Los desastres climáticos y naturales siguen impactando a los menos favorecidos. El año pasado estos eventos motivaron que 29 millones de personas sufrieran de inseguridad alimentaria aguda en 2018; la condición de hambre más extrema.

Según el Informe Mundial de “Crisis alimentarias”, este número de personas dejó de consumir alimentos adecuados, lo que pone en peligro su vida o sus medios de subsistencia; sin embargo, el gran total de individuos que enfrentan esta problemática supera los 113 millones, de acuerdo con una medición realizada en 53 países.

Las crisis económicas y los desplazamientos de población, son factores que también han incidido de forma importante en esta triste realidad; sin embargo, siguen siendo los conflictos y las guerras los principales causantes de esta situación y esto se explica en que países como Yemen, seguido de la República Democrática del Congo (RDC), Afganistán, Etiopía y Siria, encabezan la lista de naciones con un mayor número de habitantes que sufren la forma más extrema del hambre.

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Es claro el impacto de la violencia armada en las vidas y los medios de subsistencia de millones de hombres, mujeres, niños y niñas atrapados en medio del conflicto. En un reciente informe de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), se indica un dato preocupante frente a este tema y es que la violencia contra los trabajadores humanitarios está creciendo, obligando a las organizaciones a suspender sus operaciones y privar a las poblaciones vulnerables de tener acceso a la ayuda humanitaria. En 2018, los trabajadores y las instalaciones humanitarias resultaron atacados en todos los paísesanteriormente mencionados.

El informe de "Crisis alimentaria" presentado por el Programa Mundial de Alimentos (PMA), la FAO y la Unión Europea (UE), evidencia que el número de personas en el mundo que padecen de hambre aguda se ha mantenido por encima de los 100 millones en los últimos tres años, y el número de países afectados ha aumentado.

Ligera reducción

Si bien la cifra de 113 millones de personas que se enfrentan a crisis alimentarias es ligeramente inferior a los 124 millones de un año atrás, lo cierto es que el panorama no es alagador; pues, además, otros 143 millones de habitantes de otros 42 países están solamente a un paso de tener que enfrentarse a este nivel de hambre.

“Del Informe Mundial se desprende claramente que, a pesar de una ligera disminución en 2018 del número de personas que padecen inseguridad alimentaria aguda, la cifra sigue siendo demasiado elevada. Debemos actuar a gran escala, vinculando el desarrollo humanitario y la paz para aumentar la resiliencia de las poblaciones vulnerables afectadas. Para salvar vidas, tenemos también que salvaguardar los medios de subsistencia”, aseguró el director General de la FAO, José Graziano da Silva.

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Si bien los entes multilaterales y los mismos organismos relacionados con ayuda humanitaria, el tema han destinado recursos para tratar de mitigar la situación; es claro, que estos no son suficientes. La Unión Europea, por ejemplo, está destinando más de 9 000 millones de euros al apoyo de iniciativas en materia de seguridad alimentaria y nutricional y agricultura sostenible en más de 60 países.

La inseguridad alimentaria sigue siendo un reto global, según lo considera el Comisario Europeo de Cooperación Internacional y Desarrollo, Neven Mimica, pues el informe evidencia la necesidad de fortalecer la cooperación entre los actores humanitarios, de desarrollo y de la paz para revertir y prevenir las crisis alimentarias, que cada vez son más agudas y complejas y se requieren formas innovadoras de abordarlas y evitar que se produzcan.

El director Ejecutivo del PMA, David Beasley, considera que para ponerle fin de verdad al hambre, se deben atacar causas profundas como los conflictos, la inestabilidad y los efectos de las crisis climáticas.

Para este funcionario es claro que los niños y niñas deben estar bien alimentados y educados,se debe empoderar a las mujeres y las infraestructuras rurales deben reforzarse para poder alcanzar el objetivo del Hambre Cero.

“Los programas que hacen que una comunidad sea resiliente y más estable también reducirán el número de personas hambrientas”, dijo Beasley, para quien los dirigentes mundiales deben estar a la altura de las circunstancias y ayudar a resolver estos conflictos rápidamente.

Una de las estrategias que podría ayudar a encontrar salidas a esta situación a la que se enfrentan tantos millones de personas en el mundo, podría concentrarse en destinar una mayor inversión a la mitigación de los conflictos y la búsqueda de una paz sostenible.