Un total de 10 osos de anteojos han sido identificados en el Parque Natural Tamaná. A través de cámaras trampa se ha captado a estos animales que están catalogados como vulnerables a la extinción, es decir, que si no se toman acciones para protegerlo, en los próximos años se podría perder hasta el 30% de la población.  

Esta especie, que habita en la cadena montañosa de los Andes, entre Colombia, Venezuela, Perú, Ecuador y Bolivia, es sombrilla para los bosques andinos y su protección contribuye a la conservación de otros animales silvestres y de ecosistemas estratégicos, por lo que los esfuerzos que se realicen en pro de conservarlos, son bienvenidos.

La identificación de estos ejemplares se realizó en el marco del Programa de Monitoreo del Parque y de las actividades del programa Conservamos la Vida, una iniciativa adelantada por la Fundación Grupo Argos, Parques Nacionales Naturales y Wildlife Conservation Society (WCS Colombia), la cual abarca más de 11 mil kilómetros cuadrados entre los departamentos del Valle del Cauca, Cauca y Risaralda, en donde se tiene evidencia de la ocupación de la especie en un 70 por ciento.

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El programa ha demandado una inversión superior a los 3 mil millones de pesos y se ha logrado la intervención de más de 2 mil hectáreas de conservación, a la vez que han trabajado en estrategias de educación ambiental para cerca de 800 estudiantes y docentes. Con la iniciativa se ha logrado establecer un corredor biológico para que la especie pueda movilizarse libremente por el mencionado territorio.

A través de esta alianza se ha logrado la firma de 52 acuerdos con campesinos y propietarios de predios en la zona, número que proyectan incrementar en el presente año con la idea de continuar con la recuperación de la conectividad de este corredor que resulta fundamental para la especie, pues abarca los Parques Nacionales Tatamá, Farallones y Munchique. 

“Estamos muy emocionados con los nuevos individuos de la especie que encontramos porque demuestra que, trabajando en equipo con los habitantes de la región y un grupo de aliados estratégicos, estamos logrando la conservación del oso andino. Las familias aliadas se han convertido en guardianes de esta especie y gracias a las iniciativas de producción sostenible del programa, hemos logrado aportar a la mejoría de su calidad de vida”, afirmó Ana Mercedes Villegas, directora ejecutiva de la Fundación Grupo Argos.

Por su parte, Juan Carlos Troncoso Saavedra, jefe del Parque Nacional Natural Tatamá, manifestó que la protección del oso de anteojos asegura la conservación de los páramos, bosques de niebla y las especies que habitan estos ecosistemas.

Explicó que de estos espacios viene gran parte del agua que consumen los colombianos. "La presencia del oso de anteojos es un indicador de buena salud de los ecosistemas, por lo que este avistamiento es una señal muy importante sobre el trabajo de conservación que estamos adelantando”.

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El oso andino es el único de América del Sur y tiene presencia en 23 Parques Nacionales Naturales de Colombia. Es considerado el guardián de los páramos, sus camadas pueden llegar a tener hasta cuatro crías y, en su adultez, pueden alcanzar un peso superior a los 170 kilos. Es un animal mayormente vegetariano, que, al migrar constantemente, dispersa semillas sobre grandes superficies, por lo que cumple un rol importante para la renovación, conservación y futuro de los bosques andinos. Esta es una especie que está amenazada por la ganadería extensiva y la extensión de la frontera agrícola. 

Café Oso Andino

Dado este panorama y el interés de diferentes organizaciones de proteger esta especie, de la cual no hay claridad de cuántos ejemplares existen en el territorio nacional, este jueves se lanza el Café del Oso Andino, el primero producido por campesinos para la protección de esta especie, el cual fue producido por 10 familias de El Águila, en el Valle del Cauca, luego de recibir ayuda técnica por haber tomado la decisión de destinar parte de sus fincas a la conservación e impulsar un corredor biológico para la especie. 

Este proyecto, que surge como producto de los acuerdos firmados por los campesinos en el marco de Conservamos la Vida, fue cultivado respetando las normas ambientales y hace parte de un proyecto piloto que espera continuidad con el apoyo de la empresa privada. Las familias dispusieron 365 hectáreas en total para resguardar el tránsito del oso y lograron producir 776 kilógramos de café de las variedades Caturra, Castillo y Colombia.

De esta forma, las comunidades se han unido a las iniciativas tendientes a la conservación de esta especie clave para la supervivencia de otras tantas que habitan en sus mismos ecosistemas.