Mientras el mundo advierte sobre una posible extinción de abejas, en Colombia la situación parece ser diferente, pues de acuerdo con datos de la Cadena Productiva de las Abejas y la Apicultura (Cpaa), del Ministerio de Agricultura, el número de colmenas ha ido en aumento. Mientras en 2012 había 88.111, al cierre del año pasado ascendió a 114.509, aproximadamente.

De la mano del crecimiento en el número de colmenas también se evidencia un aumento en los volúmenes de producción. Por ejemplo, en 2017 en el país se tuvo una producción récord de miel con 3.600 toneladas de este producto.

Fabio Diazgranados, presidente de la Federación Colombiana de Apicultores y Criadores de Abejas (Fedeabejas), dice que contrario a lo que se ha venido diciendo en torno a la desaparición de esta especie, en el país no se ha perdido ni el 30 y menos el 50 por ciento de las colmenas, como se ha querido mostrar. “Impacta leer que ha desparecido el 45% de las colmenas y cuando esto se compara con la realidad no se encuentra mucho acidero”, dice.

Las abejas requieren cuidado, no porque se esten extinguiendo, sino porque son un insecto de gran valor para los cultivos; y la mejor forma de protegerlas es brindándoles mayores y mejores condiciones, dice.

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La proyección de los empresarios dedicados al desarrollo de esta actividad, es que en el año 2020 se llegue a 150.000 colmenas y se alcance una producción superior a 4.000 toneladas de miel al año, proyección que debe ir acompañada de un aumento del consumo, pues en este momento los niveles del mismo son muy bajos con apenas 70 gramos al año.

El directivo considera que el país tiene todas las condiciones y la riqueza para ser líder apícola en la región, pues hay un preocupante desperdicio de recursos. Reconoce que hay interés de empresas tanto locales como externas que quieren realizar inversiones y esto lo debe aprovechar el sector, con el fin de ganarle la batalla a las importaciones ilegales. “Si no hacemos la tarea, otros la van a hacer por nosotros”, dice Diazgranados.

Para los empresarios del sector, las oportunidades están dadas; pues entre 70 y 80% de la demanda de miel en el país es insatisfecha y además, la cadena apícola también produce y comercializa polen y propóleos.

Hasta el año pasado el departamento de Córdoba era líder en producción de miel, pero con nuevos proyectos en el bajo cauca antioqueño, Antioquia se ha venido consolidando en el sector, por lo que estos dos departamentos ya representan el 20% de la producción total de este producto en el país.

De igual forma, en los Llanos orientales se ha incrementado el desarrollo de proyectos apícolas, dada la oferta de la acasia mangium, un árbol que produce néctar extrafloral más de la mitad del año, apto para las abejas. Según Diazgranados, en el altiplano cundiboyacense se produce el mejor polen producto de la biodiversidad que permite obtener una materia prima rica en proteínas y vitaminas.

El 90% de la apicultura colombiana está representado por pequeños apicultores que en promedio no manejan más de 20 colmenas. “Es necesario proteger la apicultura artesanal y si es posible llevarla a mediano tamaño.  No se pueden establecer normas y regulaciones que terminan afectando a los pequeños productores”, dice el directivo, quien precisa que en el país hay unos 3.500 apicultores, que generan alrededor de 7.000 empleos directos y unos 20.000 indirectos.

Cero exportaciones

Por ahora Colombia no exporta ninguno de los productos que se extraen de las colmenas. Diazgranados señala que en este momento el mercado internacional tiene una gran oferta de mieles de dudosa calidad y el precio internacional de este producto al apicultor colombiano no le favorece; pues el interno es superior.

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Precisamente, el precio es una de las principales preocupaciones de los empresarios que se dedican a esta actividad, pues se está registrando mucha presión de mieles foráneas que ingresan de forma ilegal al país, especialmente a través de la frontera con Venezuela y que ingresan a muy bajo costo.

Esto ha generado que el producto nacional se esté comenzando a quedar almacenado porque para los industriales es difícil competir con precios bajos, dado que los costos de producción son elevados.

A esto se adiciona un problema de falsificación del producto. Diazgranados considera que cerca del 80% de la miel que se consume en Colombia es falsificada; es decir, que no cuenta con los registros sanitarios requeridos y que evaden las normas establecidas por el Invima, lo que no solo sugiere un engaño a los consumidores y posibles afectaciones a la salud; sino un golpe a la industria legalmente constituida.