Frenar la deforestación se convirtió en la convicción de los abuelos mayores de las veredas de El Naranjal, Las Pilas y Santa Clara en el municipio de Argelia (Cauca). Desde mediados de la década de los 80 vieron que la frontera agrícola parecía no tener control, las fuentes hídricas estaban en riesgo y las diferentes especies de animales y plantas comenzaron a desaparecer.

Le sugerimos: El canadiense que soñaba con restaurar los bosques nativos del Vichada

Los mayores promovieron el desarrollo de una serie de acuerdos veredales y de forma autónoma comenzaron a proteger diferentes áreas estratégicas de la Serranía El Pinche, esa cadena montañosa rica en bosques andinos y alto andinos con las áreas de robledales más extensas en la cordillera occidental, zonas de páramos aislados y el donde están los nacimiento del río San Juan del Micay y sus tributarios.

Son más de 20 las veredas que ahora hacen parte de los acuerdos veredales de conservación de la Serranía El Pinche.  Foto: Liliana Paz

“Los abuelos se dieron cuenta que  los recursos naturales se estaban perdiendo a pasos agigantados, la tala de árboles era mucha y las aguas iban mermando. Así que ellos empezaron ese proceso en tres veredas”, contó Martha Hoyos, una joven de 24 años que vive en la vereda Las Pilas, que queda en el corregimiento El Naranjal.

El trabajo de diferentes académicos e investigadores le dieron fuerza a la iniciativa comunitaria. Es el caso, de la labor realizada por el ecólogo Marnix Becking, que desde 1992, comenzó a estudiar las relaciones ambientales y socioculturales presentes en la cuenca alta del río San Juan del Micay para plantear un modelo de conservación que contemplaba elementos de desarrollo rural. Sus trabajos llevaron además a demostrar la singularidad de los páramos en la Serranía El Pinche y su importancia, así como a la posterior identificación de diferentes especies endémicas en la zona.

Le puede interesar: Palmarito: La conservación con efecto dominó

Los habitantes de las tres veredas conocedoras de las riquezas y amenazas presentes en su territorio después de varias reuniones y asambleas decidieron en 1997 solicitar la declaración de una zona de reserva. De forma independiente delimitaron el área de conservación definiendo el límite de la frontera agropecuaria y a través del diálogo convencieron a cada uno de los vecinos de la importancia de preservar este corredor biológico que une las regiones Pacífico y Andina.

En los acuerdos se contemplan multas por realizar afectaciones al área protegida. Foto: Fundación Ecohabitats

“Siempre existen algunas dificultades a la hora de hacer estos acuerdos. Hay personas tercas o que no conocen los beneficios que puede traer la conservación, pero cuando empiezan a ver la transformación se involucran en esos procesos. Lo más difícil fue convencer a las personas que no era bueno talar cerca del agua de los ríos, de no hacer quemas, pero con procesos de educación y sensibilización todo cambió y ahora hay personas que dan parte de sus terrenos para conservación”, dijo Lucy Esperanza Mamian, miembro de la Vereda Nuevo Horizonte y que trabaja en la Asociación Agroambiental Santa Clara.

Un pacto por la Serranía El Pinche

El compromiso ambiental que inició en estas tres veredas de Argelia fue tan fuerte que, a pesar de estar históricamente en una zona de conflicto, los diferentes grupos armados ilegales que hacen presencia en el territorio respetan los acuerdos de la comunidad. La expansión de los cultivos de coca, la minería, la deforestación o la pesca sin control son actividades que en lo alto de la Serranía El Pinche nadie puede realizar.

De forma autonoma la comunidad delimita las zonas de protección y las de usos sostenible de recursos. Foto: Luis Alfonso Ortega.

