Nuevamente el varamiento de ballenas causa estragos. En esta oportunidad las víctimas fueron 19 cetáceos que quedaron encallados en los bancos de arena en aguas poco profundas frente a la Península de Coromandel, en Nueva Zelanda.

Del grupo de ballenas piloto (Globicephala melas), también conocidas como Calderones, que resultaron varadas, tan solo una docena pudieron ser rescatadas por el grupo ecologistas que desde este sábado trataban de salvarlas.  

Estos animales eran parte de un grupo de cerca de 60 ejemplares que fueron avistados al inicio de la jornada nadando cerca de la costa de Coromandel.

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El Ministerio de Conservación de Nueva Zelanda explicó en su página Facebook que los expertos, junto a brigadas de bomberos y pobladores de la zona, intentaron mantener a los cetáceos hidratados hasta la noche, a la espera de que subiera la marea y pudieran adelantar acciones para hacerlas reflotar. Sin embargo, pese a los esfuerzos, muchas murieron.  

“A pesar de que la marea alta nos permitió reflotar a las ballenas varadas, alrededor de una docena han muerto al quedar inmovilizadas cerca de un punto rocoso”, señalaron las autoridades en un comunicado. 


El pasado mes de septiembre murieron 380 ballenas varadas en una remota bahía de la isla de Tasmania, en el sur de Australia. Foto: BRODIE WEEDING / BRODIE WEEDING/THE ADVOCATE / AFP 

Informaron, además, que el resto de los ejemplares ya se encontraban mar adentro. Los científicos aún no han podido explicar por qué en ocasiones las ballenas se desvían de sus rutas y se quedan varadas en aguas de poca profundidad, aunque se baraja la hipótesis de que se extravían atraídas por contaminación de ruido o guiadas por un cabeza de grupo desorientada. 

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El pasado mes de septiembre cerca de 380 ballenas piloto murieron encalladas en una remota bahía de la isla de Tasmania, en el sur de Australia. Estos animales, que pueden llegar a medir de seis metros de largo en edad adulta, se alimentan principalmente de calamares y entre sus principales amenazas se encuentran la caza ilegal, la contaminación de los océanos y los varamientos. 

De este tipo de cetáceos han sido clasificados dos especies: el Calderón común (Globicephala melas) y el Calderón tropical (Globicephala macrorhynchus). Ambas especies viven normalmente en grupos de entre diez a treinta individuos, pero algunos grupos pueden contar con 100 o más integrantes, los cuales guardan estrechos vínculos y están integrados por individuos de ambos sexos y diferentes edades, sin embargo, el número de hembras adultas tiende a exceder al de los machos. 


Los científicos aún no logran decifrar por qué en ocasiones las ballenas se desvían de sus rutas y se quedan varadas en aguas de poca profundidad. Foto: BRODIE WEEDING / POOL / AFP

Los calderones emiten vocalizaciones para establecer contacto con otros miembros de su grupo. Estas vocalizaciones se hacen más complejas cuando se hallan más activos y más simples en momentos de inactividad. 

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El mayor varamiento de ballenas registrado en el mundo ocurrió en 1918 cuando unas 1.000 ballenas piloto se quedaron atrapadas en las islas Chatham, en el sureste de Nueva Zelanda.

*Con información de DW