Es la primera vez que tomo conciencia de ser dueña de cada instante que respiro. Quizás por sufrir de una reciente alergia asmática generada por la contaminación del aire capitalino y el aumento del material particulado, producto de incendios provocados en las selvas amazónicas. Los criminales que siguen quemando y talando bosques en total impunidad, ni se inmutan ante la evidente función conectora de los vientos, afectando la calidad del aire que entra a los pulmones.  

Vivimos una extraña sensación que obliga a repensar la infinidad de rutinas que se suman de día y de noche, dos estadios del tiempo, inmodificables en el trópico. El programa de marzo quedó trunco, cancelado el Festival de Cine de Cartagena FICCI, cancelado el viaje a Mompox para protocolizar la donación de cerámicas precolombinas chimila al Museo Regional de Santa Ana, cancelada la asamblea del edificio, cancelado el regreso a Bogotá. En un nuevo calendario, aprendo a amar el sol al atardecer y el ruido agreste de las olas del mar, a sonreírle a cada ave que vuela libremente cerca de mi balcón.

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El "bicho" nos está transformando rápidamente para apreciar mejor cada ser, cada momento y resistir para poder sobrevivir como especie. La cuarentena nos hace dueñas del tiempo, mientras se espera saber cómo será el ajuste de un nuevo orden mundial, que se acerca irreversible. Llega la era de repensar el consumo, el uso de las tecnologías, de revisar los hábitos más íntimos, de entender, entre líneas, las señales que envía el universo. 

Todo ha sido tan súbito, de una semana a otra, que del toque de queda cartagenero pasamos directo a la cuarentena. En este proceso de ajuste, entre el calor del mediodía, la gente paseando a su perro, las calles vacías, pensamientos van y vienen, se detienen en el aquí y en el ahora. Irrumpen el silencio, las noticias, los escenarios alarmantes y las conversaciones digitales que nos permiten compartir incertidumbres con voces amigas. 

Imágenes y recuerdos

Quedan los recuerdos y videos del último viaje lejano realizado en febrero de 2020. Las imágenes están presentes en medio del cielo azul y el mar infinito. Caras sonrientes de mujeres con sus coronas de flores y hombres tatuados que nos recibieron con cantos y danzas en las islas Marquesas. Fenua Enata, el nombre original de un lejano archipiélago del Pacífico, al noroeste de la Polinesia Francesa. En la ruta del crucero de carga Aranui, pudimos acercarnos, a mediados de febrero, a esa cultura del mar y del cielo estrellado, que aún me hace vibrar. Un mes después de este crucero maravilloso, sucede lo impensable. Hoy con gusto comparto esos gratos momentos de un viaje al archipiélago ecuatorial en el corazón de Oceanía, que quizás nunca más volveré a ver.

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De regreso al Caribe, el reto en las próximas semanas, es organizar el tiempo personal para un confinamiento creativo, para ejercitar la observación, el desapego de rutinas, de fanfarronadas. Vaya oportunidad para ser dueña del tiempo, pensar en el interés colectivo, en la naturaleza tan maltratada por la urbanización, por las desigualdades territoriales, por el uso exagerado de combustibles fósiles, por la contaminación de aguas, aire, suelos. La economía de mercado llega a umbrales nunca esperados. Como nos decía el maestro historiador exjesuita, Augusto Ángel Maya, la cultura, entendida como una estrategia adaptativa al medio, debe permitir adaptarnos a un ambiente hostil dominado por un bicho, o simplemente, desaparecemos. No es un cuento de ciencia ficción, es la realidad. 

En el encierro creativo, el balcón o una gran ventana permiten hacer ejercicios útiles.  El avistamiento de aves, en compañía de un apasionado “pajarero” entrenado, con sus Guías de Aves (1,2) es un tiempo precioso. Jesús María López, un huésped amigo, logró identificar en dos días, 19 especies de aves que cruzan el litoral de Crespo. Menciono sus nombres comunes ( no sus nombre latinos): fragata magnifica, garza real, gallinazo negro, guala sabanera, becasina común, playero aliblanco, gaviotín picudo, paloma doméstica, bichofue, golondrina aliblanca, azulejo común, mariamulata, chamón caribeño, chamón común, golondrina aliblanca, vencejo culiblanco, pelicano pardo, pelicano blanco. Este primer avistamiento es un abrebocas para seguir con la tarea de observación durante la cuarentena. 

Estas aves viajan por la nueva línea litoral, desde la isla de Tierra Bomba hacia la Ciénaga de la Virgen y los manglares de la Boquilla. Han tenido que adaptarse a las obras de infraestructura que han modificado su hábitat, como el "Malecón de Crespo". Esta inversión de mitigación al cambio climático en Cartagena, realizada por la Agencia Nacional de Infraestructura (ANI), modificó el comportamiento de muchas especies marinas y costeras. La nueva ruta de aves endémicas y migratorias, en un espacio público modificado por siete espolones, playas nuevas, tramo de túnel y parque lineal, eran necesarios para evitar que el mar Caribe devorara al barrio de Crespo. En su nueva línea de costa, cerca al aeropuerto, las aves, se adaptan a las obras de ingeniería. 

Así pues, durante el toque de queda, cuando la agenda de marzo quedó anulada, soy dueña del tiempo. La cuarentena se transforma en oportunidad  de producir el primer listado de aves litorales en esta temporada de sequía extrema. Es posible que ese avistamiento aumente durante el periodo de lluvias que se avecina en abril y mayo. El litoral recibirá el agua del cielo después de un intenso verano, inundando áreas que atraen más aves. Los sobrevivientes mangles plateados y Zaragoza, los almendros, cauchos, ceibas y palmeras decrépitas por la sequía, estarán reviviendo, como nosotros, después de la larga cuarentena. 

Bienvenidas lluvias después de una prolongada sequía que tiene al parque lineal en su mínima expresión. No sabemos cómo reaccionará el virus ante las lluvias torrenciales y si competirá con otros bichos que transmiten el dengue y la malaria. Lo más importante es apoyar al alcalde Dau y su gabinete con los más necesitados que son miles y miles, de trabajadores informales, que viven del día a día y que no están produciendo. 

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Hoy, dueña privilegiada de mi tiempo, me siento libre, como las aves, de poder reflexionar sobre cómo adaptarnos a una nueva cultura, a una nueva economía sin tantas diferencias, cuando lleguen los temporales y el bicho salga espantado.  

Estamos todos a prueba. Las lluvias de abril beneficiarán la recuperación de la flora y de la fauna que ha sido pisoteada, quemada y espantada. Mientras tanto, la emergencia sanitaria de la ciudad y su limitada capacidad de respuesta están poniendo a prueba la corrupción que se enquistó durante tantas administraciones pasadas. 

Volvamos al avistamiento de aves. Los binóculos, cámara de fotos y guías estimulan el ejercicio.

  1. ProAves. Miles McMullan, Alfonso Quevedo, Thomas M. Donegan. Guía de campo de las Aves de Colombia. 2011
  2. Asociación Colombiana de Ornitología ACO y Sociedad Antioqueña de Ornitología SAO, Steven L. Hilty, William L Brown. Aves de Colombia. 2009