“La neutralidad es la que nos ha permitido realizar esta labor, no somos parte del conflicto. Cada definición sobre esta área es comunitaria, las sanciones son comunitarias. Las personas que son sorprendidas talando, pescando, quemando o realizando labores indebidas se les multa y se les exponen los acuerdos, pero hasta las sanciones son concertadas. La neutralidad en el proceso ha sido la clave del éxito”, aseguró Jesús Alveiro Bolaños, director de la Asociación Agroambiental Santa Clara Serranía El Pinche.

Le puede interesar: Reservas de la Sociedad Civil: áreas protegidas en casa

Esa titánica labor se ha mantenido firme incluso en los momentos más cruentos del conflicto armado. Las comunidades de las veredas conformaron la Asociación Agroambiental Santa Clara Serranía El Pinche y promovieron de forma conjunta con la Fundación Ecohabitats la declaración de una reserva forestal protectora.  

La Serranía El Pinche cuenta con 25 especies de plantas endémicas. En la foto la Besleria Santaclarensis. Foto: Cortesía de publicación científica Fundación Ecohabitats.

El trabajo articulado contó con el apoyo de organizaciones como Conservación Internacional Colombia, esto permitió que las comunidades en 2008, después de muchos años de esfuerzo, pudieran declarar 7.256 hectáreas como Reserva Forestal Protectora Regional Serranía del Pinche

Una declaración que no solo fue celebrada por la comunidad por la conservación de los bosques, sino porque es el reconocimiento de su autonomía y conocimiento de la serranía. 

A diferencia de los Parques Nacionales, las Reservas Protectoras Regionales tienen su administración en las misma comunidad que trabaja de forma conjunta con la Corporación Autónoma Regional del Cauca. Los habitantes de estas veredas se comprometen con la conservación a largo plazo del área protegida y delimitan en cuáles zonas se puede hacer uso sostenible de los recursos naturales.

Le sugerimos: Cuando el milagro del agua se hizo al norte de Ocaña

“Cuando hay un principio de autonomía, un sentido de pertenencia por el territorio, cuando las comunidades sienten que los proyectos son de ellos y para ellos, la gente misma hace que las normas se cumplan. Por eso es importante el reconocimiento de la autonomía. Este proceso lo impulsaron mis padres y yo lo he seguido y entre todos hemos evitado la deforestación de la reserva y evitamos su colonización”, manifestó Bolaños.

Las comunidades hacen monitoreos en las áreas de conservación así como el trabajo de avistamiento de aves. Foto: Jaime Hoyos.

El trabajo de conservación fue tan exitoso que con el paso del tiempo más personas se unieron a estos procesos de protección. Ahora son 20 veredas las que hacen parte de los acuerdos. “Prácticamente más de la mitad de lo que corresponde a nuestro territorio (vereda Nuevo Horizonte) fue destinado a la reserva ambiental son 2.282 hectáreas que se donaron para que sumen a ese cordón de la Serranía El Pinche”, agregó Mamian.

Los tesoros de la Serranía El Pinche

La Serranía El Pinche tiene una extensión aproximada de 48.900 hectáreas, se encuentra en un rango altitudinal que varía entre los 2.200 y los 3.800 metros sobre el nivel del mar. En la parte del oriente y al sur limita con el río San Juan del Micay, lugar de conservación de las comunidades. 

La serranía es considerada estratégica por su gran biodiversidad, muchas de sus áreas aún no son exploradas completamente y es el hogar de 350 especies de aves, que representan el 18 por ciento del total de las que se encuentran en el país. Alberga bosques andinos y subandinos de robledales y las zonas de pino colombiano más extensas en la cordillera occidental. 

19.132 hectáreas de la Serranía El Pinche se conserven intactas gracias a los acuerdos veredales. Foto: Luis Alfonso Ortega

Su variedad ambiental se completa con la singularidad de sus páramos, únicos en la cordillera, con el nacimiento del río San Juan del Micay, tributario del Océano Pacífico. Tiene ocho aves endémicas de las cuales destacan el zamarrito del Pinche (Eriocnemis isabellae) y el cucarachero de Munchique (Henicorhina negreti) que se encuentran en estado crítico de conservación. 

