“Durante diez minutos debemos estar muy silenciosos. Vendrá a nosotros sólo si no nos movemos ni hacemos ruido”.

La orden que da, en voz baja, el ornitólogo César Arredondo es traducida al inglés y luego al chino. Obediente, un grupo de fotógrafos chinos se sienta a esperar detrás de trípodes y cámaras que, por su tamaño, más parecen telescopios instalados en medio de un bosque húmedo.

De repente, aparece un destello de color naranja eléctrico. Un ave pequeña, con cresta en forma de media luna y tamaño de un cuervo, se posa sobre una rama y un instante después desvanece: es el gallito de la roca guyanés (Rupicola rupicola), una escurridiza especie que solo habita en los países de la cuenca amazónica de Sudamérica.

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Los lentes giran velozmente, intentando enfocarlo entre el denso matorral. Aunque el silencio es absoluto, el nerviosismo de sus dueños es palpable.

“No se muevan por favor que él vuelve. Quédense muy quietos”, les suplica Arredondo.

Zhuang Qiang, 55 años, espera en un claro del bosque a que reaparezca el gallito. Foto: Andrés Bermúdez Liévano.

Unos minutos después, el gallito reaparece en la escena y se acomoda sobre una rama frente a ellos. Una ráfaga de obturadores se desata en el bosque, como el tamborileo de un ejército de máquinas de escribir tecleando furiosamente al tiempo.

Durante más de una hora, esta usualmente huidiza ave salta de árbol en árbol, exhibiéndose con fotogenia y posando para sus cámaras Canon de último modelo. Les está ‘dando percha’, en el lenguaje de los observadores de aves.

Medio mundo por un ave


“Invertimos mucho dinero y tiempo en venir hasta aquí, incluyendo un vuelo de 18 horas e incontables horas de carretera. Todo este esfuerzo nos trajo hasta aquí y se pagó en el momento en que lo vimos”, cuenta con emoción Liu Yi, una fotógrafa aficionada de 54 años de Jinan, vestida de la cabeza a los pies en camuflado militar azulado. Hasta el teleobjetivo de su cámara está forrado con un patrón camuflado de hojas marrones.

Desde hace 23 días, ella y otros cinco entusiastas chinos vienen recorriendo media Colombia, en un tour especializado de avistamiento de aves que comenzó en Bogotá y los llevó por siete departamentos colombianos en busca de aves como el colibrí picoespada y la tangara multicolor.

Su periplo terminó en este bosque del Guaviare, una exuberante región donde las selvas de la Amazonia colombiana se encuentran con las extensas llanuras en las faldas de los Andes.

El turismo chino a Colombia se ha multiplicado por cuatro desde el inicio del proceso de paz en 2012. Foto: Andrés Bermúdez Liévano


Aunque en el camino han hallado más de un centenar de aves distintas, su objetivo central era uno: las dos especies existentes de gallito de la roca.

“Es como si nos hubiera estado esperando”, dice Ling Zi Chuan, un diseñador gráfico de 43 años de Xian, mientras pasa revista a los cientos de imágenes que le tomó en todas las posturas posibles.

Esta vez tuvieron suerte: hace dos semanas, cuando visitaron una finca en las cercanías del Parque Nacional Farallones de Cali, no pudieron inmortalizar al gallito de la roca andino (Rupicola peruvianus).

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En medio de la llovizna alcanzaron a avistar la otra especie de gallito de lejos, pero nunca estuvieron en posición de siquiera sacarle una foto.

En Guaviare, en la tranquilidad de su lek –o sitio de cortejo- un macho se pavoneó orgulloso en medio del diminuto ring de boxeo que limpian para pelearse con otras aves y atraer a las hembras, de plumaje menos vistoso color café.

El gallito no fue su único hallazgo en Guaviare. En una laguna, vieron a una pava hedionda -o hoatzin- dándole comida en la boca a sus dos polluelos. En la copa de un árbol vecino divisaron el sedoso plumaje de la cotinga frutera.

En un humedal se toparon con un grupo de buitres de ciénaga, con su chirrido estridente como el de un burro. Uno tras otro, vieron al torito coronado, al águila caracolera, la esbelta garzita del sol y al veloz jamacar orejiblanco.

Biodiversidad inigualable, oportunidades sin precedentes

Con 1.912 especies de aves, Colombia es un paraíso para los fanáticos de las aves. Pero a pesar de ser el país con más aves en el mundo y de tener una gran diversidad de paisajes y ecosistemas, hasta ahora está dando los primeros pasos en el rentable mercado turístico del avistamiento de aves.