El celular es una de las principales fuentes de emisiones de gases de efecto invernadero, por ser uno de los aparatos de mayor consumo y menor tiempo de vida útil, fue una de las premisas que interesó a David Ruiz, estudiante de Ingeniería Ambiental de la Universidad Central y a la profesora Sandra Bautista, para aplicar un modelo de simulación que permitiera identificar la generación de residuos generados por celulares cada año en Colombia.

De acuerdo con el modelo de simulación que utilizaron, en el año 2016 se emitieron 843,3 toneladas de dióxido de carbono. Según Ruiz, “nosotros como usuarios de teléfonos móviles contribuimos con 239,6 toneladas que son necesarias para el funcionamiento de los celulares debido al consumo de energía eléctrica”.

Las 603,7 toneladas de CO2 restantes corresponden a la disposición final que se realiza en Colombia de estos aparatos, ya que muchos de ellos llegan a los rellenos sanitarios. “Podemos comparar estas emisiones con el uso de 95.739 galones de gasolina en vehículos automotores en casi 5 millones de kilómetros recorridos”, explica la profesora Bautista.

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Según el estudio, alrededor de 20 millones de teléfonos móviles se desecharon en el 2016, lo que representa aproximadamente 2500 toneladas en peso, equivalentes a casi la mitad de toda la basura que Bogotá genera en un día.

Tanto Ruiz como Bautista resaltan el peligro de la disposición inadecuada de los teléfonos móviles pues generalmente terminan mezclados con los desechos ordinarios en los rellenos sanitarios. El riesgo es grande debido a que los celulares contienen químicos tóxicos, como el plástico de alta resistencia, y metales pesados, como el cadmio, el litio o el mercurio.

“Los principales afectados son los ríos, ya que los lixiviados generados por los rellenos sanitarios afectan la vida acuática en los puntos de vertimiento. Incluso, afectan la salud humana al perjudicar la calidad del agua y la alimentación de peces contaminados con metales pesados”, comenta Bautista.

¿Cómo se hizo la investigación?

Los resultados fueron posibles gracias a una serie de ecuaciones para simular la generación de los residuos de celulares en un ciclo de vida de cuatro años, esto ya que los teléfonos móviles en Colombia tienen un tiempo de vida útil de dos años, y que algunos son reusados por dos años más.

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Con datos de 2008 a 2014 realizaron una regresión lineal para estimar el factor de reúso de todos los años y para realizar la proyección del 2015 al 2030 construyeron un modelo con varias variables: multas de la Superintendencia de Industria y Comercio (asociadas al control que hace el Estado para a la concentración del mercado de la telefonía móvil y la calidad del servicio), PIB per cápita, factor de reúso y líneas celulares por cada 100 habitantes en Colombia.

También tuvieron en cuenta la importación de equipos, el consumo de energía por teléfono móvil, el factor de emisión de CO2 reportado por el Sistema Interconectado Nacional de la Unidad de Planeación Minero Energética (Upme), el peso promedio de los teléfonos móviles y los resultados de unas encuestas aplicadas en 2008 y 2014.

¿Qué hacer ante la magnitud de la cifra?

Ruiz y Bautista sugieren fortalecer las campañas tipo ‘buy-back’, que permiten a los usuarios de telefonía móvil acceder a nuevos aparatos, de bajo precio y con la condición de entregar un celular de segunda, sin importar su estado, su marca o el año en que se compró.

“Se deben fortalecer las políticas que obligan a las empresas que comercializan los celulares, los fabricantes de pilas, baterías, lámparas fluorescentes, entre otros, a comprometerse con la gestión pos consumo de tales residuos potencialmente peligrosos, y garantizar su aprovechamiento”, asegura la profesora Sandra Bautista. Así mismo, los vendedores de celulares tienen la responsabilidad de generar estrategias de recolección de teléfonos móviles en desuso y promover su reciclaje.

Trabajar desde ya en el tema es prioritario ya que las proy3eccciones son alarmantes. El modelo aplicado por los investigadores para el periodo comprendido entre 2017 y 2030 arrojó que se habrán desechado casi 400 millones de celulares, equivalentes a unas 50.000 toneladas de CO2.

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