitud. Algunas sabaneras son de color marrón y otras tienen un cuerpo con tonos negro, amarillo, gris, rojo, ocre o naranja. Se alimenta de insectos como grillos, cucarachas, gusanos, moscas y arañas, y cuenta con la característica de excavar y moverse lentamente.

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“Esta especie no es venenosa. Es inofensiva, no causa ningún tipo de daño a los humanos y es de gran importancia ecológica en los ecosistemas. Sin embargo, es constantemente atacada por el desconocimiento de las personas, quienes la ven como una amenaza”, menciona la SDA.   

Ante esto, la Secretaría de Ambiente adelanta jornadas de capacitación y campañas de sensibilización ciudadana para trabajar en torno a la protección y conservación de la culebra sabanera.  

 La culebra sabanera es un reptil que habita en los humedales bogotanos. Foto: Parque Jaime Duque.

“En la Semana Ambiental de junio, más de 100 personas participaron en diversas charlas sobre la especie, niños, jóvenes y adultos que ahora cuentan con los conocimientos necesarios para reconocer, cuidar y conservar a través del tiempo este espécimen que habita en nuestra ciudad”, dijo la SDA.

La entidad hace un llamado a la ciudadanía para que reporte la presencia de estos tres animales a las líneas de atención 318 7125560, 318 8277733 o 317 4276828. “El equipo de fauna silvestre se encuentra disponible para atender todas las situaciones que involucren animales silvestres en Bogotá”.

Este es un contenido periodístico de la Alianza Grupo Río Bogotá: un proyecto social y ambiental de la Fundación Coca-Cola, el Banco de Bogotá del Grupo Aval, el consorcio PTAR Salitre y la Fundación SEMANA para posicionar en la agenda nacional la importancia y potencial de la cuenca del río Bogotá y  sensibilizar a los ciudadanos en torno a la recuperación y cuidado del río más importante de la sabana.