El estudio ‘El estado de los bosques del mundo’ dice que una ciudad necesita de los bosques urbanos para estar sana. Este término aplica a redes o sistemas que comprenden todos los arbolados (rodales), grupos de árboles y árboles individuales ubicados en las áreas urbanas y periurbanas.

El documento de la FAO dice que los planificadores encargados de diseñar las ciudades y paisajes del futuro no pueden prescindir de los bosques urbanos, “ya que son elementos que eliminan la contaminación, brindan sombra y proporcionan numerosos beneficios para la salud. Esta vegetación es fundamental para el bienestar de los habitantes de cualquier ciudad. Los bosques urbanos y espacios verdes están asociados a reducciones de la obesidad infantil y a la disminución de delitos, lo que subraya su vinculación con las múltiples metas de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible”.

La Organización reveló que en vista del incremento de la urbanización y el cambio climático, el diseño, planificación y gestión de estos espacios de bosque deberían integrarse en la planificación urbana en una etapa temprana.

Foto: León Darío Peláez/Semana.

“La función de los bosques urbanos tendría que estar reflejada en las políticas de adaptación al cambio climático y mitigación de sus efectos. Cada vez se reconoce en mayor medida los beneficios que aporta a la salud el acceso con fines recreativos a los bosques, en particular los urbanos. Sirven de ejemplos la práctica del baño de bosque en Japón y la República de Corea, basada en los efectos beneficiosos que la estancia en los bosques tiene para la salud física y mental”.

Bosque urbano, objetivo de desarrollo

La Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible contiene 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), con 169 metas y 230 indicadores. El ODS 11 tiene como fin lograr que las ciudades y los asentamientos humanos sean inclusivos, seguros, resilientes y sostenibles, en donde encaja a la perfección el término de bosque urbano.

Según el estudio de la FAO, las ciudades ocupan menos del 3 por ciento de la superficie terrestre mundial, pero aportan 78 por ciento de las emisiones de carbono, consumen 60 por ciento del uso de agua residencial y utilizan 76 por ciento de la madera con fines industriales. “En 2016, más del 54 por ciento de la población mundial vivía en ciudades, cifra que en 2030 podría alcanzar 60 por ciento. Una de cada tres personas vivirá en ciudades de 500.000 habitantes como mínimo”.

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La urbanización acelerada mundial, sumada al cambio climático, amenaza la capacidad de las ciudades de satisfacer las necesidades de sus habitantes. Por eso, la FAO considera que si los

bosques urbanos y periurbanos del mundo son planificados y gestionados de manera adecuada, éstos pueden realizar una contribución valiosa para cumplir con el objetivo de desarrollo de lograr ciudades sostenibles, además de brindar bienestar a los habitantes de las urbes. “Su diseño, planificación y gestión deberían integrarse plenamente en la planificación urbana, además de inyectar suficientes recursos financieros para su aplicación y seguimiento”.

El programa informático i-Tree Eco, creado por el Servicio Forestal de los Estados Unidos, cuenta con instrumentos para cuantificar los beneficios de los bosques urbanos. Los usuarios solo deben recopilar e introducir información de la especie, diámetro y estado de salud del árbol, y el programa  proporciona estimaciones sobre los beneficios y el valor monetario asociado. Entre las ciudades que más hacen uso de este programa están Auckland, Barcelona, Beijing, Estrasburgo, Londres, Los Ángeles, Medellín, Melbourne, Ciudad de México, Múnich, Nueva York, Oporto, Roma, Santiago, Seúl, Singapur, Tokio, Toronto, Varsovia y Zurich.

Patrimonio natural y cultural

La FAO considera que las autoridades públicas, sector privado y sociedad civil deberían fomentar la preservación y mantenimiento de los bosques urbanos en los lugares del patrimonio cultural. “Estos ecosistemas pueden contribuir a la protección de este patrimonio, avivando así el sentimiento de pertenencia de las comunidades, proporcionando entornos para las actividades recreativas y físicas, aumentando la estética del ambiente circundante, inspirando la expresión artística y fomentando el turismo local”.

Foto: Guillermo Torres/Semana

Los bosques urbanos albergan una rica biodiversidad y pueden contener restos de anteriores ecosistemas naturales. En los Países Bajos los espacios abiertos de Amsterdam tienen más de 200.000 árboles que crean paisajes interconectados con una sobrecarga de biodiversidad, como 140 especies de aves, 34 de mamíferos, 60 de peces y seis de ranas y salamandras.

El Parque Nacional de Tijuca, ubicado en Río de Janeiro, sirve de espejo sobre la importancia de conservar áreas urbanas protegidas. Mide 4.000 hectáreas y alberga paisajes cariocas declarados patrimonio mundial por la UNESCO. Aunque su bosque ha sido afectado por la deforestación, proliferación de especies exóticas y presión de la expansión urbana, varias medidas han sido exitosas, como la reforestación con árboles nativos, infraestructuras recreativas y recuperación de la fauna silvestre.

Visión colombiana

Elsa Matilde Escobar, Directora de la Fundación Natura, comparte los aportes de la FAO. Para ella, las áreas urbanas son centros de riqueza, población e infraestructura, consideradas por algunos como las primeras en responder al cambio climático y que cumplen un rol fundamental para la mitigación y adaptación a este fenómeno.

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“El cambio climático ejerce una profunda tensión sobre los entornos urbanos, debido a que éstos son especialmente sensibles a las oleadas de calor, sequías y modificaciones en la frecuencia y magnitud de las inundaciones repentinas, lo que tiene una directa relación con la salud humana. Estos fenómenos meteorológicos son una seria amenaza para las ciudades, pobladores e infraestructura, lo que conlleva a pensar que tomar medidas acertadas de adaptación y cambiar la forma en que son abordadas estas problemáticas, es fundamental para pensar en ciudades amigables, adaptadas y resilientes”.

Según Escobar, una medida importante para mitigar los efectos de eventos climáticos extremos en las ciudades es la consolidación de estos bosques urbanos y periurbanos, que complementen el arbolado de las urbes. “Esto se constituye en una solución basada en la naturaleza y no solo en infraestructura. Entre los beneficios de estos bosques están la reducción de la temperatura y contaminantes, absorción de carbón, efectos energéticos en las construcciones, mitigación de emisión de compuestos orgánicos volátiles, conservación del agua, reducción de la erosión y aumento de la biodiversidad. Además, aumentan la conciencia ecológica e identidad con la comunidad, disminuyen la violencia y mejoran la salud mental y física”.

La Directora de Natura puntualiza que los bosques urbanos deben estar entre las prioridades de la planificación urbana, “es decir menos gastos en infraestructura y más inversión en la naturaleza. Alcanzar el bienestar humano es imposible si está aislado de la naturaleza. Muchos de los componentes de bienestar solo podemos alcanzarlos por medio de los servicios de los bosques urbanos”.

*Este es un producto periodístico de la Gran Alianza contra la Deforestación. Una iniciativa de Semana, el MADS y el Gobierno de Noruega que promueve el interés y seguimiento de la opinión pública nacional y local sobre la problemática de la deforestación y las acciones para controlarla y disminuirla.