La contaminación se ha convertido en un problema que le pasa una costosa factura al ambiente y a la salud del ser humano. La mala calidad del aire se ha convertido en una de las principales causas de enfermedades y hoy cuando se celebra el Día Mundial del Medio Ambiente es un buen momento para validar sus impactos.

De acuerdo con datos del Observatorio Nacional de Salud (ONS), esta problemática causa al menos 17.500 muertes en el país cada año, producto del material particulado que se encuentra en el ambiente ocasionado en una gran parte por la combustión vehicular y la producción de residuos generados en los procesos industriales.

Los impactos en la salud y las muertes ocasionadas como consecuencia de no respirar un aire limpio, y que afecta principalmente a adultos mayores y niños, también le pasa cuenta de cobro a la economía nacional.

Javier Toro, profesor del Instituto de Estudios Ambientales de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional, indica que según un estudio realizado en 2014 por el Programa de las Naciones Unidas, el Ministerio de Medio Ambiente y el Instituto Von Humbolt, el costo de la degradación ambiental puede ser equivalente al 3,5% del Producto Interno Bruto (PIB), del país.

Sin embargo, este no es el único impacto, pues a este es necesario agregarle costos que son asociados a la salud, debido a que en la degradación ambiental normalmente solo se tienen en cuenta aspectos como la degradación de los suelos, el agua y la atmósfera, etc.

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Para el año 2015, se realizó un estudio en el que se evalúan los costos en la salud asociados a la degradación ambiental, en el cual se determina que estos ascendieron a $20,7 billones, dato que representa el 2,6 por ciento del PIB para ese periodo, de acuerdo con datos del Departamento Nacional de Planeación dados a conocer en 2017. La contaminación del aire es la que mayor afectación genera.

En ese periodo, dice Toro, se registraron 13.618 muertes y se presentaron 98 millones de consultas relacionadas con el tema de degradación ambiental. Si se suma el 3,5% de degradación ambiental física y 2,6% asociado a los problemas de salud, se puede concluir que esta problemática puede pesar más del 6% del PIB. Si se esto se compara con lo que Colombia invierte en Ciencia y Tecnología, que es más o menos el 0,4% del PIB, hay una gran diferencia.

Entre los más contaminados

De acuerdo con el último reporte Greenpeace/AirVisual 2018, dado a conocer hace un par de semanas, Colombia ocupa el quinto lugar de los países más contaminados en Latinoamérica, después de México, Chile, Perú y Brasil, siendo Bogotá y Medellín las ciudades más afectadas.  

Los países ricos son los mayores contaminantes del mundo y según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), Latinoamérica contamina solo un tercio de lo que lo hacen Europa y Norteamérica, y 10 por ciento del total del mundo; aún así los niveles de material particulado en el aire en los territorios de la región son altos.

En Bogotá, dicen los expertos, la falta de un sistema masivo de transporte menos contaminante como el metro, el gran número de vehículos que funcionan con diésel, empezando por Transmilenio, un parque automotor obsoleto, y la tala de árboles, principalmente en los cerros orientales, le están quitando oxígeno a la ciudad y generando alarmas permanentes por los nocivos efectos del material particulado.

Oscar Fajardo, doctor en calidad del aire y docente de Ingeniería Ambiental de la Universidad Central dice que el tema de la contaminación debe ser uno de los aspectos centrales del debate electoral para la Alcaldía de la ciudad, por cuanto se necesitan medidas de fondo al respecto. “No se está dando valor real a la contaminación. Las inversiones para mejorar la calidad del aire deberían ser mayores”.

Por ejemplo, recuerda que se mantiene el problema del llamado SITP provisional, que son los buses viejos, repintados y con un letrero, pero que son de tecnologías obsoletas y chimeneas ambulantes.  

Ante la realidad que vive el país en esta materia, Jefferson Galeano, profesor de la Universidad de La Sabana, considera que se tienen retos muy grandes; pues si bien los sistemas de monitoreo existentes permiten realizar las mediciones de zonas con una alta concentración vehicular y poblacional, hay otras en las que también hay agentes generadores de contaminación en las que no se realiza ningún tipo de monitoreo.

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En este caso se puede hablar de agentes como la industria minera, por ejemplo, el transporte pesado, el mal estado de las vías y la contaminación de los recursos hídricos que también genera impacto en el aire.

Para Galeano, se requiere fortalecer los sistemas a nivel nacional ampliando su cobertura y a nivel local realizar un mantenimiento técnico que permita brindar mejor información de lo que sucede en las áreas urbanas, que es donde están ubicadas las estaciones de medición del material particulado.

El experto considera que si bien hay políticas públicas frente a la gestión ambiental del territorio, se registran problemas de implementación de las mismas; por eso se requiere establecer acciones de largo plazo que permitan darle un tratamiento adecuado al problema; además de generar una cultura y hábitos de comportamiento que ayuden a minimizar esta problemática.

Redes de monitoreo

Jorge Bonilla, profesor de la Universidad de Los Andes, precisa que el país cuenta con una red de monitoreo que tiene prevalencia en Bogotá y Medellín, debido a que se considera que estas son las dos ciudades con mayores problemas de contaminación; sin embargo, hay sitios donde no hay medición, lo cual no implica que no haya contaminación.

Se trata de una red que resulta suficiente para monitorear la calidad del aire en los sitios donde se hace de manera rigurosa, pero no para otros en  donde esta tarea no se realiza de forma permanente ni robusta.

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Precisa que la mayor problemática de contaminación en el país está dada por material particulado pm2.5; el más fino que hay en el ambiente y también el que más generar problemas de salud, por ello se requiere adoptar políticas de largo plazo basadas en una regulación que se debe cumplir.   

Lo cierto es que lo que sucede en Colombia no es ajeno a lo que ocurre en otros lugares del mundo. Las estadísticas de la Organización Mundial de la Salud (OMS), indican que en el mundo se presentan 7 millones de muertes prematuras por la alta contaminación atmosférica cada año y se presume que en las Américas el número alcanza las 220.000; de las cuales solo en Chile la mala calidad del aire ocasiona cerca de 3.700 decesos al año.  

En mayo de 2017, y de acuerdo a una investigación publicada en la revista The Lancet, titulada “The Global Burden of Disease”, se informó que 4,2 millones de personas mueren prematuramente con enfermedades asociadas al material particulado producto de la contaminación del aire; sin embargo, para este año  la aplicación de una nueva metodología de cálculo publicada en European Hearth Journal habla de más del doble de muertes, llegando a 8,8 millones.

Un informe de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE) de 2016, estima que el costo global anual por muertes prematuras relacionadas con la contaminación del aire oscila entre 18 y 25 billones de dólares, una cifra muy elevada que evidencia el impacto de un problema que pareciera ir en aumento en cambio de reducirse.