Colombia cuenta con 37 complejos de páramos, ecosistemas que abarcan más de 2,9 millones de hectáreas y los cuales son conocidos como fábricas o esponjas de agua. Estas cifras hacen que el país ostente un título planetario: albergar 50 por ciento del total de páramos en todo el mundo. 

En estos sitios, ubicados a más de 3.000 metros sobre el nivel del mar, nace el agua que luego fluye por los ríos y quebradas. Su vegetación, representada en frailejones, musgos y arbustos pequeños, capta el líquido vital en época de lluvia y luego lo libera en sequía. También son hervideros de biodiversidad, donde habitan especies como águilas, osos, cóndores y pumas.

Le sugerimos: ¿En qué va la ley de páramos?

A pesar de su importancia, los páramos han sido vulnerados por diversas actividades, como la minería, el pisoteo constante del ganado y la aplicación de químicos y fertilizantes de la agricultura, las cuales han afectado sus funciones vitales, la flora y fauna endémica, y la calidad de sus suelos. 

La región cundiboyacense es una fábrica de agua por la alta presencia de estos ecosistemas. Boyacá es el departamento con mayor cantidad de tierras con páramos, cerca de 600.000 hectáreas, mientras que Cundinamarca alberga al páramo más grande del mundo: Sumapaz. Sin embargo, estas zonas no han escapado de los impactos generados por la mano del hombre.

A raíz de esto, la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca (CAR) contrató al Instituto Geográfico Agustín Codazzi (IGAC) para que realizara varios estudios de los suelos y coberturas vegetales en siete complejos de páramo en ambos departamentos: Iguaque-Merchán, Altiplano Cundiboyacense, Chingaza, Sumapaz-Cruz Verde, Rabanal-río Bogotá, Guerrero y Guargua-Laguna Verde.

Le recomendamos: De nuevo, ¿Los páramos en el limbo?

En total, el IGAC tendrá bajo la lupa más de 180.000 hectáreas de estos páramos, con el fin de obtener muestras e información para elaborar un estudio multitemporal de coberturas y uso de la tierra, y otro de suelos a escala 1:10.000, insumos que permitirán conocer sus afectaciones ambientales. El contrato suscrito con la CAR tiene un valor por más de 6.000 millones de pesos.

Según el Instituto, estos estudios, que arrancaron a finales de septiembre y culminarán en 18 meses, le permitirán a la CAR evidenciar los cambios que han sufrido las zonas de páramos respecto a los usos y coberturas de la tierra, por medio de una comparación de imágenes y mapas. Además, conocerá qué tan afectados están los suelos de estos ecosistemas desde 2011.

“Estos insumos son muy importantes para conocer la evolución y el estado de estos suelos de páramo. La Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca contará con información fundamental para tomar medidas que tiendan hacia la protección y conservación de estos ecosistemas vitales”, dijo Evamaría Uribe, directora general del IGAC.

El Instituto también dará línea sobre los pasos a seguir para mantener en buen estado los suelos de las zonas de páramo, al igual que recomendaciones para que, en el caso de estar afectados, puedan recuperar su estado natural.

Llamado al campesino

Guillermo López, subdirector de Agrología del IGAC, le recomendó a los agricultores de estos departamentos proteger los suelos con cobertura vegetal de residuos de los cultivos, una acción que permite reducir los impactos ambientales negativos.

“Los suelos se ven afectados por la acción demoledora de la lluvia, la compactación de los suelos causada por la ganadería y maquinaria, así como por el uso de la labranza en sentido de la pendiente. El llamado es a hacer un buen uso del suelo, lo que a su vez mitiga la ocurrencia de derrumbes y deslizamientos”, dijo. 

Te puede interesar: El temor de la gente de los páramos

El directivo del IGAC aseguró que con los nuevos estudios que adelanta en los páramos de ambos departamentos, que incluyen mapas de las coberturas actuales y conflictos de uso del suelo, la CAR conocerá lo que está ocurriendo en estos ecosistemas.

“Identificaremos tanto las áreas que presentan buen estado ambiental como las destinadas a agricultura y ganadería, es decir, las zonas que están siendo sobreutilizadas por la actividad agropecuaria”, concluyó López.