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AFP

Con una destreza singular, Francisco Tambriz crea tejidos inspirados en trajes mayas que servirán para confeccionar coloridas bolsas de algodón, eslabón de una de las iniciativas que buscan en Guatemala detener el abuso de la utilización del contaminante plástico. Desde adolescente, Francisco aprendió las técnicas de sus ancestros para tejer en grandes y complejas estructuras de madera, labor que ahora le permite poner su granito de arena para impulsar la reutilización de bolsos de tela, una de las acciones para frenar la polución que generan las bolsas plásticas.

En ríos y calles de poblados urbanos y rurales del país, las bolsas plásticas son parte del paisaje, su uso diario causa impacto en el medio ambiente. Aunque parece una labor titánica, la guerra contra el monstruo plástico se la declaró en 2016 el pequeño municipio indígena maya-tz’utujil de San Pedro La Laguna, asentado en las orillas del paradisíaco lago de Atitlán en el departamento occidental de Sololá. Autoridades y vecinos de esta localidad, a 75 km al oeste de Ciudad de Guatemala, acordaron mediante una prohibición con multas desterrar de sus plazas las bolsas plásticas y los recipientes de poliestireno.

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"Es bueno porque ya no se contamina", dijo a la AFP Felipe, un vendedor de raspados de hielo en el pintoresco poblado que usa vasos de cartón. El comerciante aseguró que, aunque es más caro que el poliestireno, prefiere "sacrificar" parte de su ganancia a cambio de evitar el deterioro ambiental del pueblo. Las carnicerías locales usan hojas de plátano para entregar el producto a sus clientes que incluso "es mejor que las bolsas plásticas porque conservan más fresca la carne", indicó Rosa María Saquic, dueña de uno de estos negocios.

Mil millones de bolsas 

Otro municipio que se sumó a la prohibición de las bolsas plásticas fue el también indígena Acatenango (suroeste), mientras que San Miguel Petapa (centro) y Flores (norte) han anunciado intenciones similares. "Lamentablemente ahorita las bolsas plásticas provocan un desastre", refirió Francisco en su taller en el caserío Patzité del municipio maya-kaqchikel de Nahualá, 85 km al oeste de la capital y también en Sololá.

Francisco y su familia de tejedores forman los primeros eslabones para darle vida a las bolsas de Benam&Co, una empresa que desde hace un año se abre camino en Guatemala para incentivar el uso de bolsos reutilizables de algodón y dejar de depender del plástico que se lleva unos 500 años en degradar. "En Guatemala estamos dando pasos de bebé ante esta problemática que es global", explicó Fernando Grajeda, fundador de Benam&Co.

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La generación de basura por plásticos en Guatemala es tan grave que en octubre pasado una "isla" de desechos proveniente del guatemalteco río Motagua inundó el Caribe hondureño, causando la protesta del vecino país. Grajeda señaló que un estudio propio con estudiantes de la privada Universidad Galileo mostró de forma "conservadora" que en Guatemala se usan cada mes más 1.000 millones de bolsas plásticas en tiendas de barrios, mercados populares y supermercados, entre otros lugares evaluados. Advirtió que esas bolsas desechables son equivalentes a llenar cinco veces el lago de Atitlán con una extensión de 125 km2 y una profundidad de 320 metros, y también acosado por la contaminación.

Problema mayúsculo

El ministro de Ambiente, Alfonso Alonzo, reconoció la gravedad de la situación en Guatemala pero afirmó que el problema debe resolverse "paulatinamente" por medio de diálogos con los empresarios para que se cambien a artículos biodegradables. "No podemos resolver un problema de 50 años en un año", afirmó el funcionario al señalar que existe un proyecto de ley en el Congreso para una eventual prohibición nacional pero que debe consensuarse para evitar complicaciones sociales y perjuicios a la economía.

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El problema se agrava porque solo 40 de los 340 municipios del país tienen relleno sanitario para el manejo de la basura frente a 2.243 puntos que se han detectado como basureros clandestinos, explicó. Según la ONU, cada año más de ocho millones de toneladas de residuos plásticos aparecen en los océanos causando la muerte de cerca de un millón de aves marinas, de unos 100.000 mamíferos marinos y de innumerables peces.