Las consecuencias del cambio climático son inminentes y no son cosa del futuro. La posibilidad -cada vez más cercana- de que Ciudad del Cabo, la segunda más poblada de Sudáfrica, se quede sin agua en poco tiempo, es solo uno de los efectos generados por factores como las altas temperaturas, que han obligado a sus 4 millones de habitantes a reducir el consumo de este preciado líquido.  

Sin embargo, no es la única problemática de la que por estos días se habla. La casi inminente desaparición de un país como consecuencia de diferentes factores climáticos, llama la atención de propios y extraños.

Se trata de Kiribati, un archipiélago compuesto por 33 atolones, ubicado en medio del Océano Pacífico y en el cual habitan unas 100.000 personas, que cada año son las primeras en recibir el Año Nuevo, dada su ubicación geográfica.

Foto: Flickr.com

Esta nación insular está en riesgo de desaparecer, producto del incremento en los niveles del agua del mar. Desde hace unos 25 años, el nivel comenzó a crecer entre 1 y 4 milímetros cada año; y, según especialistas, si la tendencia se mantiene quedará literalmente “ahogado” en pocas décadas.

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En 1989 se generó la primera alerta en torno a cuál podría ser el futuro de este país. Un informe de la Organización de Naciones Unidas advirtió que el mismo sería la primera víctima del cambio climático, por lo que su nombre comenzó a sonar por todos lados. En foros, cumbres climáticas, programas de televisión y encuentros de líderes se abordaba la situación de Kiribati; pues el gobierno de ese momento trabajaba en la búsqueda de salidas a la situación.

Anote Tong, su presidente entre 2003 y 2016, diseñó en estos años un plan de evacuación de los habitantes de este país hacia las Islas Fiyi; sin embargo, el objetivo no se cumplió como se esperaba. Tong se convirtió en su embajador por todo el mundo, tratando de encontrar apoyo; principalmente económico, el cual al final del día no es la solución.

Sin embargo, las cosas cambiaron en 2016 cuando perdió las elecciones y el nuevo mandatario, Taneti Mamau, dice el diario El Español, quiere borrar la imagen catastrófica del país y mostrar una cara más amable de lo que sucede, desconociendo una realidad que está ahí y que no desaparecerá porque se venda la imagen de que las arenas son siempre blancas.

Frente a esta situación, que desde hace tiempo han dado a conocer los principales diarios del mundo, hay quienes han propuesto como una opción el traslado de este país a una megaciudad como Tokio o Los Ángeles, ya que sus 100.000 habitantes podrían ser absorbidos sin mayores inconvenientes. No obstante, esto implicaría la pérdida de toda una cultura y no es precisamente lo que las personas que viven allí quieren.

Las épocas de lluvias generan precipitaciones. Foto: Getty

Lugar turístico, pero lejano

Como consecuencia de su lejanía, Kiribati es uno de los países menos visitados del mundo. El número de turistas al año no supera los 6.000, aunque atractivos no le faltan. Es un país con una temperatura anual que varía entre los 25 y los 33 grados centígrados y es propicio para los amantes de la pesca y el buceo.

En el oeste del país se encuentra el grupo de islas Gilbert, que ofrece experiencias culturales; mientras que en su capital, Tarawa, la oferta es de sitios históricos y artefactos que recuerdan una de las batallas más fuertes de la Segunda Guerra Mundial, que tuvo como epicentro precisamente a esta ciudad.

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Es una nación muy pobre, cuyos habitantes -en su mayoría- están concentrados en la capital, que a su vez, es el principal foco económico. El éxodo rural deja los campos cultivables desiertos y a merced de la erosión costera, que cada día gana mayores proporciones de terreno.

Como si esto fuera poco, los núcleos poblaciones ven cómo los acuíferos, únicos suministros naturales de agua potable, se ven afectados por la sequía y la sobreexplotación, y contaminados por aguas negras.

En contrapartida, las épocas de lluvia ocasionan precipitaciones que generan destrucción y la nación es especialmente vulnerable a los ciclones cada vez más intensos. Por ejemplo, el ciclón Pam, que se registró en 2015, dejó entre otros daños las murallas marítimas dañadas, según un informe publicado en el Singapore Journal of Tropical Geography.

Es un hecho que los habitantes se preparan cada día para lo peor. Es muy posible que en pocas décadas tengan que abandonar su territorio y migrar a otros lugares desde donde podrán observar como el Pacífico devora las tierras en las que hoy se encuentran sus viviendas y propiedades y que hacen parte de su arraigo cultural.