Un buen presidente debe tener una visión clara de país y sobre todo, la capacidad de materializarla. Dentro de esa visión, un buen presidente debe entender, algo que no es negociable: toda la sociedad colombiana depende del medioambiente.

Es algo irrefutable. Todos respiramos y todos tomamos agua, todos comemos alimentos que se cultivan en nuestros suelos y adicionalmente, la mayoría de los productos que consumimos usaron recursos naturales renovables en alguna parte de su cadena de suministro.

La persona que nos vaya a liderar debe entender que, una buena gestión del medioambiente hace que todos los colombianos tengamos una mejor calidad de vida, seamos más competitivos, más viables a futuro y más justos.  

Lo anterior no significa que nuestro nuevo presidente o presidenta deba ser un ambientalista recalcitrante. Por el contrario, debe ser una persona balanceada que tome decisiones con base en información que refleje la verdadera importancia del medio natural sobre la sociedad colombiana y que haga del tema ambiental un tema transversal en la agenda pública.

Sin embargo, es importante tener en cuenta que un presidente toma decisiones no solo con base en información técnica. El poder y la realidad política del país influyen sobre qué hacer y cómo hacerlo y desafortunadamente en Colombia lo ambiental no es un tema muy político, pero sí muy politiquero. Es justo eso lo que convierte al medioambiente en un asunto  profundamente problemático, porque el debate se da sobre argumentos calenturientos que le apuntan a generar noticia y no a solucionar problemas.

Pero tampoco se trata de tirarle la pelota al gobierno. Para que lo ambiental se administre mejor y aporte cada vez más a la sociedad en general, todos los colombianos debemos ser políticos frente a este tema, esto quiere decir que en la práctica debemos entender que el medioambiente no es un tema exclusivo de los ambientalistas.

En el caso de las ciudades la calidad del aire, el manejo de los residuos, el ruido, la disponibilidad del agua en el largo plazo y la seguridad alimentaria, son temas sobre los que nos debemos preguntar frecuentemente e ir más allá, preguntarnos cuál es la visión de las personas que tienen a su cargo las decisiones en estas materias.

En lo rural, lo ambiental es más vivencial, ya que la gente depende directamente de la calidad de su entorno natural, especialmente la gente pobre. Para los pobres rurales, lo que no se cultiva se compra con un ingreso muy limitado. Si la tierra no está bien, o hay plagas o inundaciones o sequías, el ingreso de las familias se ve severamente afectado, agudizando su situación de pobreza.

La elección de 2018 será un reto para todos los colombianos en la medida en que la guerra y las Farc dejan de ser determinantes electorales y la sociedad colombiana podrá pensar en cosas diferentes. Este es el momento en que lo ambiental debe tomar el lugar que le corresponde dentro de la agenda pública nacional.

Así las cosas, independientemente de su filiación política, es fundamental que usted conozca la agenda ambiental de su candidato. Una vez lo haga, analice si está de acuerdo con lo que propone o no y hágalo tratando de entender cómo lo que él o ella propone, lo afecta a usted, a su familia, a sus amigos y a su actividad económica. Si no está de acuerdo, exija y hágale saber a su candidato, por qué debe o no hacer modificaciones a su programa ambiental.

El futuro de los colombianos depende de la calidad del medioambiente y por esta razón, nosotros, los electores, debemos entender que en las próximas votaciones definiremos muchas temas tan importantes como el manejo que queremos darle al agua que tomamos y al aire que respiramos.

*Ingeniero ambiental y sanitario y Magister en Economía y Administración Ambiental de la Universidad de York.

Twitter: @JuanPabloRoRo