América Latina y el Caribe se ubica como una de las regiones con mayor diversidad de ecosistemas en el mundo. Alberga a 12 de los 14 biomas terrestres, cerca de 190 ecorregiones terrestres, 96 ecorregiones de agua dulce y 44 ecorregiones marinas. Colombia (junto a Brasil y México) es uno de los países con mayor diversidad de ecorregiones terrestres y de agua dulce. 

No obstante, la región también tiene altos grados de degradación de las áreas naturales, a los cuales se suman los varios desafíos políticos, sociales y económicos. Si a esto, agregamos la crisis alimentaria y los impactos del covid-19, el escenario se complejiza aún más.

En este marco, el diálogo de alto nivel para abordar los desafíos de las áreas protegidas hacia el 2030, realizado a fines de enero de este año, busca avanzar hacia acuerdos y generar recomendaciones para abordar como región este escenario de urgencia global.

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El trabajo de hace algunas semanas va en seguimiento a lo acordado en el marco del III Congreso de Áreas Protegidas de América Latina y el Caribe, realizado el 2019, que reunió a más de 3100 personas de 58 países, pertenecientes a los sistemas de áreas protegidas, la sociedad civil, pueblos indígenas, comunidades locales, academia, agencias de cooperación y sector privado. 

El trabajo colaborativo generado en esas instancias se refrenda en la Declaración de Lima sobre área protegidas, que es un llamado a la acción, entre 33 países, para reconectar las dimensiones de la naturaleza, de la economía y de la sociedad, a través de la protección de los parques y de las áreas protegidas en la región.

El documento, invita a conectar de manera más consistente la relación de la economía con las áreas naturales, redoblando esfuerzos con los sectores productivos y financieros para lograr un mayor reconocimiento de las áreas protegidas como espacios que proveen servicios ambientales. 

Como FAO, no solo nos sumamos a la declaración, sino que reiteramos nuestro compromiso por continuar impulsando la integración de la biodiversidad en los sectores productivos, agrícola, forestal, pesquero y ganadero.

También, promovemos la conservación y la incorporación del enfoque de manejo integrado del paisaje, y el desarrollo de actividades productivas sustentables, fomentando la conectividad entre los ecosistemas y contribuyendo al bienestar humano dentro y fuera de las áreas protegidas. 

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Esto en el marco de nuestro trabajo con la Red Latinoamericana de Cooperación Técnica en Parques Nacionales, otras Áreas Protegidas, Flora y Fauna Silvestres (REDPARQUES).

Asimismo, la FAO, en colaboración con el Convenio sobre la Diversidad Biológica y otros socios, está encabezando la Plataforma para la integración de la biodiversidad, con el fin de facilitar procesos para la conservación, utilización sostenible, gestión y restauración de la biodiversidad. 

Su objetivo, es garantizar la adopción de buenas prácticas en los distintos sectores agrícolas y el intercambio de ideas a nivel nacional, regional e internacional.

En definitiva, la FAO seguirá buscando diferentes espacios de diálogo que favorezcan la integración efectiva de la biodiversidad con los sectores productivos, promoviendo a su vez la implementación de diferentes directrices voluntarias en relación al uso sostenible y acceso a los recursos naturales, en el contexto de la seguridad alimentaria y la erradicación de la pobreza, en paisajes que incluyen áreas protegidas y conservadas.