Le puede interesar: La misión de un llanero que aprendió a escuchar su tierra

El listado de especies endémicas de las Serranía El Pinche es más amplio ya que cuenta con 25 especies de plantas únicas, de ellas la Ronnbergia campanulata se encuentra en peligro de extinción. Nueve especies de anfibios habitan la serranía, cinco de ellas endémicas y 42 mariposas diurnas también viven allí.  

El zamarrito del Pinche (Eriocnemis isabellae) es un ave endémica de la Serranía El Pinche que se encuentra en estado crítico de conservación. Foto: David Angulo.

El trabajo realizado por las comunidades por la conservación del ambiente ha dejado grandes resultados.  Un análisis espaciotemporal realizado entre 2002 y 2017 determinó que los esfuerzos de conservación de la comunidad, han permitido que el 90,4 por ciento de las 19.132 hectáreas se conserven intactas por las presiones de la deforestación.

Los nuevos retos de los defensores del a Serranía El Pinche

Las 20 veredas que ahora hacen parte de los acuerdos cada vez suman más territorios a esa reserva protectora y buscan su reconocimiento. Entre 2017 y 2018 las familias identificaron otras 11.930 hectáreas que esperan sean reconocidas y ampliar la zona de conservación a 19.186 hectáreas. En este proceso cuentan con el apoyo del Fondo de Alianzas para Ecosistemas Críticos (CEPF), que a través de una alianza con Patrimonio Natural y Ecohabitats, ayudaron a la reactivación de los pactos comunitarios y procesos de protección luego de la firma de los Acuerdos de Paz.

Pamianthe Ecollis es otra de las especies de plantas que son protegidas por los acuerdos de la comunidad. Foto: CEPF - Fundación Ecohabitats

Aunque su trabajo de conservación, protección y defensa por estos espacios ya se está dando en territorio, el reconocimiento de las nuevas áreas como parte de la Reserva Forestal Protectora Regional Serranía del Pinche no se ha logrado. “En Argelia hay una desactualización cartográfica que viene desde los tiempos del Incoder y esto ha frenado el proceso. Entonces cuando se quiso ampliar formalmente el área no se pudo. Desde el Ministerio del Interior certificaron que eran zonas donde había comunidades étnicas y debían hacerse consultas previas, pero no hay comunidades étnicas, todo surge por la desactualización cartográfica”, manifestó Liliana Paz, directora de la Fundación Ecohabitats.

Paz también agregó que: “Esto implica que si hoy hay solicitudes mineras y se conceden títulos mineros puede estar en riesgo todo el esfuerzo de conservación de las comunidades. Por ahora estamos a la espera de que la Agencia Nacional de Tierras le dé prioridad al municipio de Argelia para la actualización del catastro, ya que este es un problema nacional”.

Los páramos de la Serranía El Pinche son únicos en la coordillera occidental. Foto: David Angulo.

“Como asociación nuestro desafío es unir el corredor de la Serranía El Pinche con otras comunidades como El Tambo o Guapí, además de continuar con los procesos de conservación del Zamarrito del Pinche y otras especies”, complementó Martha Hoyos.

Pero esa no es la única meta de estas comunidades, ya que uno de sus grandes desafíos es que esa labor de conservación pueda articularse con sus proyectos económicos y formas de vida sostenibles y que permitan mejorar su calidad de vida.

“El objetivo principal es que la Serranía se conserve, que nuestros hijos y nietos dentro de un tiempo puedan decir que esto valió la pena. Tenemos agua limpia, bosques, fauna y buscamos vincularlas a procesos de producción agropecuaria sostenible, al turismo, el comercio, la producción. Que podamos tener profesionales en la región y gestionar muchas alianzas, teniendo claro que lo primordial es conservar la Serranía El Pinche”. concluyó Bolaños.