Frente a las afectaciones derivadas del coronavirus y su potencial origen en poblaciones de murciélagos, se han despertado múltiples inquietudes sobre este grupo de maravillosos organismos, que han llevado a algunos radicales a la destrucción de sus refugios naturales, generando preocupación en el mundo de la conservación.  

Si bien es cierto que los murciélagos han sido identificados como reservorios de virus que han afectado duramente a los humanos, como el coronavirus causante del Síndrome Respiratorio Agudo (SARS) en 2002; siguen siendo muchos más los beneficios que como humanos derivamos de los murciélagos, que sus afectaciones. Es muy importante cambiar nuestra visión sobre los murciélagos pues, y más allá de todo, estos organismos son sin duda los principales aliados en nuestra lucha contra las pandemias.

Con más de 1.000 especies, los murciélagos son el segundo grupo más diverso y ampliamente distribuido entre los mamíferos. Gracias al vuelo han logrado acceder a todos los biomas del planeta con excepción de los polos, estableciendo intrincadas relaciones con un sin número de especies de fauna y flora.

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En el tejido vital, los murciélagos cumplen un papel importante controlando el flujo de materia y energía en los ecosistemas y promoviendo procesos tan claves como la polinización, segundo proceso más importante para el mantenimiento de la vida en la tierra después de la fotosíntesis; también son responsables de la dispersión de las semillas, literalmente sembrando selvas y bosques a lo largo del planeta; y lo más importante en términos de lucha contra las zoonosis, son reguladores naturales de poblaciones de insectos transmisores de virus como el dengue, zika y chikungunya.

Y es justamente por la amplitud de su rango alimenticio de especies animales, que la evolución ha premiado a los murciélagos con uno de los sistemas inmunes más elaborados en el mundo animal, por lo que virus y parásitos que vienen de otros organismos que consumen y que les podrían hacer daño, no afectan a estos superhéroes de la naturaleza, permitiéndoles vivir en colonias de millones de individuos, sin transmitirse enfermedades entre sí. Los murciélagos conocen mejor que nosotros cómo responder a virus y parásitos, es el regalo que les dio la naturaleza.

Los problemas que hemos visto de saltos de virus hospedados en murciélagos a humanos ocurren en respuesta a la afectación humana sobre los sistemas naturales a todas las escales, desde la construcción de ciudades en áreas antes naturales y en equilibrio, hasta la cacería para su consumo en Asia y África, con lo que hemos forzado transmisiones indeseadas que hubiesen podido ser evitadas con simples manejos.

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¿Hasta cuándo vamos a destruir la naturaleza como si fuera nuestra enemiga? cuándo invertiremos más en entender la evolución de los murciélagos, pues en ella están muchas de las más importantes respuestas para mejorar nuestro sistema inmune y para controlar cambios indeseados en los mecanismos de transmisión de virus que han demostrado que pueden comprometer nuestra existencia en el planeta. La naturaleza nos regaló en cada especie una enciclopedia, un manual con los secretos para el manejo del planeta; si nosotros, al mejor estilo de los habitantes del oscurantismo, salimos a destruir las enciclopedias, nos quedaremos sin respuestas. Lo inteligente  es investigar y aprender sobre la biología de otros organismos que comparten pedazos de nuestra historia evolutiva y nuestra identidad como seres vivos en este planeta de todos.