Por: Daniela Mejía / Mongabay Latam

Trabaja con ranas todos los días, pero esta es “la más bella” que ha visto en su vida. Y su vida la ha dedicado fundamentalmente a trabajar en la evolución, ecología y conservación de anfibios neotropicales. A esta fauna pertenece la Hyalinobatrachium yaku, una nueva especie de rana descubierta en Ecuador,  cuya descripción tardó 20 años en cristalizarse. Su existencia fue finalmente avalada científicamente el mes pasado, cuando la revista ZooKeys publicó el artículo que despliega los resultados de la investigación que lideró el biólogo ecuatoriano Juan Manuel Guayasamín.

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“El descubrimiento de especies suele ser un proceso largo, con muchas dudas en el camino. La primera colección fue en 1998. Luego se encontró a la especie en el 2012 y, finalmente, en el 2016. Solo después de casi 20 años de haber encontrado el primer individuo, tenemos la información suficiente para describir adecuadamente la especie”, explica Guayasamín.

La nueva especie mide alrededor de 2,2 centímetros. Foto de Jaime Culebras

Utilizando datos morfológicos, cantos y ADN, Guayasamín y sus colegas Diego Cisneros-Heredia, Ross J. Maynard, Ryan L. Lynch, Jaime Culebras y Paul S.Hamilton describieron a la rana de cristal Yaku (su nombre común), que ha sido encontrada en solo tres localidades en elevaciones entre los 300 y 360 metros sobre el nivel del mar: San José de Payamino, en la provincia de Orellana; Kallana, en la provincia de Pastaza; y Ahuano, en la provincia de Napo. Sin embargo, apunta Guayasamín, “es posible que su distribución sea mucho más amplia”. Esto significa que dada la cercanía geográfica también se encuentre en la Amazonía del Perú y Colombia.

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Guayasamín es  profesor investigador de la Universidad San Francisco de Quito y cuenta a Mongabay Latam que —como en este momento no reciben fondos estatales— fue esta institución la que junto a la Universidad Tecnológica Indoamérica, ambas en el Ecuador, y las organizaciones estadounidenses The Biodiversity Group y Third Millennium Alliance financiaron este trabajo.

Una familia complicada

Entre todas sus descripciones como biólogo, esta es la primera vez que Guayasamín describe Hyalinobatrachium, un género con  nueve especies en suelo ecuatoriano (incluida la H. yaku), y que —según la publicación— presentan “una morfología y comportamiento sumamente conservados, y con varios problemas taxonómicos no resueltos”.

Sobre si esos problemas dificultaron la investigación que derivó en el hallazgo de esta nueva especie de rana de cristal neotropical, Guayasamín refiere que de estas, las que están en el género Hyalinobatrachium, “se parecen mucho”.  “Todas tienen un vientre completamente transparente y  coloraciones similares. Además, su comportamiento también es parecido. Los machos cuidan a las puestas de huevos, los cuales son depositados por las hembras en el envés de las hojas de vegetación riparia. Sin embargo, por suerte, de vez en cuando existen especies con leves diferencias; en el caso de la especie que describimos, esta tiene un canto más largo que las otras especies emparentadas (0,27 – 0,4 segundos), así como unos puntos color verde oscuro sobre la cabeza y el dorso”.

Es en la coloración donde radican las características que los llevó a determinar que se trata de una nueva rana. Además de la presencia de puntos color verde oscuro sobre la cabeza, a diferencia de sus congéneres,  la H. yaku tiene el pericardio transparente. “Complementamos las comparaciones con análisis genéticos y de cantos. Toda la evidencia apuntó a que, efectivamente, la rana de cristal era nueva para la ciencia”.

La rana de cristal Yaku fue encontrada en solo tres localidades. Foto de Jaime Culebras

En el diagnóstico de la investigación que figura en ZooKeys se resaltan más detalles de la Hyalinobatrachium yaku. Se expone que tiene el  hocico truncado en vista dorsal y lateral; la mitad inferior del anillo del tímpano visible; la coloración del iris de plata a amarilla, con diminutas manchas oscuras que se concentran alrededor de la pupila, dando la impresión de un anillo difuso; que aparte del pericardio, el peritoneo parietal, los riñones y la vejiga urinaria también son translúcidos; que tiene un hígado bulboso; y que las manos y los pies son crema con un tono verde claro con las puntas verde amarillento y los dedos de manos y pies con delgadas franjas laterales.

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Guayasamín señala que si bien esta rana de cristal tiene aspectos muy diferenciados, tiene varias particularidades compartidas con otras especies del Hyalinobatrachium. “Para reproducirse, siempre lo hacen en vegetación riparia. Allí, cantan desde la superficie inferior de las hojas, posiblemente como un mecanismo para evitar depredadores. Luego del amplexus (modo de acoplamiento propio de los anfibios anuros), la hembra deposita las huevos en el mismo sitio donde el macho estaba cantando. Luego de esto, únicamente el macho cuida a los huevos fertilizados, los cuales caen al agua una vez que se han desarrollado como renacuajos completos”.

Un futuro ligado a calidad del hábitat

Lo que espera Juan Manuel Guayasamín es que este nuevo anfibio neotropical pueda ser una bandera para la conservación de los ambientes acuáticos. Porque del agua es de donde emergen la importancia y los conflictos que hay en torno a su conservación de este pequeño anuro, que tanto en sus ejemplares machos como hembras tiene un tamaño de 2,2 centímetros.

La Hyalinobatrachium yaku fue encontrada en la Amazonía, una región con bosques tropicales extensos, una alta pluviosidad y hogar de varias comunidades indígenas. Según señala Guayasamín,  “también una zona con muchas presiones extractivistas, principalmente  petróleo y  minería”.

Todavía no se puede dar un criterio detallado sobre el estado de conservación ni de la estimación poblacional de la rana de cristal Yaku, pero lo que para los expertos está claro es que las amenazas tanto para esta especie como para todas las que dependen de los ríos y riachuelos son la contaminación que producen las actividades petroleras y mineras, así como  la deforestación.

Por ejemplo, cerca de San José de Payamino, una de las áreas de distribución en la que se encontró a esta rana, “existe una carretera que ha tenido efectos negativos en la diversidad de anfibios y reptiles de la zona”. “Las carreteras en la Amazonía están estrechamente ligadas a la actividad petrolera. Las mineras son, en mi perspectiva, el nuevo gran riesgo al que se enfrenta la biodiversidad”, advierte Guayasamín, PhD por la Universidad de Kansas, Estados Unidos,  en Ecología y Biología Evolutiva.

¿Qué tipo de medidas se deberían tomar para garantizar la conservación de especies como el nuevo miembro del género Hyalinobatrachium? Para Guayasamín existen dos vías. “La primera es la ampliación de parques nacionales en donde explícitamente se prohíba la extracción petrolera o minera. La segunda, más compleja, es el monitoreo y auditoría constante e independiente a las compañías mineras y petroleras, para asegurarse de que estas no estén contaminando los ecosistemas cercanos. Ambos puntos requieren de una decisión política seria por parte del Gobierno ecuatoriano. Los elementos legales para esto, en principio, ya están en la Constitución. Se debe recordar que el Ecuador tiene una constitución tremendamente progresista en este sentido, al reconocer los derechos de la naturaleza. El tema es cómo traducir el papel en acción”, concluye.

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