La biodiversidad de nuestro país ha sido reconocida como una de las mayores en el mundo. Colombia con orgullo ostenta el primer lugar en número de especies de palmas, orquídeas, aves y murciélagos. En Colombia existen más especies de plantas de aquellas que se podrían contar en el continente africano y la vida aquí tiene manifestaciones que únicamente pueden ser encontradas en los límites de territorio nacional.

Toda esta maravillosa expresión de vida ha sido posible gracias a la selección natural, proceso que describió el gran pensador Chales Darwin, en el cual la diversidad de los ambientes de nuestras regiones naturales ofrece escenarios contrastantes que seleccionan características distintas, en diferentes poblaciones de plantas y animales, todo en procura de responder a los retos que plantea la dura tarea de sobrevivir.

En estos días maravillosamente, la investigación paleontológica nacional nos dio la oportunidad de dar un vistazo al pasado y nos recordó que la diversidad que vemos en el hoy es frágil y que hubo un momento en que esos mismos ambientes fueron colonizados por organismos que ya no están. Científicos de la Universidad del Rosario encontraron la mandíbula y algunos huesos de lo que fue un pterodáctilo, grupo de reptiles voladores muy diverso, que conquistaron los aires hace 135 millones de años en el Jurásico y Cretáceo coexistiendo con los dinosaurios. La diversidad de estos reptiles voladores llegó a sumar más de cien especies, que nos recuerdan que ser grande y poderoso, viendo al mundo y las otras formas de vida como pequeños puntos confinados en sus lugares en la tierra, no es una garantía de supervivencia, y solo da un momentáneo sabor de ególatra éxito.

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Si los pterodáctilos fueran revividos, como lo planteaba la película de ficción: Parque Jurásico, es decir, si volviéramos a tener lagartos capaces de volar, qué análisis harían de la situación de pandemia actual? A dónde irían? Qué lugar de Colombia les gustaría conocer? Algunos volarían en sus grupos familiares a las playas del Caribe que reproducen el ambiente natural donde estos voraces reptiles, encontraban sus presas en las playas poco profundas, sumergiéndose en picada desde los cielos como lo hacen los pelícanos del hoy.

Tal vez algún otro pterodáctilo advertiría que moverse en estos tiempos de pandemia tiene implicaciones riesgosas, y visitar diferentes ambientes usando el poder de las alas, convertiría ese turismo reptiliano, en turismo de aventura. Algún otro lagarto volador anotaría, que ese es un problema de la humanidad y que ellos como reptiles son intocados por este virus. Tal vez otro más cauto, diría que movilizarse en una situación que no se entiende completamente, no es propio de vertebrados pensantes, independente de su lugar en la escala evolutiva.

Yo no sé qué hay en la mente de un lagarto volador y aun estamos lejos de replicar saurios jurásicos, pero sí se celebra que, muy a pesar de las dificultades que existen en nuestro país para posicionar la ciencia, en Colombia aún haya científicos tratando de hacer de la razón el camino.