El hambre como fenómeno multicausal tiene distintas formas de ser medida. Existen diferentes metodologías que resultan de la combinación de variables económicas, sociales y desarrollo. La FAO se encarga de calcular y reportar cada año la Prevalencia de Subalimentación (Pou) en el mundo, este indicador alimenta toda información de lo que se conoce como el mapa del hambre a nivel internacional. Esta herramienta corresponde a una estimación del porcentaje de personas cuyo consumo habitual de alimentos es tan poco que no pueden obtener la energía alimentaria suficiente para llevar una vida normal, activa y saludable, es decir el porcentaje de personas del total de la población que sufren hambre.

De acuerdo con esta metodología, expresada en el informe conocido como SOFI, en Colombia cerca de 3,2 millones de colombianos padecen hambre. Esto quiere decir, un 6,5 % de su población para el trienio 2015-2017. Sin embargo este problema tiene un rostro y contrario a lo que se piensa, estas cifras son alentadoras debido a que en los últimos diez años se vienen reduciendo gracias a distintos programas de desarrollo. Hoy por hoy, Colombia está de pie frente a una de las mayores oportunidades a lo largo de su historia, salir del mapa internacional del hambre siendo un país afectado por años de violencia y conflicto.

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En el actual escenario nacional, la superación del hambre se hace muy posible si todos los esfuerzos nacionales se focalizaren en programas orientados en una  doble vía, es decir que por un lado se trabajen al mismo tiempo en garantizar en todo momento, la disponibilidad, el acceso y el consumo de alimentos variados, nutritivos, saludables y culturalmente aceptados. Adicional a esto es importantísimo contar con una visión estratégica que proteja el medioambiente con alimentos biodiversos y en gran medida que disminuyan la huella de carbono, esto tiene un impacto invaluable sobre las dinámicas del sistema agroalimentario nacional, la permanencia en el campo y productividad y riqueza del país.

Salir del mapa del hambre personifica que menos colombianos padezcan hambre física, significa que el país garantiza y reconoce la existencia del derecho humano a la alimentación. A nivel regional, Brasil representa un ejemplo de superación del hambre por su trabajo en la consolidación de una política nacional de seguridad alimentaria y nutricional, que tuvo como foco programas de inversión social, infraestructura, desarrollo del campo y el acceso permanente a servicios básicos de salud y permanencia en la educación en distintos niveles a través de la alimentación escolar. La combinación de estas intervenciones resultó en la superación del hambre y reducción de la prevalencia de subalimentación en el año 2014.

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Colombia ha asumido el compromiso de trabajar en pro de alcanzar las metas ODS, uno de estos objetivos supone que a 2030 ningún colombiano padezca hambre. El logro de estas metas requiere que se priorice experiencias exitosas en sus planes de gobierno como: la agricultura sensible a la nutrición, la promoción de la agricultura familiar, incluir la educación alimentaria y nutricional a todos los niveles, continuar con programas de atención a la primera infancia, los de garantía a la educación y la promoción de la salud, así como también otras estrategias para frenar la escalada del sobrepeso y obesidad que incluyan el bienestar físico y emocional. Este escenario nacional, es sin duda una oportunidad invaluable para que en los próximos tres años, Colombia salga del mencionado mapa del hambre y que al mismo tiempo se alcance el desarrollo de las capacidades humanas en cada colombiano.