La polémica que se desató en Colombia en torno a la expedición de la resolución que estableció las cuotas globales para la pesca de diferentes especies en el año 2020, dejó al descubierto un oscuro negocio.

El tráfico ilegal de aletas de tiburón hacia mercados asiáticos que podría estarse generando desde el país. Pese a que la exportación de estas partes de los peces se encuentra prohibida en Colombia desde septiembre de 2017, existen indicios de que podrían estar saliendo por territorio ecuatoriano o panameño.  

"A través de Tumaco sale mucho producto ilegal hacia Ecuador. Es posible que por ahí también esté saliendo aleta de tiburón", comentó Nicolás del Castillo, director de la Autoridad Nacional de Acuicultura y Pesca, Aunap, durante una rueda de prensa citada hoy por los ministros de Agricultura y Ambiente para hablar de la posición del Gobierno acerca de la resolución 350 de 2019 sobre cuotas de pesca, emitida por Minagricultura para 2020. 

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El funcionario sostuvo no saber con certeza si se estaba dando o no un contrabando de aletas, pero indicó que, de ser así, serían los mismos pescadores colombianos los que estarían "haciendo la trampa". "No es que vengan extranjeros a pescar acá y luego se lleven el producido", aclaró. 

Del Castillo informó que las aletas de los tiburones que son capturados incidentalmente por los cerca de 65.000 pescadores artesanales que existen en el país en las costas Pacífica y del Caribe, son consumidas en el mercado interno.  

El director de la Aunap aseguró que las aletas son principalmente comercializadas en Asia, donde -según él- un kilo puede estar oscilando en los 25 dólares, "aunque cuando escasea puede llegar a costar más de 300 dólares, mientras que un kilo de carne de tiburón puede estar solo en dos dólares", dijo. 

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Para algunos asiáticos las aletas de tiburón tienen poderes afrodisíacos, mientras que para otros son un símbolo de lujo y poder, al punto que pueden llegar a pagar hasta 1.000 euros. Se estima que en el mundo cada año se comercializan cerca de 50 millones de aletas, pese a que diferentes estudios han advertido que estas partes pueden llegar a contener altas tasas de mercurio. 

"Nosotros tenemos en el país 37 especies de tiburón, que son recursos pesqueros susceptibles de explotación comercial. De esos 37, cinco están en el apéndice II de la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Flora y Fauna (Cites), de la cual hace parte Colombia desde 1981. Para poder aprovechar esas especies se debe contar con el permiso Cites que expide el Ministerio de Ambiente y en la actualidad no se están tramitando", resaltó. 


Los ministros de Agricultura y Ambiente aseguran que las cuotas son necesarias para controlar la pesca de varias especies, incluidas los tiburones. Foto: Ministerio de Ambiente. 

Sobre el particular el ministro de Agricultura, Andrés Valencia Pinzón, indicó que el hecho de que esas especies de tiburón hicieran parte de esa lista no quería decir que no pudieran ser comercializadas. "Se podría hacer, obviamente, en un escenario en el que lleguen los tiburones con las aletas adheridas al cuerpo, por eso se vienen estableciendo cuotas de pesca desde el año 2011", manifestó. Esto para evitar la práctica de pescar al animal, cortarle las aletas y devolverlo agonizante al mar, donde llega al fondo y muere ahogado porque no puede moverse para respirar. A esto se conoce como aleteo.

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El jefe de esa cartera consideró que frente a la última resolución expedida (350 de 2019) se generó una mala interpretación, pues lo que se buscaba era precisamente controlar y regular aún más el comercio de las aletas. "Queremos precisar con la resolución que hay unas prácticas de aprovechamiento del tiburón que son permitidas en la pesca incidental artesanal y otras que no. En Colombia, por ejemplo, está proscrita la práctica del aleteo en el marco jurídico", explicó. 

El funcionario informó que con esos cupos se buscaba poner límites y garantizar la sostenibilidad de los tiburones. Aceptó que hacía falta reforzar los controles y los monitoreos. 

Ricardo Lozano, ministro de Ambiente, a su turno, aseguró que era necesario trabajar más de la mano de las autoridades territoriales y las comunidades para garantizar el sustento económico de las familias pesqueras, pero también la  conservación y protección, no solo de los tiburones, sino también de las rayas y quimeras. 

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"Falta mayor educación e información. Es necesario que se capacite a los pescadores, las autoridades que ejercen los controles y la misma sociedad civil para que aprenda a distinguir entre una especie amenazada, una vulnerable y una en vía de extinción", expresó.  

Frente a la falta de información y estudios técnicos, bajo los cuales se sustentan las cuotas que se establecen cada año, afirmó que se reunirán este jueves con todas las entidades involucradas para priorizar el plan de acción de conservación y manejo de tiburones, rayas y quimeras, de tal suerte que se incrementen los ejercicios de pedagogía, monitoreo y control en cada una de las playas y costas del país.