La destrucción de los hábitats, la intervención irresponsable del espacio costero y el cambio climático son las principales amenazas que se ciernen hoy sobre los océanos colombianos. Sin embargo, no son las únicas. El olvido al que han sido sometidas estas áreas por años, se ha convertido en uno de los principales detonantes de su situación actual. Los arrecifes coralinos, manglares y fondos blandos, entre otros ecosistemas marinos, están en peligro.

Se trata de una realidad preocupante, pues estas zonas son clave para la conservación del planeta. Francisco Arias, director del Instituto de Investigaciones Marinas y Costeras (Invemar), dijo que la producción de oxígeno en el mar es casi dos veces la de las selvas y los bosques de la parte emergida del planeta. Además tienen la capacidad para mantener la regulación climática, razones de peso para cuidarlos.

“Los mares colombianos tienen valles, cordilleras, caños y escarpes, lo que le brinda al país unas características especiales desde el punto de vista biogeográfico, pues responden por toda esa biodiversidad y riqueza; sin embargo, son áreas olvidadas”, manifestó.

En el marco del seminario “Enfoques y prácticas de conservación ambiental", organizado por la Universidad Javeriana, el investigador llamó la atención sobre lo que sucede en estas zonas que están siendo impactadas y desapareciendo por cuenta de la mano del hombre.

El área de arrecifes coralinos en el país es pequeña, tiene en total de 111.000 hectáreas por la falta de de conservación. Sin embargo, estos ecosistemas son determinantes desde el punto de vista biológico, social, cultural y económico, pues son clave para garantizar la seguridad alimentaria de muchas comunidades.

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De igual forma, juegan un papel importante en la estabilidad planetaria debido a que actúan como depositarios de CO2, de manera eficiente y a diferencia de lo que sucede con los ecosistemas terrestres, la mayor parte de las emisiones de carbono que capturan jamás vuelven a la atmósfera. “Esto es muy importante en el ciclo del carbono y estos ecosistemas han sido olvidados en la discusión del cambio climático”, aseguró Arias.

En cuanto a los pastos marinos, solo hay 43.000 hectáreas, que están situadas principalmente en el Caribe. Este dato, según Invemar, corresponde a la mitad de los que había a principios del Siglo XX.

Las actividades humanas alrededor de las grandes ciudades en la Costa los han hecho desaparecer. Francisco Arias, precisó que el sitio más crítico en términos de pérdida es la Bahía de Cartagena y sus alrededores, pues sus pastos marinos desaparecieron con su importancia ecológica y de producción de oxígeno. Los más relevantes hoy están ubicados en la Península de La Guajira.

Situación de los manglares

No diferente es la situación de los manglares, zonas de las cuales Colombia tiene alrededor de 300.000 hectáreas en el Pacífico y 87.000 en el Caribe. Sin embargo, tiene tres ecosistemas que en estado crítico: la Bahía de Cispatá, la Ciénaga Grande de Santa Marta y el Golfo de Urabá.

Los fondos blandos también están siendo afectados por la exploración y explotación de hidrocarburos, situación preocupante si se tiene en cuenta que representan el 95% del total del territorio marino del país. Estos ecosistemas son los principales depositarios del carbono y del fitoplancton que hay en el fondo de los océanos.

Es tal el olvido al que han sido sometidos los mares y los océanos, que en el país muy poco lo que se habla de su territorio, por ejemplo.  Se dice que el territorio colombiano tiene 1.134.000 kilómetros cuadrados; no obstante, este dato corresponde a la parte emergida, pero no se mencionan los más de 900.000 kilómetros de aguas marinas y submarinas.

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“Hay valores olvidados marginales a los circuitos económicos y sociales del país y las comunidades costeras son las más vulnerables y alejadas de la nación, pues son muchos los sitios en los que la única forma de llegar es por mar, dado que no hay ni carreteras, ni aeropuertos y la única alternativa son lanchas, con distancias enormes en tiempos y en costos”, manifiesta Arias.

Por esta razón, una de las responsabilidades del país, en general, es acercar a estas comunidades y permitirles ser parte de esos circuitos, dado que ellas pueden hacer grandes aportes al desarrollo social y económico del país. Es claro, que la tarea está por hacer y que es hora de mirar y valorar las oportunidades que brindan estas grandes extensiones de agua.