El cambio climático es el reto más importante que continuará enfrentando la humanidad en los próximos años. La evidencia científica relaciona como principal causa de este fenómeno la masiva emisión a la atmósfera de gases de efecto invernadero (GEI), principalmente dióxido de carbono. Al igual que las emisiones generadas por el sector transporte, los procesos de deforestación y degradación forestal representan aproximadamente el 11 % de todas las emisiones generadas a nivel global, lo cual posiciona a las actividades de deforestación y degradación forestal como segundo sector generador de emisiones, y luego el sector de energía. 

Si bien Colombia no genera un aporte significativo en materia de emisiones de GEI en comparación con otros países (entre el 0,42 % y el 0,57 % del total mundial), es importante recalcar que a nivel nacional el 33 % de los GEI provienen de la deforestación. Así mismo, las condiciones de posconflicto han significado el retorno de actividades económicas a zonas previamente inaccesibles con importantes coberturas boscosas, razón por la cual debemos centrar su acción en ese frente de batalla.

Desde el Gobierno nacional hemos participado de las grandes apuestas internacionales en respuesta al cambio climático, resaltando su compromiso en el Protocolo de Kioto y del Acuerdo de París. Como parte de estos compromisos internacionales, surgen dos mecanismos importantes que le apuestan a la reducción de emisiones de GEI como uno de los elementos centrales en las estrategias nacionales: el mercado de carbono y las contribuciones nacionalmente determinadas (NDC, por su sigla en inglés).

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El primero se concibe como un sistema que considera la generación o reducción de emisiones como un bien canjeable en el que, a partir de la oferta y la demanda, se determina un precio. A su vez, permite generar los incentivos económicos para que empresas y gobiernos no solo generen un impacto ambiental positivo, sino que también integren dentro de su modelo de negocio los impactos ambientales y sociales del carbono, como punto de partida para marcar la pauta hacia inversiones altamente rentables y sostenibles en el futuro. El segundo se entiende como los planes nacionales que establecen las acciones, políticas y objetivos con el fin de cuantificar las emisiones de GEI y establecer una ruta que corresponda a estas condiciones.

Teniendo en cuenta que cerca del 54 % del territorio nacional está constituido por bosques, Colombia se proyecta como un lugar estratégico para el aprovechamiento de los mercados de carbono no solo para disminuir sus emisiones, sino como una despensa de captura de carbono para todo el mundo.

De esta manera, se debe fomentar un sistema complementario no solo a través del fortalecimiento de mercados de carbono, sino también de la implementación de iniciativas bajo REDD+. Las iniciativas REDD+ buscan reducir las emisiones asociadas a la deforestación mediante la protección de bosques ya existentes, generando créditos de carbono que luego son parte del mercado de carbono. La apuesta es, entonces, complementar ambos sistemas de manera que se impulse la innovación en la inversión sostenible como estrategia de reactivación económica en Colombia.

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Colombia es un país de gran biodiversidad y es momento de optimizar esta realidad. Es imperativo entender e implementar los instrumentos de mercados de carbono como mecanismos que pueden fortalecer el crecimiento económico y ser la llave de la reactivación económica para generar una nueva realidad orientada a la sostenibilidad.

El Gobierno nacional y el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible le apuestan al fortalecimiento de los mercados de carbono como una oportunidad estratégica para fomentar el desarrollo sostenible y la inversión nacional y extranjera en Colombia.

Para esto es necesario impulsar las siguientes líneas de acción: 1) una actualización normativa consolida la maduración de los mercados de carbono; 2) promover la conservación del carbono almacenado en el suelo de los páramos y los ecosistemas costeros; 3) reducción a deforestación cero; iv) reconvertir nuestra ganadería hacia sistemas sostenibles, y 4) avanzar en la transición energética hacia las Fuentes No Convencionales de Energía Renovable. Así, buscamos lograr una transición que capitalice los procesos de producción, innovación tecnológica y desarrollo sostenible para lograr un mejor país y consolidarnos como referente a nivel mundial.