Puede olvidar despedirse de sus papás antes de salir de su casa para dirigirse al colegio. A veces deja las llaves sobre la mesita de noche, la lonchera para el recreo o el morral colgado en un perchero. Cuando está de afán, hasta los zapatos no le combinan: coge el primero que ve sin percatarse si es un tenis o una sandalia.

Eso le pasa a menudo a Elkin Polanía, un joven de 17 años que vive en Puerto Nuevo Zabaleta, una inspección de San José de Fragua (Caquetá). Sin embargo, hay tres cosas que siempre lo acompañan: una pequeña libreta con hojas cuadriculadas, un par de esferos negros y una cámara fotográfica. Según él, los necesita para alimentar su alma.

Casi siempre llega tarde al colegio. En los 20 minutos de camino que hay entre su casa y el plantel educativo, en donde cursa grado 11, hace varias paradas para tomarles fotos a las aves y micos entre los árboles o anotar algún impacto contra el medio ambiente, como la contaminación de un río o la tala o quema del bosque.

Patrimonio Natural quiere consolidar una red juvenil que siembre conciencia y difunda correctamente lo que pasa en el Caquetá, el departamento más afectado por la deforestación en el país.

Asegura que los paisajes son sus mejores amigos. Por eso conversa con ellos y los describe a cada momento. Sueña con contar historias ambientales a través del lente o la pluma, elaborar guiones para documentales o escribir sobre la biodiversidad de su departamento, al que llama pulmón del planeta.

Es enemigo de las novelas y dibujos animados, solo ve Animal Planet y National Geografic. En sus “horas muertas” lee tutoriales y guías sobre periodismo ambiental para tener mejores bases en su futuro, el cual vislumbra como productor de cine y televisión, comunicador social o fotógrafo. A veces juega billar con sus compañeros.

Hace tres años, con el Colectivo de Comunicación Juventud y Medio ambiente de Zabaleta, Elkin y 10 niños más de la zona aprenden sobre producción audiovisual, manejo de cámara y herramientas comunicativas, conocimientos que le permiten acercarse aún más a su sueño.

Treinta niños y jóvenes del Caquetá aprendieron a hacer cuñas radiales con contenidos ambientales, a crear una nota periodística escrita y a manejar los planos en una cámara.

“Didier Ramos, el creador del grupo va a los colegios en busca de jóvenes que quieran aprender a expresarse por medio de cámaras o escritos y transmitir un mensaje de conservación. Esta iniciativa permite que los más pequeños dejen de quemar el tiempo jugando Xbox o metiendo vicio. Yo ingresé por la pasión que tengo por el periodismo, la fotografía y la naturaleza”, asegura este joven trigueño y delgado con pequeñas marcas típicas de la adolescencia en su rostro.

Este colectivo de jóvenes cuenta con un computador portátil, dos cámaras Nikon y una grabadora dadas por la Red Caquetá Paz para realizar su trabajo investigativo, entre los cuales Elkin destaca uno sobre la explotación de oro en San José del Fragua.

“Fue un trabajo difícil porque necesitamos de la colaboración de los patrones de los predios para ingresar. Algunos no dejaron grabar o exigieron que les mostráramos el material. Pero no nos desmotivamos y al final evidenciamos consecuencias como la erosión de la tierra y la contaminación del agua por mercurio. El video fue difundido por varias redes sociales y socializado con la comunidad del pueblo”, recuerda.

Futuros periodistas verdes

2018 fue positivo para Elkin. Aprendió a hacer cuñas radiales con contenidos ambientales, a crear una nota periodística escrita y a diferenciar los diferentes géneros. También fortaleció su conocimiento en producción audiovisual. Quedó enamorado de la crónica, ya que según él le permite darle voz a los paisajes, plantas y animales.

Pero no fue el único. Otros 30 jóvenes de nueve municipios del Caquetá fueron seleccionados por Patrimonio Natural para participar en tres talleres de periodismo escrito, radial y televisivo con enfoque ambiental, los cuales contaron con el apoyo de la Red Caquetá Paz y la WWF.

