Sin importar cuánto se incrementen las temperaturas como consecuencia del cambio climático, los colombianos siempre podrán tener en su plato unos ricos frijoles como parte de su dieta alimentaria.

Tanto investigadores como empresarios han comenzado a trabajar con miras a hacerle frente a los cambios bruscos que evidencia el clima, que se han convertido en una amenaza para los medios de subsistencia y la seguridad alimentaria.

De hecho, este fenómeno podría ser un obstáculo que impediría alcanzar el crecimiento necesario de un “60 % en la producción mundial de alimentos para 2050”, según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).

En el país se han comenzado a adelantar procesos genéticos con el mejoramiento de la semilla particularmente del fríjol, uno de los granos que más se consume en el país, siendo las variedades cargamanto y bola roja, las de mayor demanda, que se producen especialmente en zonas frías.

Henry Vanegas, gerente de la Federación Nacional de Cerealistas y Leguminosas  (Fenalce), manifiesta que para esto se crearon viveros de frijoles en coordinación con el Centro Internacional de Agricultura Tropical (Ciat), con el fin de validar opciones con materiales que se adapten a zonas de mayores temperaturas. Estos proyectos están ubicados en zona cafetera de Antioquia, Tolima y Huila.

La idea de iniciar con este grano, explica Vanegas, obedece a que es una de las fuentes de proteína más económica y se trata de un producto que tiene una marcada preferencia en los hábitos de consumo de los colombianos. Adicionalmente, los frijoles volubles tienen mayor opción de ser competitivos tanto en el mercado local, como externo.

En 2016, el Ciat liberó la variedad de fríjol SAB-618 que presenta mayor resistencia a la sequía. El Ciat, además trabaja de la mano con instituciones de investigación como Agrosavia en el desarrollo de semillas de arroz y yuca tolerantes a la sequía.

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Vanegas explica que el Ciat tiene un banco de semillas que fueron recolectadas durante años, un banco de genoplasmas en donde se almacena toda la diversidad biológica y genética de cada especie.

“Esto lo que permitirá es que cuando las condiciones del clima cambien se hará uso de semillas que se recolectaron de zonas en las que ya había unas temperaturas un poco más elevadas”, dice el presidente de Fenalce, quien explica que dado este almacenamiento no se requiere de importar nuevos materiales porque se tiene la base genética que permite realizar selecciones y cruces de semillas sin necesidad de hacer modificaciones genéticas o del genoma de la planta. Todo lo hacen con métodos de mejoramiento convencionales.

En este momento, dadas las investigaciones ya se han comenzado a lanzar al mercado variedades biofortificadas que buscan ofrecer mayor cantidad de hierro.

También evalúan variedades de maíz con el fin de tener opciones de producción en los diferentes pisos térmicos. Por ejemplo, hay proyectos en Cereté, en los Llanos Orientales, Tolima y Huila, para evaluar la formación del grano y que se garantice su buen rendimiento y su oferta.

Otras investigaciones

Según la Asociación Colombiana de Semillas (Acosemillas), en el caso de forrajes -plantas cultivadas para dar de comer a los animales- desarrollan investigaciones con mayor resistencia a encharcamiento y otras instituciones como Cenicaña trabajan en variedades de caña con mayor resistencia al déficit hídrico.

Estos desarrollos buscan hacerle frente a los cambios climáticos que seguirán ocurriendo, y tal como lo dice la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (Ocde), adaptar a la agricultura a los mismos es clave en momentos de incertidumbre.

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En general la tendencia en el mejoramiento vegetal es el desarrollo de cultivos no sólo más resistentes a déficit o exceso hídrico, sino también a plagas y enfermedades, mayor eficiencia en la absorción de nutrientes y mayor productividad. En este sentido, la semilla es un insumo del cual no se puede prescindir y es determinante en los rendimientos del cultivo. De acuerdo con estudios de la Federación Internacional de Semillas (ISF), el aumento en los rendimientos (producción) está dado por el componente genético (semilla), los insumos y las prácticas agronómicas.