El olor a quemado y el resplandor de las llamas dominan el paisaje en el Pantanal, un paraíso de la biodiversidad amazónica parcialmente reducido a cenizas, producto de los devastadores incendios que desde hace meses se registran en la región.  

La biodiversidad y riqueza ecológica de Pantanal es incalculable, pero las llamas están acabando con vastas áreas. Reconocido como Reserva de la Biósfera por la Unesco y santuario de una rica fauna nativa, este humedal posee una extensión superior a 170.500 kilómetros cuadrados, según el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF).

Este ecosistema cubre áreas en Brasil, Paraguay y Bolivia. Aproximadamente el 62 por ciento del mismo está en el centro-oeste de Brasil, en los estados de Mato Grosso y Mato Grosso do Sul. En Paraguay hay un 20 por ciento y en Bolivia el restante 18 por ciento, en la región conocida como el Chaco.

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Según WWF, el Pantanal alberga 656 especies de aves, 159 de mamíferos, 325 especies de peces, 98 de reptiles, 53 de anfibios y más de 3.500 de plantas. Muchas especies amenazadas en otras regiones de Brasil se hallan en número considerable en el Pantanal, como el pájaro gigante jabirú, también llamado tuyuyu.

Un cocodrilo muerto fue avistado en un río de Pantanal. Foto: Mauro Pimentel/AFP

Datos de WWF Brasil indican que el Pantanal representa alrededor del 3 por ciento de los humedales de todo el mundo y ha sido uno de los menos alterados. Sin embargo, este año esta situación ha variado por cuenta de los incontrolables incendios.

Dentro de los millones de especies que hay en el lugar, Pantanal es hogar de la mayor concentración de cocodrilos del mundo, con unos 10 millones de caimanes. Igualmente, de todo el planeta, este ecosistema cuenta con una de las densidades más altas de jaguares, el felino más grande de América, el cual caza caimanes. Adicionalmente, el Pantanal alberga al loro más grande del mundo: el guacamayo azul. El avistamiento de estos y otros animales atrae a un millón de turistas a este lugar cada año.

Pequeña área protegida

Las áreas protegidas que tiene el humedal son de importancia mundial, porque se rigen por la Convención Ramsar, acuerdo intergubernamental que apunta a que los gobiernos nacionales conserven y usen de manera adecuada los humedales. Alrededor del 95 por ciento del Pantanal es propiedad privada, en su mayoría utilizada para el pastoreo de ganado, por lo que también es determinante para las comunidades que habitan en la zona. 

A pesar de la expansión de la ganadería, que tiene más de 200 años en esta región, el Pantanal mantiene más de 85 por ciento de su cobertura vegetal nativa, con influencia de sabana y muy frondosa en áreas junto al río.

Este año la región ha enfrentado la sequía más severa en 47 años, los riachuelos están secos y las quemas -habituales en esta época del año- están fuera de control.

Un puercoespín brasileño escapa de las llamas. Foto: Mauro Pimentel/AFP

Unos 23.500 kilómetros cuadrados han sido consumidos por el fuego desde inicios de año. "Todos los días pasamos por la carretera y cuando vemos un foco de fuego cerca, echamos agua en el puente para evitar que se incendie con las chispas", cuenta Felipe Maia, empleado en un hotel de lo que hasta ahora era una próspera área de ecoturismo a AFP.

Además de los bomberos, numerosos equipos de vecinos, funcionarios, dueños de haciendas-posada y guías turísticos "patrullan" los puentes día y nocheen procura de controlar los focos de incendios que se registran.

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"Es triste. Estábamos pasando por el problema de la pandemia, que en Brasil duró más de lo esperado, y creíamos que tendríamos una buena temporada de turismo, pero llegaron los incendios", lamenta Roberto Carvalho Macedo, guía de la región que integra la patrulla. 

Los satélites del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales (INPE) detectaron desde enero hasta el 13 de septiembre 14.764 focos de incendio en el lado brasileño de este bioma, un aumento de 214 por ciento respecto al mismo periodo de 2019 y un número que ya superó al de todo 2005, que era hasta ahora un año récord.

Animales en "estado crítico" 

Macedo piloteó la lancha en la cual un equipo de la AFP recorrió parte del parque estatal Encontro das Aguas, una gran área inundable situada al final de la Transpantaneira. 

Serpenteada por varios ríos, concentra una gran variedad de animales: aves, yacarés, carpinchos, tamanduás y el mayor felino de las Américas: el jaguar. 

Un equipo de veterinarios, biólogos y la joven guía local Eduarda Fernandes Amaral pasaron el domingo en busca de un ejemplar herido por el fuego. Pero el jaguar no se dejó ver. 

Un tucán se alimenta en medio del humo generado por los incendios en Pantanal. Foto: Mauro Pimentel/AFP

"Todos los animales que hemos rescatado hasta ahora están en estado muy crítico, algunos con quemaduras hasta el hueso", explica Amaral, que instala bebederos y cestas con frutas para los animales que consiguieron sobrevivir al fuego pero corren peligro de morir de hambre o deshidratados. En varios trechos, el oscuro de los árboles y arbustos carbonizados contrasta con la vegetación verde de las márgenes del río.

Amaral afirma que no es posible saber todavía cuántos animales perecieron, pero calcula que serán pérdidas enormes. "Espero que esto sirva para que la gente abra los ojos y entienda que la biodiversidad de aquí es única. Precisamos conservarla, es muy valiosa", clama.

Causas y efecto 

El desastre del Pantanal se debe en primer lugar a la sequía excepcional. Entre enero y mayo, la temporada húmeda, cayó la mitad de la lluvia esperada y muchas zonas no llegaron a ser inundadas como ocurre en esa época del año. Pero la sequía no lo explica todo.

Según el ingeniero forestal Vinícius Silgueiro, del Instituto Centro de Vida (ICV), "la sustitución de muchas plantas nativas por otras destinadas a pastoreo" debilitó la resistencia de la vegetación.

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Las responsabilidades apuntan igualmente al desmonte de organismos de control ambiental puesto en marcha desde la llegada al poder del presidente de ultraderecha Jair Bolsonaro.

Según Silgueiro, la práctica de las quemadas para limpiar el terreno se mantiene debido a la "sensación de impunidad" que impera, debido a "la falta de recursos de los organismos públicos de protección ambiental".

Amenazas

El Pantanal es frágil porque depende de un ciclo hidrológico regular, lo que genera que cualquier alteración, incluso a miles de kilómetros donde nacen los ríos que lo alimentan, altere su biodiversidad.

Se estima que en Pantanal hay unos 120 millones de caimanes. Foto: Mauro Pimentel/AFP

Las principales amenazas derivan de la actividad humana: la expansión de la agricultura en áreas cercanas a sus ríos y el uso de pesticidas, de actividad agropecuaria no sostenible, la multiplicación de proyectos de infraestructura como hidroeléctricas e hidrovías, así como la deforestación y los incendios, que en buena parte son producto de estas mismas situaciones. 

*Con información de AFP y otros medios