Ivonne Cueto, especialista en comunicaciones de Patrimonio, aseguró que esta estrategia tiene como fin que los jóvenes visibilicen y comuniquen lo que pasa en sus territorios, además de fortalecer las capacidades locales de los colectivos y brindarles asesoría en producción de contenidos y manejo de herramientas periodísticas.

En los talleres periodísticos de Patrimonio Natural, los jóvenes dejaron volar su imaginación para crear noticias sobre lo que pasa en sus municipios.

“Estos jóvenes serán escuderos del medio ambiente. Al conocer más a fondo las problemáticas y tener insumos para convertirlas en historias, difundirán correctamente los mensajes en sus municipios. El ideal es que la gente local se empodere de las diferentes formas de contar, y que con sus propias palabras construyan propuestas creativas”.

Con estos 30 jóvenes, Patrimonio quiere consolidar una red juvenil que siembre conciencia y difunda correctamente lo que pasa en el territorio. “El proceso continuará este año, ya que necesitan de una formación profunda y una metodología para que entiendan bien las temáticas para comunicarlas”, apuntó Cueto.

Elkin ya trabaja en una investigación sobre el potencial ambiental de San José de Fragua. “Amo la naturaleza. Por eso haré una crónica con muchas imágenes y videos de los sitios más lindos del pueblo. Una foto puede decir mucho, y dicen que soy bueno para eso. El año pasado me gané un concurso local con una fotografía de una cascada de la inspección”.

Sin historia no hay cámara

A sus escasos 11 años, Nikol González ya tiene claro que será una reportera de televisión. Afirma que las cámaras la quieren y no la intimidan. La timidez es algo ajeno a ella, no le da pena preguntar o interrumpir las conversaciones de los mayores.

Elkin quiere convertirse en periodista ambiental, productor de cine o fotógrafo. Por su parte, Nikol, con escasos 11 años, ya sabe que será reportera de televisión. Son dos de los 30 niños que recibieron talleres sobre periodismo en la región.

La pasión por los medios la lleva en la sangre. José Alirio González, su tío, fue pionero de la radio en Belén de los Andaquíes en 1995. En 2006, don Alirio, como le dicen en el pueblo, montó una escuela para formar a los niños y jóvenes que tienen como sueño volverse periodistas regionales. Destinó su propia para la Escuela Audiovisual Infantil, por la cual han pasado más de 50 pequeños.

“Yo me crié en medio de cámaras y escuchando historias. Mi tío me sacaba de la casa para que lo acompañara. Él me inyectó ese gusto por la televisión”, dice Nikol, uno de los siete miembros en formación que tiene hoy la escuela. “El lema de mi tío es sin historia no hay cámara. Es decir que si no proponemos un buen relato no nos la suelta. Si utilizamos frases como había una vez o hace un tiempo, nos raja”.

A los seis años hizo su primera nota, sobre un robot que habían mostrado en el pueblo. “Temblaba de miedo, pero al final me fue bien. Siento pasión por las historias de la gente. De grande me veo como una reportera de televisión que destaca lo bonito de Belén de los Andaquíes, pero sin abandonar la escuela de mi tío. Cuando se ponga viejito y llegue al ataúd, nos va a dejar el proyecto, así que no lo dejaremos morir”.

La escuela es de puertas abiertas. Nikol recuerda que hace poco llegaron unos jóvenes venezolanos, quienes fueron recibidos por su tío para enseñarles a hacer guiones y a manejar aplicaciones para videos. “Les cogió mucho cariño. Nosotros casi no les entendíamos, porque los de Venezuela usan palabras muy raras”.

Los talleres periodísticos de Patrimonio Natural le dejaron una importante lección. “Para contar buenas historias hay que saber escribir y tener claros el qué, cómo, cuándo, dónde y por qué. También aprendí sobre el manejo de la cámara, los planos y la luz”, cuenta esta pequeña que no puede quedarse quieta por más de dos minutos.La radio y las redes sociales son lo que más quieren aprender los 30 niños y jóvenes capacitados por Patrimonio Natural en Caquetá.

