No está de más reconocer que su elección como nuevo presidente ha llegado en una época de profundos cambios socioambientales y económicos. La firma del acuerdo de paz en noviembre de 2016 trazó unas metas que, independientemente de si se está o no de acuerdo con la totalidad del texto firmado, a nivel social y ambiental son positivas y sobre todo, necesarias.

Colombia es el tercer país más desigual de América Latina, según el Banco Mundial. El posacuerdo es una oportunidad para comenzar a cerrar brechas con una mirada integral que articule instituciones y brinde soluciones reales y duraderas. Llegó la hora de que en Colombia los sectores público y privado realmente trabajen mancomunadamente, pero esencialmente se empiece a ver a la nación como un todo, donde lo económico, lo social y lo ambiental caminen hacia el mismo lado.

Si bien el gobierno saliente deja avances, los retos siguen siendo enormes. Es el momento de implementar, de llevar a la acción leyes, normas y decretos que han estado durante años reposando en los escritorios. El aumento de las áreas protegidas no puede ser la única estrategia de conservación, sobre todo si la institucionalidad sigue siendo tan débil para protegerlas realmente. Una muestra de ello son las más de 5.000 hectáreas deforestadas en el Parque Nacional Tinigua.

Nada de esto, sin embargo, se logra solo desde las entidades gubernamentales y la empresa privada. Las comunidades deben ser tenidas en cuenta en este momento coyuntural. Son ellas quienes conocen realmente su territorio y pueden desarrollar estrategias acordes con las necesidades de lo local. La tradicional visión paternalista no solo malinterpreta muchas veces las realidades regionales, sino que genera poco compromiso.

Es muy importante ahondar en un mecanismo que ha sido menospreciado como las consultas populares, y fortalecer la coherencia entre las propuestas que nacen en Bogotá y la realidad local implica que todas las entidades y actores que confluyen en un territorio tengan la misma orientación. Señor presidente, la paz sostenible y duradera solo puede ser posible si comunidades, medioambiente, empresarios, industrias, organizaciones no gubernamentales, agencias de cooperación y sociedad civil se reúnen en la misma mesa y planean en conjunto un enfoque de desarrollo que vaya más allá de los sectores tradicionales, y busque en la innovación y la creatividad nuevas rutas que pongan a Colombia a la vanguardia de las economías mundiales. Donde, además, las mujeres tengan mayor participación y ante todo poder en los procesos de toma de decisiones.

En este sentido, Colombia necesita una visión a largo plazo, construir una identidad como nación que marque la hoja de ruta para saber a qué le vamos a apostar: ¿al medioambiente, al talento de su gente, a la agricultura, a ser los mejores en qué? ¿Cuál es nuestra visión de país entendiendo las riquezas que tenemos? Esa es la pregunta que debemos contestar.