Según la Organización Mundial de la Salud, se llama pandemia a la propagación mundial de una nueva enfermedad. Y allí esta: el coronavirus, la última pandemia que la humanidad ha vivido y la primera que muchas generaciones han experimentado.

A lo largo de la historia hemos escuchado sobre algunas pandemias como la viruela, el sarampión, la gripe española, el cólera y el HIV, entre otras, las cuales han cobrado muchas vidas, sin omitir el pánico y la desorganización económica y social que estas han conllevado.

La sensación de que existe una enfermedad que es altamente contagiosa y que puede ocasionar la muerte de nuestros seres más queridos, despierta enormes temores en nuestro colectivo.

Adicionalmente, las cifras y aproximaciones estadísticas de investigadores, médicos y expertos en infecciones y pandemias que nos indican que, en solo seis meses, miles de personas en todo el mundo podrían morir, se convierte en un factor que aumenta nuestro temor e incertidumbre.

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Es esencial intentar comprender la función que tiene el miedo en la existencia de la humanidad. El miedo es una emoción primaria y presente en todas las culturas. Es la forma como nuestro sistema de alarma reacciona ante la presencia de un inminente peligro y nos ayuda a protegernos de este.

Haidy Sánchez

La ansiedad es una sensación de intranquilidad que está muy relacionada con los sentimientos de incertidumbre y sensación de perder el control de los acontecimientos de la vida.

El coronavirus por su alto nivel de contagio, su rapidez al expandirse y sus síntomas como fiebre, tos, dificultad respiratoria, neumonía y dolor en los músculos se convierte en una enfermedad alarmante y que por ser nueva no hay información de evidencias acerca de una vacuna o su cura para que las personas puedan sentir tranquilidad sobre la situación.

Simultáneamente existe una inmensa incertidumbre y una saturación de información sobre esta enfermedad; el impacto estructural sobre la vida de millones de personas es palpable. El coronavirus define la agenda global, vemos cómo perdemos el control económico y social.

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Desde el ámbito de la salud mental, vemos cómo esta pandemia ha ocasionado una profunda tensión colectiva. Vemos día a día cómo el miedo y el pánico se reflejan en las redes sociales, y en la vida cotidiana. Compras compulsivas para almacenar en casa por si lo peor llegara a suceder, hipocondria, pérdida del sueño, frustración, aburrimiento, desinformación, estrés, cambios de comportamientos, paranoia, depresión y mucha intranquilidad son síntomas que hemos podido vivenciar en las últimas semanas a nivel mundial.

Es de suprema importancia reflexionar sobre la vulnerabilidad psicosocial que ha ocasionado esta pandemia. Que tal vez por primera vez en décadas podemos ponernos casi todos al mismo nivel de impotencia y desesperanza, cuando vemos que los efectos de la salud mental no diferencian clase social. Ya que la pandemia agudiza las situaciones en que viven las poblaciones de más alta vulnerabilidad, pero también pone en gran angustia a las personas que están en condiciones socioeconómicas más favorables. Todos estamos ante una profunda preocupación, al no saber cómo afrontar la situación y ante las consecuencias económicas que podrían afectar nuestro núcleo familiar y nuestra calidad de vida.

El egoísmo y la codicia son los mejores ingredientes para que una situación crítica se convierta en una tragedia humana con terribles consecuencias. Nuestras fichas claves en el manejo de las pandemias son: la racionalidad y la tranquilidad; protegernos del pánico y pensar todo el tiempo de manera inteligente, solidaria y colectiva. Las acciones colectivas han demostrado ser supremamente importantes para controlar las pandemias. El tomar cada uno de nosotros su responsabilidad en esta lucha común y global no nos salva de la vulnerabilidad humana, pero sí nos ayuda a construir protección colectiva y a retornar poco a poco a la tranquilidad en medio del caos.