Contó, como antecedente científico, con el informe más reciente del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC), el cual revela que limitar el calentamiento global a 1.5°C requerirá cambios rápidos de largo alcance y sin precedentes en todos los aspectos de la vida social. Este documento muestra que el planeta ya está viendo las consecuencias del calentamiento global de 1°C, entre otras,  el clima más extremo, el aumento del nivel del mar y la disminución del hielo marino del Ártico.

En particular, esta COP estuvo enmarcada en la más grande conmoción emocional y espiritual de la población mundial, en particular de su juventud, que frente a los dolorosos e impactantes incendios forestales en el Amazonas, ha expresado de múltiples formas su indignación frente a los daños ambientales. 

El informe del IPCC también revela que tenemos menos tiempo del que inicialmente se pensó, solo una década, para limitar el calentamiento global a 1.5°C, más allá del cual, incluso medio grado, empeorará significativamente el riesgo de sequías, inundaciones, calor extremo y pobreza para cientos de millones de personas.

A partir de estos alarmantes datos científicos y de esta descarga de emociones de la sociedad civil que exigen reducción de emisiones y protección de los bosques tropicales, la comunidad internacional tienen el deber de incluir estos temas en sus agendas gubernamentales, nacionales y locales. Lo mismo se espera de los empresarios responsables, que han de comprender que lo finito del planeta va de la mano con la sostenibilidad de sus modos de extracción, producción y mercadeo.

La Iniciativa Interreligiosa para los Bosques Tropicales, IRI-Colombia, está ejecutando el programa en la región amazónica colombiana, entiende que estamos en un punto de inflexión crítico para nuestro planeta, que requiere de la profundización de los enfoques conceptuales, éticos, religiosos y espirituales, para afianzar la acción de todos frente al cumplimiento de los compromisos adquiridos por Colombia en diversos escenarios para la preservación del medio ambiente. 

Es necesario que los países se propongan metas más altas por cuanto se refiere a la mitigación de los efectos devastadores del cambio climático y la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero. En particular, el gobierno de Colombia, si bien espera cumplir con la reducción del 30 por ciento de la deforestación de sus bosques tropicales, ha de superar este propósito, considerando que en nuestro país contamos con las soluciones naturales más importantes que existen para reducir el cambio climático, que son las selvas y bosques tropicales.

Selvas y bosques son una de las soluciones seguras, comprobadas y naturales que existen para la captura y almacenamiento de carbono, por lo que, la deforestación es un determinante fundamental frente a las emisiones de gases de efecto invernadero que causan el cambio climático. Cuando los bosques se talan y los árboles se queman o se descomponen, el carbono almacenado en ellos se libera a la atmósfera. Es por eso que la deforestación tropical que en este mismo momento se está desarrollando, genera una contribución anual a las emisiones mayor que la de toda la Unión Europea.

Para alcanzar significativas reducciones de la deforestación, se requieren políticas de protección, reforestación, restauración y regeneración de los bosques. Las investigaciones científicas sumadas a las que surgen de los saberes de los pueblos indígenas y campesinos que llegan a comprender la gravedad de la situación, sugieren que la gestión sostenible de los bosques podría ofrecer hasta un tercio de las reducciones de emisiones necesarias para cumplir nuestros objetivos climáticos. En este sentido son destacables las propuestas de los pequeños y medianos campesinos-ganaderos de las regiones ya deforestadas donde interviene IRI, de recuperar el 40 por ciento de los bosques en sus parcelas y de aportar parte de sus tierras para construir viveros de especies nativas que estén a disposición de la restauración de bosques.

El Papa Francisco en su Encíclica Laudato Si’ llamo invitó a los gobiernos del mundo a considerar que “países poseedores de una legislación clara para la protección de bosques siguen siendo testigos mudos de la frecuente violación de estas leyes. Además, lo que sucede en una región ejerce, directa o indirectamente, influencias en las demás regiones. Así, por ejemplo, el consumo de narcóticos en las sociedades opulentas provoca una constante y creciente demanda de productos originados en regiones empobrecidas, donde se corrompen conductas, se destruyen vidas y se termina degradando el ambiente” (n. 142).

En la misma línea, la Iniciativa Interreligiosa también quiere llamar la atención de las autoridades territoriales responsables del cuidado del ambiente para que hagan cumplir la legislación vigente, y eviten que se sigan en marcha los grandes motores de la deforestación, como la ganadería extensiva, la acumulación rentista y de poder de tierras, la minería ilegal y criminal, y los cultivos de uso ilícito. 

Queremos resaltar y poner al servicio de los planes de desarrollo gubernamentales los resultados alcanzados por IRI Colombia en su labor de formación de las comunidades, contando para ello con los aportes y saberes de los pueblos indígenas, generan impactos y saltos éticos en las conciencias de los distintos actores de esta problemática, que los llevan a asumir compromisos de cambio y a generar propuestas productivas alternativas no maderables con los productos del bosques.  

Los bosques son una regalo invaluable que encontramos en la creación. Es hora de ponerlos en el centro de la estrategia climática.