| 2015/12/03

Chocó, en positivo

Más allá de la minería irresponsable, de la violencia, de la falta de infraestructura, una generación de emprendedores de Chocó le apuestan a la innovación y la biodiversidad para salir adelante.

WWF Colombia.
WWF Colombia.



“Mi sueño es quitarle gente a la minería y a la deforestación, mostrar que hay alternativas, que dan más y permiten vivir mejor”, dice con un tono decidido la bioquímica chocoana Mabel Torres. Está rodeada de botellas de agua destilada, tubos de ensayo y pipetas de vidrio en un pequeño laboratorio de la Universidad Tecnológica del Chocó, en Quibdó. Ahí vienen a parar todo tipo de árboles y plantas de la selva, con nombres mágicos y propiedades únicas: güino, milpesos, coco, murrapo, asaí.

Hace unos años Mabel se juntó con la química Aura González, para extraer aceites esenciales de la infinita riqueza natural del Chocó y transformarlos en cosméticos de alta calidad. Selvacéutica, la marca de las dos mujeres, tiene exfoliantes con semillas, cremas hidratantes de borojó, jabón de pipilongo, antibacterial de achiote. Cómo explica Mabel, “quiero que mis productos huelan a Chocó, a biodiversidad, a selva, a madera, a trópico, a cítrico. Recogimos el conocimiento de los abuelos y los mezclamos con técnicas modernas que vienen del mundo de las ciencias”.

Innovación y biodiversidad, dos palabras que suenan con fuerza en el laboratorio de Selvacéutica. Dos palabras que resonarán entre el 3 y el 5 de diciembre en el Festival Detonante, donde Quibdó se va a convertir en un avispero de buenas ideas, de música, de talleres y de liderazgos positivos. El evento, organizado por Semana Sostenible, Compartamos con Colombia, 10 Music, y que cuenta, entre otros, con el apoyo de la organización ambiental WWF, va a juntar 39 emprendedores de la región como Mabel y Aura que se encontrarán con el mismo número de empresarios de otras regiones del país, para que los asesoren, conozcan sus ideas, y se conviertan en sus aliados en el futuro.

Uno de los retos más agudos que enfrenta el departamento es la minería irresponsable, sin regulación ni control. En menos de 15 años los precios internacionales del oro aumentaron 350 por ciento, una tendencia que trastornó una actividad que hasta entonces se hacía de manera artesanal. A los ríos de Chocó llegaron las dragas, las retroexcavadoras y el mercurio. Una explotación descontrolada, sin licencias mineras y ambientales.

El impacto de la actividad sobre uno de los rincones más biodiversos del planeta ha sido fuerte. En Chocó el Ideam calcula que cada año se vierten 205 toneladas de mercurio en los ríos. Según Codechocó, cada entable deforesta 4 hectáreas de bosque por año. Especies icónicas como la rana dorada, la tortuga laúd o la Tángara están amenazadas. Y la gente ha dejado de consumir pescado por miedo a enfermarse. El desafío va incluso más allá. Para muchos habitantes del Pacífico, sacar oro y plata es la única opción para tener algo de dinero. Algo que ha tenido consecuencias sobre la producción agrícola, afectada por la falta de brazos.

Esa es justamente la pelea de Crecenciano Marmolejo, un campesino de Ichó, cerca de Quibdó. Hace unos años algunos empresarios se acercaron para instalar una mina de oro junto al río cristalino que bordea su pueblo. Pero Crecenciano lideró la resistencia y logró mantenerlos a raya. Él le apostó a cultivar arroz orgánico para Espigas del Atrato, una iniciativa comunitaria que junta 850 agricultores de todo Chocó y que ya domina 15% del mercado de Quibdó.

Sabores naturales, originales, únicos. Esa también es la apuesta de la heladería Nativo’s. La tarde en Quibdó es calurosa, húmeda y los clientes entran sin cesar al pequeño local de mesas y sillas recicladas. Cada uno lleva dos, tres, cuatro vasos de helado cremoso, de frutas con nombres extraordinarios: milpesos, badea, coronilla, guayaba agria, chontaduro. El biólogo Alvinxon Castro y su esposa Johana Rincón abrieron el negocio a finales de 2014 y desde entonces el crecimiento ha sido constante. Explica que “la biodiversidad es nuestra materia prima, rescatamos sabores sepultados, de tradición ancestral. La idea es incentivar el cultivo de frutas locales, pero también educar el paladar. Queremos que el Pacífico, que el Chocó sea más que oro y plata”.

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