Nunca había percibido esa extraña sensación de incertidumbre, con suspiros a medianoche, un ardor que revolotea donde dicen que vive el alma. Ese desasosiego, un sentir noble de nuestra especie, me dice que los diálogos de la minga, que vino desde el Cauca hasta Bogotá, sean abordados por el Gobierno nacional, a medias, en desorden, sin ganas de resolver lo esencial. El genocidio y la violencia se han perpetuado en el territorio ancestral. 

Genera incertidumbre que no les cumplan a los pueblos indígenas del Cauca, que el racismo siga instalado en curules del Congreso. Las autoridades indígenas y lideresas merecen el respeto así como la Guardia Indígena, por su compostura, disciplina, resistencia, en medio de la música y la pandemia. Inadmisible descortesía (y falta de protocolo) del Palacio de Nariño de no invitar a las autoridades y mayores representantes de la minga a dialogar en Bogotá. Seguramente es la costumbre en Córdoba cuando las autoridades arhuacas, chimilas o zenú del Caribe han querido dialogar en El Ubérrimo, y no han sido invitadas a entrar.  

Esa barrera la mantienen los economistas al no reconocer los servicios ambientales y de conservación de las selvas, que prestan comunidades indígenas y campesinas al país y a la humanidad. Su aporte al cuidado de la naturaleza no existe en el PIB ni en las cuentas nacionales. Ya es hora que se tenga en cuenta y quede contabilizado en el Informe de Colombia NDS (Contribución Nacionalmente Determinada) 2020 y en las políticas de Colombia Baja en Carbono, Adaptada y Resiliente, que gestiona de forma participativa el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible.

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A nivel internacional, las movilizaciones ciudadanas y protestas contra el racismo han evidenciado una democracia maltrecha al estilo de Trump, desaforado de reinstalarse en el trono, como Maduro, Putin, Erdogan y otros obsesionados. Francia convulsionada por la cuarentena y por un islamismo que decapita un maestro por pintar a Mahoma, guerra entre Armenia y Azerbaiyán, en el sur del Cáucaso, peleando por el territorio de la República de Nagorno- Karabakh. Dramas humanitarios de miles de migrantes escapando de la pobreza, flotando en el mar Mediterraneo, caminando por trochas desérticas en las fronteras de México, de Venezuela, africanos pasando clandestinamente por las selvas del Darién hacia el engañoso sueño americano. La crisis de humanidad toca fondo con la pandemia.

En Colombia aumenta el desasosiego al ver miles de hectáreas y animales silvestres quemados, acabando con el equilibrio de ecosistemas que protegen la vida. Más selvas convertidas en praderas. No hay Artemisa que valga ni aspersión con glifosato para frenar a delincuentes deforestadores, narcos y disidencias de grupos armados. La sostenibilidad del planeta está suspendida de nubes inciertas.

Uno se pregunta, como ciudadanía solidaria con las marchas pacíficas, cómo atajar la incapacidad burocrática y la falta de compasión de la clase política para abordar los clamores, en medio de la complejidad geográfica, climática, cultural y étnica del país. Persiste una justicia descuadernada, coherente con el dicho “el que peca y reza, empata”.

Son demasiados hechos al tiempo y tan graves unos como otros, a nivel territorial, nacional e internacional, en una crisis de civilización. Como sociedad de consumo desenfrenado y mal repartido, hemos roto el equilibrio entre ecosistemas y seres vivos. En un planeta interconectado, maltratado, una telaraña pegajosa, incierta, nos atrapa.   

En este panorama incierto, hay destellos que iluminan el camino. La compostura y firmeza de la minga de los pueblos indígenas del Cauca son muestra de resistencia y dignidad. Sin vándalos ni palabrotas ni politiquer@s, están presentes en la escena política nacional.

Otras organizaciones siguen apoyando la causa de la población rural. El Encuentro Nacional de Reconocimiento “Pueblos Indígenas en Situación y Riesgo de Exterminio Físico y Cultural: Su Dignidad, Resistencia y Aportes a la Paz”. A este evento convoca la Comisión de la Verdad el 23 de octubre porque los pueblos indígenas han sido víctimas de una violencia histórica agravada por los impactos a sus territorios en el marco del conflicto armado. Según la Corte Constitucional y la Organización Nacional Indígena de Colombia (Onic), de los 115 pueblos indígenas, 68 están en riesgo de exterminio físico y cultural por causa, entre otras, del conflicto armado interno y proyectos económicos en sus territorios.

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La Comisión de la Verdad trabaja por #LaVerdadIndigena en la Amazonia, el Pacifico, la región Andina, el Caribe y la Orinoquia, ayudando a comprender los daños e impactos del conflicto y las diversas formas de resistencia de organizaciones y comunidades. Es una ruta para reflexionar sobre temas transversales: racismo y discriminación étnica, la construcción del Estado nación y su vínculo con los pueblos indígenas, la economía del conflicto y su relación con los pueblos indígenas. En este contexto, la educación y la comunicación son ejes fundamentales para la transformación social hacia la paz. 

En este sentido, iniciativas independientes de fundaciones y organizaciones de base que apoyan estos procesos, abren espacios de diálogo, comunicación y acción comunitaria. La Fundación Ficamazonia ha persistido, en medio de la pandemia, a realizar semanalmente (va en la emisión #23) el programa Facebook Live de Conectad@s,  insistiendo en los derechos que tiene la Amazonía. Invita al seguimiento a la Sentencia 4360 del 2018 con jóvenes accionantes de la tutela de cambio climático.

El Foro Nacional Ambiental, Fundación Natura, Tropenbos y aliados, siguen promoviendo la serie de foros “Bosques para Recuperar el País”, la Ratificación del Acuerdo de Escazú para fortalecer los Derechos Humanos y el Medio Ambiente y otros temas para fortalecer la comunicación. La Fundación para la Conservación y el Desarrollo Sostenible FCDS adelanta acciones de Forestería Comunitaria en el Caquetá y Guaviare, para mejorar la gestión de bosques, gracias al apoyo de Noruega. Logros positivos de organizaciones movilizadas en Santander para proteger el Paramo de Santurban de los riesgos de la minería de oro. Estas y otras muchas iniciativas de sociedad civil deben contribuir a cambios de paradigma en los diálogos con autoridades nacionales y regionales.  

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La minga como otras movilizaciones ciudadanas, son una respuesta al histórico maltrato colonizador. Fray Bartolomé de las Casas, acompañando a Colón,  describió cómo los españoles bajo el mando del almirante, cortaban las piernas de niños que huían, para probar el filo de sus cuchillas. Fue testigo ocular cuando los soldados españoles desmembraron, decapitaron o violaron a 3000 nativos. "Se cometieron tales inhumanidades y barbaridades a mis ojos como ninguna edad puede ser paralela", escribió De las Casas. "Mis ojos han visto estos actos tan extraños a la naturaleza humana que ahora tiemblo mientras escribo".

 En 1500, Colón escribió sobre ello en su diario. "hay muchos traficantes que buscan niñas; las de nueve a diez años están ahora en demanda". Antes de 1492, la población de la isla de La Española probablemente tenía 3 millones de habitantes, a los 20 años de la colonización se redujo a 60.000, en 50 años, no se pudo encontrar ni un solo habitante nativo original. Colón fue el primer traficante de esclavos de las Américas. Cuando los esclavos nativos murieron, fueron reemplazados por esclavos negros. (1)

  • Trata de esclavos. Extractos de Bartolomé de las Casas.

https://www.youtube.com/watch?v=uwR6VgQ1mOE

*Consultora Planificación - Comunicación Ambiental