Justo cuando el país lo necesitaba más, se hundió en Colombia el proyecto de ley que buscaba prohibir los plásticos de un solo uso.

Sin contar con los efectos de la pandemia, el país consumió el año pasado 1,4 millones de toneladas de plástico, de los cuales solo recicló el 20 por ciento. Unas 770.000 toneladas corresponden a un uso corto, como empaques y envases. Y de esa cantidad, por lo menos 38.500 toneladas tienen que ver con elementos de un solo uso, como bolsas, platos, vasos y cubiertos desechables, además de pitillos.

En un gran contraste, el Gobierno alemán anunció que pondrá fin a la venta de este tipo de materiales a partir del 3 de julio de 2021. Colombia tiene previsto hacerlo en 2030, cuando el Gobierno abriga la esperanza de que el país esté en capacidad de prevenir los impactos negativos de los residuos de plásticos y microplásticos sobre todos los ecosistemas.

Para ello, el Ejecutivo expedirá el próximo año un proyecto de ley para sustituir gradualmente mezcladores, soportes plásticos para las bombas de inflar, pitillos para las bebidas, copitos de algodón o hisopos flexibles con punta de algodón.

Juan Carlos Losada, autor del proyecto hundido en esta legislatura, cree que ese plan del Gobierno se queda corto. Dice que los productos que incluye no se compadecen con los materiales plásticos de un solo uso que consume el país, como bolsas, platos, vasos y cubiertos desechables, entre otros, que generan grandes volúmenes de desechos. Y agrega, de paso, que volverá a presentar su propuesta en la próxima legislatura, pues considera urgentes las normas que prohíban y controlen el uso de estos materiales.

Todo ello en medio de un panorama que se ha agravado con el coronavirus, ya que nadie contaba con que el mundo viera en lo desechable una manera de evitar el contagio. “Por la pandemia todo se volvió desechable, el riesgo es que ahora el planeta se llene de productos de este tipo”, dijo Silvia Gómez, directora de Greenpeace Colombia.

Tapabocas, guantes, polainas y elementos quirúrgicos desechables ya generan alarma. En el país no hay cifras oficiales de cuánto pudo crecer su uso. Pero al menos se requiere una buena disposición para evitar que, como otro tipo de desechables, vayan a parar a los mares y ecosistemas naturales. Cosa que muestran las redes sociales, llenas de imágenes aterradoras de miles de estos artículos flotando en ríos y en el mar.


Productos plásticos de un solo uso, como bolsas y desechables, pueden tardar hasta 400 años en descomponerse, causando graves perjuicios al medioambiente. 

Gómez dice que cada año una persona utiliza 24 kilos de materiales desechables, de los cuales el 56 por ciento corresponde a artículos de un solo uso.

“Es lamentable porque esos plásticos pueden durar hasta 400 años para descomponerse, con las consecuencias que esto trae para los diferentes ecosistemas”, explica. Así las cosas, en 75 años de vida una persona bien puede generar 1,8 toneladas de residuos plásticos, que van en contra del medioambiente y del planeta, según Gómez.

Daniel Mitchell, presidente de Acoplásticos, confirmó que la pandemia cambió los patrones de consumo en Colombia. Por un lado, aumentó la demanda de plásticos de un solo uso para la salud. Y, por otro, dado que el consumo de los restaurantes pasó a los hogares, creció el uso de bolsas de residuos en la vivienda, de empaques para proteger y alargar la vida de alimentos y bebidas, y también de los envases de productos de aseo.

En Colombia una persona consume 24 kilos de plástico al año. Así las cosas, en 75 años de vida bien puede generar 1,8 toneladas de residuos plásticos.

Pero también disminuyó el uso de cubiertos, platos y vasos de plástico, consumidos generalmente en tiendas, plazoletas de comida, cafeterías y restaurantes, hoy cerrados por el confinamiento.

La conciencia ciudadana venía cambiando al igual que los patrones de consumo. En departamentos como Boyacá, Valle y Antioquia, y los municipios de Itagüí, Santa Rosa de Cabal, Guatapé y Urrao, ya estaba prohibido el uso de plásticos en las compras institucionales.

De igual manera, algunas universidades decidieron librar sus campus de estos materiales. Es el caso de la CES de Medellín y la Universidad de Antioquia.

Asimismo, el Ministerio de Ambiente prohibió en los parques nacionales con vocación ecoturística el uso de bolsas plásticas, envases, empaques y recipientes, botellas personales plásticas, vasos, platos, bandejas, cubiertos, cuchillos, hisopos flexibles con puntas de algodón, entre otros elementos de un solo uso. Esa norma entró en vigencia en abril de este año.

Pero a la directora de Greenpeace Colombia le parece insuficiente la medida, sobre todo en las actuales circunstancias sanitarias. Dice, por ejemplo, que muchas grandes superficies y comercios siguen usando empaques plásticos para frutas y verduras frescas, sin que esto sea necesario. Existen casos denunciados en redes de supermercados que ofrecen unidades de bananos sin cáscara empacados en plástico y bandeja desechable, al igual que tajadas de una mandarina, entre otros.

Para los ambientalistas, la contaminación con plásticos junto con el cambio climático son uno de los problemas más graves que tiene el planeta. Cada año llegan a mares y océanos cerca de 12 millones de toneladas de residuos plásticos, el equivalente a 1.200 veces la torre Eiffel, según Greenpeace. Ese dato debería generar conciencia sobre las consecuencias que esto tiene para las generaciones futuras, más allá de las exigencias del momento actual.