Para asegurar un mañana sano y seguro, la protección del bioma amazónico debe comenzar desde ya: únicamente los pasos dados hoy conducirán a un porvenir en el que la dignidad humana sea central. El futuro, que hoy en día se antoja más vago y borroso que antes, por cuenta de la COVID-19, es clave para mantener vivo uno de los lugares en la Tierra con más influencia sobre el bienestar humano.

“La Unión Europea está comprometida con alcanzar la neutralidad climática en 2050. La pandemia no puede echarnos para atrás en la construcción de un mundo sostenible. Al contrario, las inversiones verdes y la transformación de todos los sectores productivos serán la forma de reactivar la economía. No podemos perder esta oportunidad histórica para impulsar un modelo de desarrollo sostenible e inclusivo”, asegura Patricia Llombart, embajadora de la Unión Europea en Colombia.

Al respecto, Diego Mellado, embajador de la Unión Europea en Perú, añade que “la crisis del coronavirus ha demostrado lo importante que es restaurar el balance entre la actividad humana y la naturaleza. La Unión Europea está estableciendo acciones y compromisos para detener la pérdida de la biodiversidad en Europa y el mundo. Por ello, una especial atención en la Amazonía”.

En ese sentido, el apoyo de la Unión Europea seguirá dándose en áreas claves: conservación y uso sostenible de los recursos naturales; respaldo a las comunidades locales, en especial a los pueblos indígenas; producción amigable con el medio ambiente y lucha contra delitos ambientales. Su visión del futuro solo puede lograrse con un trabajo holístico y simultáneo con los ocho países que son hogar del Amazonas, tanto con sus gobiernos —en respeto a su soberanía— como con sus ciudadanos y empresas. Por eso, es vital seguir tejiendo puentes y construyendo lugares comunes sobre la sostenibilidad y el único camino para llegar a un futuro amigable: desarrollo socioeconómico acompañado siempre de conservación ambiental.

Los Objetivos de Desarrollo Sostenible y el Acuerdo de París, así como el recientemente adoptado Pacto Verde Europeo —Green Deal— seguirán funcionando como pilares que guían la acción internacional de la Unión Europea. Este último, cuenta un rol protagónico presente y futuro al otro lado del Atlántico: actualmente es la directriz de renovación socio-económica en el viejo continente, por lo que es un elemento central para su competitividad y sostenibilidad futura.

“El Pacto Verde propone una transformación política y legislativa ambiciosa. En su marco, se han presentado avances en el primer semestre de 2020: la primera propuesta de ‘Ley del Clima Europea’; la nueva estrategia sobre biodiversidad para 2030; la ‘Nueva Estrategia Industrial’; la estrategia agroalimentaria ‘De la granja a la mesa’ —Farm to Fork— y el segundo ‘Plan de Acción para la Economía Circular’”, explica Mellado. El fin del Pacto Verde no es quedarse en un mundo ideal, pero irrealizable: la sostenibilidad que propone se materializará en temas concretos.

Para 2021, por ejemplo, se espera reforzar los flujos de comercio justos y sustentables, incluso para productos amazónicos —madera, biocombustibles, minerales, bienes agrícolas, etc.— que entran al mercado europeo. Para ello, la Unión Europea trabaja actualmente con productores locales para facilitar su comprensión y aplicación de estándares de sostenibilidad, y, simultáneamente, desarrolla propuestas legislativas para garantizar que las importaciones estén libres de deforestación. Esto se traducirá, en el futuro, en un mayor aprovechamiento de los acuerdos comerciales con Perú, Colombia y Ecuador; con el Caribe, incluídos Guyana y Suriname; y con Mercosur.

Foto: Proyecto IAPA-Visión Amazónica

También se busca, por ejemplo, trabajar por el bosque con una aproximación integral: la lucha contra incendios forestales, por ejemplo, necesita reforzar la gobernanza forestal y no solo la ayuda de emergencia, ya que estos se originan principalmente por una clara intención de tala para cambiar árboles centenarios por ganado y monocultivos agrícolas. Por eso, se mejorarán las plataformas de colaboración con los gobiernos amazónicos para realizar monitoreo de los fuegos, mediante satélites asociados a instrumentos como Copernicus.

También se dará prioridad a que los bosques vivos generen más beneficios a los pobladores locales que los territorios tumbados, quemados y convertidos en pastizales. Se apoyará el desarrollo legal y sostenible de productos y cadenas de valor forestales maderables y no maderables —frutas, fibras, semillas, aceites—. Adicionalmente, se reforzarán actividades como el turismo sostenible mientras se fortalecen políticas públicas de lucha contra el tráfico ilegal de especies y de maderas preciosas, y se sensibiliza a los consumidores sobre el poder que tienen sus decisiones comerciales y la necesidad de reducir su huella forestal.

Foto: Proyecto IAPA. Visión Amazónica/ Andrés Pozo

Solo así se evitará que el fuego carcoma la vida vegetal y animal, y se prevendrán sus consecuencias devastadoras —física, económica y mentalmente— sobre las poblaciones nativas que ven su universo consumido en llamas. Un esfuerzo que, de nuevo, solo será posible si hay un interés mutuo y compartido por varios sectores y países.

No dejar a nadie atrás. Esa es la consigna del Pacto Verde y el compromiso de la Unión Europea con el futuro amazónico. Esa también es la ilusión y la promesa de los días que vendrán: un Amazonas, un mundo, donde las etnias no sean barreras, donde haya lugar para todos los seres vivos y donde la economía de la humanidad coexista en abundancia y bienestar con la biodiversidad y la sabiduría que la Tierra regala.