Durante siglos, la humanidad tuvo la visión generalizada de que nuestros mares eran infinitos, inagotables, imperturbables, capaces de reponer todo lo que sacáramos de ellos y de recibir todo lo que le echáramos. A finales del siglo XIX, el destacado científico británico Thomas H. Huxley afirmaba que: “Creo que la pesquería del bacalao (… ) y probablemente todas las grandes pesquerías marinas son inagotables; es decir, nada de lo que hagamos afecta seriamente el número de peces. Y cualquier intento de regular estas pesquerías parece no tener sentido”. 

Para la década de 1980, la humanidad despertó a la realidad. Las grandes pesquerías del mundo, incluida la del bacalao, estaban colapsando. A comienzos de este siglo, solo un 32 por ciento de ellas son capaces de soportar una pesca sostenible. El resto está sobreexplotado y sus poblaciones estan desapareciendo.

En Colombia el panorama no es diferente. Se captura hoy en día una tercera parte de lo que se capturaba hace 30 años, y para lograrlo se debe invertir hoy, en promedio, casi tres veces más tiempo que el que se necesitaba hace tres décadas. Hoy en día, el mercado nacional de pescado se basa principalmente en la importación del producto desde otros países. Por una tonelada de pescado capturada en los mares colombianos se importan cuatro. La señales son inequívocas: las pesquerías se están agotando.

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Miles de personas que vivían de estos recursos han visto disminuir sus ingresos o han migrado a otras actividades. Un urgente cambio es requerido y, ciertamente, las cosas no cambian haciendo lo mismo.

Un agente de cambio fundamental en este proceso es el mercado. A partir de las compras que comercios y consumidores realizan, el mercado influencia qué, cuándo y cómo se pesca en el país. Cada vez que un consumidor paga por su pescado tiene el poder de aceptar o rechazar el producto que le ofrecen, su tamaño o la forma, época y lugar donde se pescó. Con estas decisiones el consumidor puede ayudar a detener el deterioro de las pesquerías.

Existen muchas fuentes de información que asesoran al consumidor y lo convierten en un consumidor informado y concientizado1. Al mismo tiempo, las empresas pueden seguir estándares de comercialización responsable de pescado que proveen los criterios y guías que aseguran que su actividad comercial participa en el cambio hacia pesquerías responsablemente manejadas.

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Varios empresarios del país ya han hecho su aporte a este proceso, asociándose a estándares como el de MarViva2, que integran criterios de responsabilidad ambiental y social en la comercialización del pescado. Productos comercializados bajo estas certificaciones son periódicamete evaluados para constatar que cumplen con dichos criterios y que su consumo no contribuye al deterioro de las pesquerías del país.

Todo consumidor consciente de la crisis que atraviesan las pesquerías puede ayudar a disminuirla, consumiendo productos certificados en comercios y restaurantes que se han adscrito a este proceso. El poder de cambiar la forma como se han hecho las cosas está en manos del consumidor, que es al final quien mantiene el mercado.

*Director general Fundación MarViva

1. https://marviva.net/sites/default/files/documentos/guia_pesca_y_consumo_final_dic12_alta.pdf

2. http://marviva.net/sites/default/files/documentos/estandar_de_responsabilidad_ambiental_para_la_comercializacion_de_pescado_de_mar.pdf