De las 1.203 especies bajo algún tipo de amenaza en Colombia, 407 son animales. El cambio climático, la destrucción del hábitat, la caza ilegal y la contaminación son algunas de las principales amenazas con las que tiene que luchar la fauna a nivel nacional para poder sobrevivir. 

Una de estas especies es el manatí (Trichechus manatus), también conocido como vaca marina. Pertenece al orden de los sirenios, es decir, aquellos mamíferos completamente adaptados a la vida marina, que se caracterizan por ser grandes, pesados y de movimientos muy lentos.

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En el mundo existen tres especies de manatíes: el antillano o del Caribe (Trichechus manatus), el amazónico (Trichechus inunguis) y el africano, todos en estado vulnerable. En Colombia, habitan los dos primeros y están bajo amenaza.

A diferencia de lugares como Florida, en Estados Unidos, en donde disminuyeron el nivel de amenaza de la especie gracias a la gran cantidad de lugares donde los conservan, en Sudamérica y África la historia es diferente.

La destrucción de su hábitat, la caza para usar su carne o grasa, la pesca accidental, la contaminación del agua o la disminución del nivel de esta en los cuerpos hídricos donde habita, son sus principales amenazas.

Son fundamentales para los ecosistemas pues ayudan a mantener el flujo y calidad de agua, así como sus heces sirven de alimento para los peces de los humedales. Foto: Federico Mosquera-Fundación Omacha

“En Sudamérica o África no existen regulaciones fuertes para poder velar por su conservación. En el río Atrato de Colombia, por ejemplo, están muy amenazados por la caza y contaminación de este cuerpo hídrico. En el río Sinú, por el contrario, muchas personas han cambiado su mentalidad y ahora muchos luchan por conservarlos y están pendientes para evitar su cacería”, explica Dalila Caicedo, directora ejecutiva de la Fundación Omacha.

Sin embargo, agrega que muchas personas aprovechan cuando los manatíes se enredan con las mallas de pesca para comerlos o cazarlos y no los liberan posteriormente. En la cuenca del Magdalena y Orinoco, por su parte, se han hecho procesos de educación ambiental con las comunidades para concientizar sobre la importancia de esta especie.

El cambio climático también ha tenido algunas consecuencias para este mamífero. En Colombia, por ejemplo, solo en 2016, murieron 38 manatíes en el Canal del Dique por cuenta del Fenómeno del Niño.

En el país su población oscila entre los 800 y 1.000 ejemplares, un número preocupante teniendo en cuenta la importancia que este tiene para los ecosistemas.

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Este mamífero acuático habita en los humedales de Colombia y ayuda a mantener el flujo de la calidad del agua. Con el movimiento de su cola mueve los sedimentos contribuyendo a mantener la profundidad de los humedales donde habitan.  

Consumen entre el 8 y 10 por ciento de su peso (unos 200 o hasta 600 kilos) en plantas acuáticas, lo que ayuda a evitar la acumulación de estas en su hábitat. Además, los nutrientes de su excremento sirven para alimentar los peces que albergan estos cuerpos de agua.

Cuidar los cuerpos de agua y evitar su contaminación es una buena manera de ayudar a preservar esta especie. Foto: Fernando Trujillo-Fundación Omacha

Una de sus principales características es que se mueven lentos, conforme al nivel del agua y la oferta de alimentos en las ciénagas del país. “En el Sinú, cuando llueve mucho, suben a las ciénegas y cuando baja el agua, vuelven, se mueven constantemente en esta dinámica para conseguir agua y comida”, dice la directora de la Fundación Omacha, una organización que lleva más de 27 años en el monitoreo, la rehabilitación, liberación y el seguimiento de fauna acuática y terrestre amenazada en Colombia.

La extinción de este animal sería fatal para estos ecosistemas y su replobación no es sencilla. “Tienen un periodo de gestación de 12 a 13 meses. Las crías están con su mamá durante dos años y llegan a su edad sexual hasta los cinco años. Las hembras pueden volver a quedar embarazadas después de tres años y normalmente tienen una o máximo dos crías”, explica Caicedo.

Lo bueno, agrega, es que si los manatíes viven en óptimas condiciones pueden vivir hasta 60 años.