A pesar de todos sus problemas de movilidad, Bogotá es la mejor ciudad de América Latina para los ciclistas. Esa es una de las conclusiones de un estudio del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) en 56 ciudades de la región, que derivó en la construcción de 27 indicadores sobre el uso de la bicicleta y las políticas que incentivan el uso de este medio de transporte no motorizado. En la mayoría de ellos, la capital del país sale muy bien librada.

De los 2.513 kilómetros de ciclorrutas que hay en el continente, Bogotá tiene 392, lo que la convierte en la ciudad con la mayor cantidad de vías para el tránsito de ciclistas. La capital de Colombia supera a ciudades como San Pablo (271) y Buenos Aires (130); y es el lugar donde más personas se desplazan en bicicleta diariamente, pues se realizan alrededor de 611.000 viajes, mientras que en Santiago de Chile se hacen 510.000 y en Ciudad de México 433.000. (Vea: Qué es y qué no es una ciudad inteligente)

Según la investigación (ver informe), en Bogotá el 5%de los viajes se hace en bicicleta, la segunda proporción más alta del continente detrás de Rosario, en Argentina con el 5,3%. Sin embargo, todavía persisten muchos problemas que le impiden Bogotá alcanzar el nivel de ciudades reconocidas mundialmente por la calidad de sus sistemas de bicicletas como Copenhague o Ámsterdam. (Vea: Las 10 mejores ciudades del mundo para andar en bicicleta)

Por ejemplo, la oferta de estacionamientos es muy baja en comparación con ciudades como Buenos Aires, no existe una oficina pública encargada exclusivamente fomentar y regular el uso de la bicicleta y hace falta que la red de ciclorrutas se integre al sistema de transporte masivo de la ciudad. También es necesario ampliar la infraestructura existente y corregir errores como la falta de intercambiadores y de iluminación en muchos tramos.

De ahí la importancia de que la nueva administración de Bogotá mantenga y aumente la apuesta por una ciudad amigable con los ciclistas. Aunque durante la campaña Peñalosa afirmó bicicleta será protagonista del cambio en materia de movilidad -una de las promesas con la que ganó las elecciones-, en su plan de gobierno apenas le dedica dos párrafos a describir su estrategia para lograrlo. (Vea: Los interrogantes ambientales del nuevo gobierno de Peñalosa)

En ellos anuncia la creación de una dirección institucional especializada y menciona que el objetivo hacia el 2020 es que el 15% de los viajes se hagan a través de este medio. También se compromete a combatir el robo de bicicletas, a evitar el tránsito de vehículos motorizados por las ciclorrutas y a ampliar la red existente. Sin embargo, en ese documento no se menciona  cuántos kilómetros nuevos de vías se compromete a construir, lo cual impide hacerle seguimiento a su cumplimiento.

El informe del BID concluye señalando la importancia de que las ciudades impulsen el uso de la bicicleta como una estrategia para mejorar la movilidad y, sobre todo, la calidad del aire mediante la reducción de las emisiones contaminantes. No hay duda de que durante los últimos años Bogotá ha hecho bien la tarea. Pero la continuidad de este proceso es fundamental, no solo para que Peñalosa cumpla su principal promesa de campaña, sino para que se pueda hablar de un futuro sostenible en Bogotá.

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