El reporte contrasta los impactos de un calentamiento global de 1,5 °C frente a uno de 2 °C, revela posibles trayectorias para limitar el calentamiento a 1,5 °C, y proporciona opciones para fortalecer la respuesta global al cambio climático.

El mensaje central es uno de oportunidad y urgencia: estamos aún a tiempo de tomar las medidas necesarias para prevenir el aumento de la temperatura para evitar que se afecte de manera dramática la calidad de vida de los seres humanos; sin embargo, las medidas tienen que quintuplicarse y ser tan ambiciosas como seamos capaces de proponer.

La buena noticia es que en su gran mayoría las tecnologías necesarias para dar el salto ya existen y tienen sentido no solamente por evitar el incremento dramático en las temperaturas medias del planeta, sino también porque cortan costos de producción, disminuyen la contaminación y su impacto sobre la salud, y protegen paisajes. En otras palabras, son medidas gana-gana.

El informe demuestra con mayor grado de certeza que los innegables avances logrados en el Acuerdo de París, a pesar de establecer niveles de voluntad política nunca antes vistos en el escenario internacional, no logran la ambición necesaria.

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Aunque el Acuerdo tiene como objetivo prevenir el calentamiento global muy por debajo de los 2 °C con respecto a niveles preindustriales, el agregado de las contribuciones a las que se comprometieron los países implicaría un aumento de la temperatura media de 2,6 – 3,1 °C para el año 2100, muy por encima de los niveles seguros de interferencia con el sistema climático y poniendo en riesgo inaceptable a los sistemas naturales y humanos.

Con base en los resultados de más de 6000 artículos científicos, el IPCC revela que el planeta ya se ha calentado más de 1 °C en comparación con la era preindustrial y que es altamente probable que el incremento de la temperatura alcance el límite de 1,5 °C entre los años 2030 y 2052 si las emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEI) continúan incrementando al ritmo actual.

El contraste de los impactos entre un escenario de 1,5 °C frente a uno de 2 °C demuestra la urgencia de ajustar los objetivos y aumentar la ambición de los compromisos climáticos globales.

El IPCC no sólo expone consecuencias drásticamente distintas bajo estos dos escenarios, sino que los riesgos de un escenario de 2 °C son mayores de lo que se creía anteriormente.

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Por ejemplo, mientras que para un aumento de 1,5 °C el riesgo de inundaciones en el mundo aumentaría en un 100%, bajo el escenario de los 2 °C este riesgo sería del 170%. Para el año 2100, el escenario de los 1,5 °C proyecta la desaparición del 80% de los arrecifes de coral en el mundo, comparado con la pérdida total de estos ecosistemas si el calentamiento global llega a los 2 °C.

La mayor preocupación yace en el impacto que el calentamiento global tiene sobre la calidad de vida de miles de millones de personas alrededor del mundo. En un escenario de 2 °C habría nuevas crisis humanitarias por la pérdida de rendimiento en cultivos en zonas tropicales, incrementaría la severidad de los desastres naturales, del aumento del nivel del mar, de la pérdida de biodiversidad y sus servicios ecosistémicos asociados.

A pesar de la complejidad del problema, el reporte señala que aún estamos a tiempo para detener la catástrofe. Para esto se necesitan acciones rápidas y de largo alcance de parte de los gobiernos, las industrias y los individuos.

Se requiere una reducción de emisiones de GEI contundente y redirigir esfuerzos financieros para facilitar la transición. Las inversiones en tecnologías bajas en carbono y eficiencia energética deberán incrementarse por un factor de cinco para 2050, en comparación con los niveles de 2015.

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A su vez, las emisiones de GEI deben alcanzar un nivel neto de cero para 2050, momento para el cual se busca que el entre el 70% y el 85% de la electricidad producida a nivel mundial provenga de fuentes renovables.

Cambios en el comportamiento asociados al consumo, dietas basadas en los productos vegetales, políticas de fijación del precio del carbono, y estrategias de reducción de emisiones de GEI en los sectores agrícolas y de silvicultura y de transporte también cumplen un papel predominante para no sobrepasar el umbral de los 1,5 °C.

Aunque este es un objetivo sumamente ambicioso, el conocimiento y gran parte de la tecnología necesaria para lograr esta transición ya existen y los científicos concluyen que es técnicamente viable.

De ello depende nuestra capacidad de florecer como especie. Esperamos que la buena oportunidad del nuevo Plan Nacional de Desarrollo sea aprovechada al máximo para poner a Colombia y todos sus sistemas productivos en la senda adecuada para lograr cumplir este objetivo.

*Esta columna es una creación colectiva del equipo de Transforma. Participaron como co-autores: Carolina Urrutia, Isabel Cavelier, Juan Jose Guzmán, Lina Puerto, Mariana Loboguerrero y Martin Ramírez.