La historia de la Tierra es una historia de cambio, en ocasiones gradual e imperceptible y en otras súbito y estremecedor. Y es que, han sido una serie de fuerzas impulsoras de cambio las que han dado forma al planeta que hoy conocemos. Uno vivo.

En sus orígenes la Tierra era mucho más cálida que en la actualidad, semi-incandescente, con una atmósfera rica en dióxido de carbono (CO2) y pobre en oxígeno. Poco a poco la temperatura fue descendiendo, gracias a enormes precipitaciones que resultaron en la formación de los océanos primitivos, donde hace unos 4.000 millones de años apareció la primera célula. Muy pronto, pequeñas algas fotosintéticas cargaron la atmósfera con oxígeno al absorber enormes cantidades de CO2. Ese proceso cambió por completo la apariencia de la Tierra y potenció como ningún otro la diversificación de la vida.

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Las temperaturas y el clima jamás han permanecido estáticos. Variaciones en la órbita terrestre, fluctuaciones en la cantidad de radiación solar, períodos de intensa actividad volcánica y tectónica, y el impacto de asteroides, desencadenaron transformaciones profundas en el clima del planeta. Este fenómeno, conocido como cambio climático, ha ocurrido varias veces. En algunas ocasiones lentamente, brindando a las especies el tiempo suficiente para adaptarse a las nuevas condiciones, mientras que en otras de forma abrupta, resultando en extinciones masivas.

Hoy, la Tierra atraviesa un nuevo evento de cambio climático, debido al aumento acelerado en la concentración de gases de efecto invernadero en la atmósfera, principalmente CO2. De forma natural, estos gases cumplen una función crucial manteniendo el calor de la Tierra, evitando su congelamiento. Sin embargo, cuando su concentración sobrepasa cierto umbral, ocurre un calentamiento excesivo que resulta en una alteración climática. En esta oportunidad, no es el estallido de los volcanes o los fenómenos astronómicos el responsable, sino más bien la actividad frenética de una sola especie.

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Con una economía lineal basada en combustibles fósiles, hemos despertado de un largo sueño a un enemigo que en otros tiempos ha demostrado ser implacable. Desde la Revolución Industrial, la concentración de CO2 en la atmósfera se ha incrementado en un 40% y la temperatura media del planeta se ha elevado en 1°C. Este aumento, que puede parecer insignificante, está transformando nuestro mundo.

Los polos y glaciares se están derritiendo y el nivel del mar está aumentando. Los patrones de precipitación cambian, produciendo sequías e inundaciones extremas más frecuentes. Especies y ecosistemas enteros están desapareciendo. Este es el resultado de nuestras decisiones, la de seres autodenominados inteligentes. Esta es nuestra realidad, adaptarnos a ella y estabilizar el clima es el mayor desafío de nuestra era. La pregunta es: ¿lo estamos asumiendo?