La seguridad alimentaria, la biodiversidad y los procesos productivos de la región Caribe están en serios aprietos. Así lo aseguró Omar Franco, Director del Ideam, luego de revelar los resultados del primer Mapa Nacional de Suelos Degradados por la Salinización.

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De las más de 14 millones de hectáreas afectadas por este fenómeno en Colombia (12,3 por ciento de todo el país), los grados de salinización severos y muy severos se concentran en terrenos caribeños, en especial en los departamentos de Magdalena, Atlántico, La Guajira y Cesar.

“Aproximadamente el 90 por ciento del área total de Magdalena, Atlántico, Cesar y La Guajira presenta algún grado de degradación por salinización. Sin embargo, Magdalena y Atlántico concentran los grados más severos, presentes en más del 40 por ciento de su territorio”, informó Franco durante una rueda de prensa en Bogotá.

Franco aseguró que la salinización se genera por un aumento o ganancia en la acumulación de sales, que se debe tanto a causas naturales (clima seco, erupción de cenizas, aguas con minerales salinos y zonas inundables), como a las actividades humanas.

“La mano del ser humano tiene un papel importante en la salinización de los suelos, ya que puede ser causada por las actividades agropecuarias inadecuadas, como la ganadería extensiva y el exceso de fertilización en los cultivos, los hidrotermales turísticos con disposición inadecuada de sus aguas, la minería sin control y la deforestación”.

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La región Caribe es la más frágil a padecer los efectos de la salinización, ya que en departamentos como Magdalena, Atlántico, Cesar y La Guajira se concentra la mayoría del 2,5 por ciento de los suelos con degradación severa y muy severa.

“Esto afecta considerablemente a los suelos con mayor potencial agrícola en la región, es decir los terrenos fértiles que se ubican en las zonas planas. Esto indica que la seguridad alimentaria de la Costa Atlántica puede verse perjudicada si no se toman medidas”, recalcó Franco.

El director del Ideam afirmó que al tener mayor salinización hay una pérdida en la calidad del suelo, lo que conlleva a disminuir la productividad del terreno. “Esto hace que los agricultores tengan que invertir muchos más recursos para producir y mejorar la carga orgánica. También provoca una desertificación o muerte blanca, que son costras de sales que evitan la fertilidad e incrementan las consecuencias del cambio climático”.

Otro caso que preocupa al funcionario es la zona insular colombiana. El 40 por ciento del archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina cuenta con algún grado de degradación (11 por ciento severa), panorama que en la isla de Tierra Bomba en Cartagena abarca el 91 por ciento.

“Si las autoridades no hacen una renovación de sus actividades y un monitoreo exhaustivo, se pueden comprometer los sistemas productivos actuales. Si no se frena el aumento de la salinización, la capacidad de producción mermará, al igual que la cantidad de cultivos. La pérdida de calidad de los suelos pone en riesgo a la agricultura”, enfatizó Franco.

Para evitar que el panorama empeore en los próximos años, Franco recomienda que las autoridades de la región Caribe realicen una revisión integral de sus políticas de ordenamiento y uso del suelo.

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“Conservar el suelo debe ser un propósito en la región. Es hora de hacer una producción más responsable, en especial en la ganadería. La actividad pecuaria en el país ha sido extensiva, es decir territorios grandes con capacidad de carga baja, lo que contribuye a la pérdida de la fertilidad. Si no se hace el cambio hacia la ganadería intensiva, las inversiones que se tendrán que hacer para recuperar los suelos serán enormes”.

Por último, sugirió una intervención en las zonas de recarga de los ríos, el suministro de riego de manera controlada, disminuir la carga de cabezas de ganado por hectárea e implementar sistemas silvopastoriles para mitigar la deforestación, “pero ante todo cambiar las prácticas culturales asociadas hacia el uso del suelo”.

El mapa del Ideam no solo prendió las alarmas en el Caribe. Algunos terrenos de la región Andina también presentan una salinización grave, específicamente en Valle del Cauca, Cundinamarca, Boyacá, Tolima y Huila, departamentos conocidos como reservas agrícolas con importantes terrenos productivos.

“La fertilización excesiva para los cultivos es la principal causa de la salinización de los suelos en estos terrenos. El fertilizante es uno de los elementos que aumentan la degradación de los suelos, ya que gran parte no termina siendo absorbido por las plantas, sino que por la lluvia se mezcla con los suelos, afectando así su calidad”.

Más impactos

Además del nuevo anuncio por parte del Ideam, la región Caribe sufre por otros fenómenos relacionados con el mal uso del suelo.

Cesar, Córdoba, La Guajira, Atlántico, Magdalena y Sucre están entre los departamentos con más del 70 por ciento de sus áreas con algún grado de erosión, un panorama que está presente en el 40 por ciento del país.

Por su parte, según Germán Darío Álvarez, Subdirector de Agrología del Instituto Geográfico Agustín Codazzi (IGAC), la Costa Atlántica es protagonista en el uso inadecuado que se le ha dado al suelo, un recurso al que catalogó como fundamental para el ordenamiento productivo y ambiental.

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“El 29 por ciento del país cuenta con conflictos de uso del suelo, es decir terrenos que no son utilizados según su vocación. De este total, el 16 por ciento es por sobreutilización o sobrecarga agropecuaria, y el 13 por ciento por subutilización, tierras en donde se desperdicia el potencial. Entre los 10 departamentos con mayor uso inadecuado, seis están en la región Caribe”, informó Álvarez.

En el primer lugar del ranking del IGAC sobre uso inadecuado está Sucre (78 por ciento con conflictos de uso), seguido por Atlántico (73 por ciento), Magdalena (65 por ciento) y Cesar (64 por ciento). Córdoba se ubica sexto con el 62 por ciento de su área y Bolívar octavo con el 54 por ciento.

“El principal problema de los suelos es la ganadería extensiva, una actividad que predomina en el Caribe. El constante pisoteo del ganado causa una compactación que tarda cientos de años en recuperarse. El llamado es para que las autoridades municipales y departamentales hagan uso de toda la información con la que cuenta en país sobre el uso correcto que se le debe dar a este recurso natural”, complementó el Subdirector del IGAC.