Para nadie es un secreto que en Colombia los estereotipos raciales, los prejuicios y la exclusión social aún son pan de cada día, se han normalizado y hasta se les ha dado una lógica popular. Se repiten una y otra vez, dejan secuelas, heridas, huellas, dolores, inseguridades, desprestigios y nostalgias que van arrasando la autoestima y la salud mental de muchos que se han visto vulnerados.

Constantemente llegan a nuestro conocimiento, por medios de comunicación o redes sociales, los hechos que denuncian personas que se han percibido vulneradas en su calidad de seres humanos por ser afrocolombianas.

Es desbordante la tendencia que se observa en redes sociales y medios de comunicación de dar atributos a personas, marcas y objetos, pero también de calificar o descalificar sujetos, categorizándolos como especiales o diferentes. Tendencias que nos indican probables riesgos de que en nuestra sociedad empiecen a construirse nuevas categorías con nuevos códigos sociales incluyentes o excluyentes, dando pie a la creación de estereotipos, prejuicios y estigmas.

Vemos como estereotipos conceptos que tienen que ver con que las mujeres son frágiles, los latinos son flojos y charlatanes, los chinos comen gatos y perros, los ingleses son fríos… O chistes que hablan de que un blanco corriendo es un atleta y un negro corriendo es un ladrón. Y utilizamos muchas veces los prejuicios cuando tenemos conductas sociales como indiferencia, desinterés, invisibilidad, burla, injusticia.

No es raro escuchar reflexiones como “es como que no importara qué tanto hemos logrado porque, siempre que se puede, se nos trata de reducir con las mismas frases recargadas históricamente: ‘negro’, ‘negrito’”. Se sospecha a veces de nuestras capacidades y los filtros de aceptación social o laboral en ocasiones son muy altos. Estos repetidos relatos me conducen a pensar si lo que se pretende expresar es impotencia, malestar y resignación del por qué para algunos grupos de nuestra sociedad nunca es suficiente con lo que los afrocolombianos hacen y logran.

Relatos que me motivan a revisar si existen componentes similares entre las experiencias narradas por muchos afrocolombianos y las que también se escuchan y experimentan al estar en condición de inmigrante. Donde el inmigrante, en muchas ocasiones, para poder sobresalir y poder mostrar sus capacidades, tiene que pasar un sinnúmero de filtros y exigencias. 

Y mi conclusión es que sí existen componentes similares. Lo que marca la diferencia es que estas personas que expresan esa desolación y frustración de experiencias relacionadas con prejuicios y discriminación son nacidas, criadas y viven en su propio país, pero que a pesar de esto, experimentan esa sensación similar a la de muchos inmigrantes.

¿Es realmente tan difícil borrar estereotipos y estigmas? ¿Será que estamos condenados en nuestra sociedad colombiana a vivir para siempre con el estigma racial o movilizamos colectivamente la atención para avanzar en la superación de los mismos?

Pese a lo difícil que es responder a estas preguntas decido pensar que para poder ir borrando estos estereotipos, prejuicios y estigmas debemos dinamizar nuevas construcciones sociales basadas en la tolerancia a las diferencias, donde la base sea el conocimiento, la apertura mental, la educación en valores y el respeto. Y donde la construcción de una sociedad multiétnica saludable no se deje esperar, una sociedad que permita ir borrando los estereotipos, prejuicios y estigmas que perpetúan la discriminación racial y funcionan como barreras en el desarrollo pleno e integral de los individuos de nuestra Colombia multiétnica.