La pérdida de los bosques colombianos y el uso de drogas veterinarias y pesticidas para la ganadería, tienen en aprietos a las 400 especies de escarabajos que hay registradas en Colombia.

Según Claudia Medina, investigadora del programa de ciencias de la biodiversidad del Instituto Alexander von Humboldt, ya hay evidencias de que los químicos utilizados en la actividad pecuaria afectan la capacidad olfatoria, locomotora y sensorial de estos insectos, interrumpiendo así el funcionamiento fisiológico de su reproducción. 

“Las evidencias apuntan que el excremento del ganado con presencia de químicos es usado por los coprófagos como alimento e insumo para la fabricación de sus nidos, algo que tiene en declive a las poblaciones de estos insectos. Esta situación no está siendo reconocida como en el caso de las abejas, pero su muerte está ocurriendo en silencio y de manera alarmante”, dijo la experta.  

De las 400 especies de escarabajos en Colombia, los científicos solo habían logrado reproducir una en un laboratorio. Foto: Claudia Medina (Instituto Humboldt).

Medina indicó que a pesar de las recientes alarmas de varios expertos en Latinoamérica, los gobiernos no están tomando las medidas necesarias. “Además, en en el país no existe una normativa que regule el uso de tales drogas y proteja a la fauna benéfica”. 

Venciendo la incertidumbre

Esta problemática fue lo que llevó a la investigadora del Humboldt a trabajar en la reproducción de escarabajos coprófagos en laboratorio, un hito que en Colombia solo había arrojado resultados positivos en una sola oportunidad.

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“El país solo había documentado el ciclo reproductivo y de vida de una especie de escarabajo en laboratorio, llamada Onthophagus curvicornis”, anotó la científica.

Aunque el panorama estaba bañado en un halo de incertidumbre y poca fe, Medina no se echó para atrás. Durante varios meses estuvo dedicada a criar tres especies de escarabajos coprófagos en un laboratorio (del género Sylvicanthon y Canthon), con miras a documentar la secuencia de su reproducción.

El ideal del Humboldt es reintroducirse las crías de escarabajos en ecosistemas donde ha diezmado su presencia. Foto: Claudia Medina (Instituto Humboldt).

Luego de disponer de un ambiente adecuado en el laboratorio, el proceso inició con la localización de una fuente de alimento por parte de las parejas de escarabajos y la formación de una bola nido.

La paciencia arrojó sus frutos. Medina fue testigo de la cópula de las parejas, las cuales resultaron en fecundación. Una de las especies del género Sylvicanthon, procedente del municipio de Nuquí (Chocó), al parecer es una nueva especie para la ciencia. “Los indicios están en su ciclo de vida y en las características genitales y morfológicas. En la actualidad, la especie se encuentra en proceso de descripción”, anotó el Humboldt.

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Según la entidad, en una de las especies estudiadas, el macho colaboró durante las primeras etapas y esperó a que la hembra pusiera el huevo. “De la bola de excremento llevada por ambos, que tenía forma de pera, nació una larva que se desplazó hasta lo más profundo para alimentarse. La madre estuvo a cargo del cuidado del nido y permaneció cerca de dos meses vigilando hasta el nacimiento”. 

La especie del género Canthon, está siendo estudiada por el Humboldt para establecer su taxonomía y revelar su si se trata de otra especie nueva para la ciencia.

La ciencia no para 

Medina no se conforma con haber logrado el segundo caso de reproducción de escarabajos en laboratorio. Con los datos arrojados por su investigación, ahora pretende diseñar protocolos de cría masiva de coprófagos para reintroducirlos en las pasturas y garantizar que cumplan con su función ecológica, además de poder beneficiar a la producción ganadera sostenible.

El Humboldt informó que las crías de estas especies de escarabajos podrían reintroducirse en los sistemas ganaderos, donde ha diezmado su presencia y función ecológica debido a los pesticidas y la llegada de escarabajos foráneos. “Ya hay casos de éxito en Australia, Nueva Zelanda, Estados Unidos y Brasil”.

Los escarabajos son fundamentales para la salud de otros ecosistemas. Foto: Claudia Medina (Instituto Humboldt).

Pero la científica afirma que aún falta mayor investigación en el campo y una legislación nacional en el tema. “Otro de los pendientes del país con los escarabajos coprófagos es el conocimiento de sus ciclos biológicos, lo que impide avances en la investigación y evaluación en crías experimentales y el efecto de las drogas veterinarias. Estos insumos son básicos para llegar a una regulación nacional en el uso de las dosis mínimas de estos productos químicos”.

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Con su investigación, la experta tiene la hipótesis de que los coprófagos producen una sustancia química que, al parecer, funciona como antibiótico. “Esta sustancia la impregnan en las bolas del nido donde depositan el huevo, protegiéndolas de hongos y garantizándoles frescura hasta el nacimiento. La investigación que confirme o no tal hipótesis está en desarrollo y cuenta con el apoyo de la Universidad de Alicante”.

Ayudan al bolsillo

Los escarabajos coprófagos son fundamentales para la salud de otros ecosistemas. Al reciclar el excremento, retiran vectores de enfermedades, prestan un servicio de control biológico, fertilizan los suelos y hacen un ciclado de nutrientes.

Pero su importancia trasciende el ámbito ambiental. Según el Humboldt, estos insectos le aportan a la economía de la actividad ganadera. “Investigaciones realizadas en los Estados Unidos y Reino Unido arrojaron que las funciones ecológicas de estos insectos pueden reducir costos entre 380 y 480 millones de dólares al año, ya que fertilizan pastos, eliminan moscas y otros parásitos y vigorizan el suelo”.

Este fue uno de los escarabajo coprófago nacido en laboratorio del Humboldt. Foto: Claudia Medina (Instituto Humboldt).