Una voz para la naturaleza

Mariana López, de 19 años, no para de repetir que Belén de los Andaquíes es el municipio más verde de Colombia y el pueblo con el nombre más bonito. También destaca que sus habitantes, a pesar de tener aún frescas las cicatrices de la violencia, sienten un orgullo desmedido por su “tierrita”.

Sin embargo, asegura que la mayoría no le para “muchas bolas” al tema ambiental. Las orillas de los siete ríos que atraviesan Belén son testigos de esa falta de interés, ya que terminan repletas de basura luego de los tradicionales paseos de olla; por su parte, los bosques diezman su cantidad para dar paso al ganado y las motos proliferan como plaga.

Esa preocupación llevó a Mariana a unirse hace un año al colectivo de jóvenes “Guardianes Ambientales”, fundado en 2007 y el cual cuenta con 15 miembros “sardinos” que replican el mensaje ambiental y de conservación y realizan jornadas de siembra en veredas afectadas por la ganadería masiva, limpiezas en ríos y talleres de reciclaje.

“Queremos darle una voz a la naturaleza, ya que ella no puede defenderse. Vamos a las comunidades y colegios a mostrarles la importancia de cuidar los recursos naturales, de proteger los ríos y de hacer una adecuada disposición de los residuos. Estamos comprometidos con que la gente tenga arraigo y pertenencia con la madre tierra”.

Entre las investigaciones que ya adelantan estos pequeños están la contaminación de los ríos, la tala del bosque y las especies más representativas del Caquetá.

Mariana afloró como una periodista experimentada en los talleres de Patrimonio. Preguntó sin miedo, indagó, observó y defendió sus ideales. “No me da pena preguntar y cuestiono todo. Anoté al pie de la letra cómo hacer una nota periodística, identificar las fuentes para sacar la información y hacer crónicas. Me dijeron que tenía madera para eso, a pesar de que mi ortografía. Sin embargo aún no estoy segura de estudiar eso. En la región es peligroso”.

Con lo aprendido, esta joven indaga sobre los altos grados de contaminación del río Sarabando en su pueblo, la proliferación de motos y su impacto en la salud y la desaparición de una laguna en un bosque de más de 200 hectáreas. “No es posible que por el comportamiento egoísta de unos pocos sigamos destruyendo la naturaleza”.

Profesor con alma de poeta

Ricardo Botache nació hace 27 años en La Montañita. Desde que tiene memoria quiso ser profesor, siempre rodeado de niños ansiosos por llenarse de conocimiento, un sueño que ya está cumpliendo: actualmente es maestro en formación en la Normal Superior de Florencia.

También hace parte de la Red Promotora de Derechos Humanos del Caquetá, la cual capacita a jóvenes de cuatro municipios en temas de paz, género y medio ambiente. Ricardo ha liderado estos procesos en La Montañita y Valparaíso.

Aunque quiere convertirse en el mejor maestro de Colombia, en uno de los talleres de Patrimonio Ricardo descubrió un talento oculto: la crónica, la cual utilizó para elaborar relatos adornados con poesía sobre la señora que les preparaba la comida.

“Me gusta analizar y observar. Cuando hablo con alguien siempre veo la expresión de los ojos, las marcas en la piel, la posición de las manos, las sonrisas. Lo mismo hago con los paisajes: los colores de los árboles, el ruido de los ríos, las formas de las nubes. Pero no sabía que eso podría plasmarse en un escrito, y menos que tenía el nombre de crónica”.

La ganadería extensiva le afana. “En Caquetá el grosor de la tierra es muy pequeño, por lo cual no es apta para tanta vacas. Como maestro transmito el mensaje de conservación a los pequeños y como líder converso con los campesinos sobre los impactos. Me gustaría hacer una investigación sobre eso, al igual que los impactos de la carretera principal de La Montañita, donde talaron muchos árboles. Un árbol purifica hasta el alma”.

Al conocer más a fondo las problemáticas y tener insumos para convertirlas en historias, estos jóvenes serán escuderos del medio ambiente.

Trabajar por la tierra

San Vicente del Caguán es el municipio más deforestado del país, un título que a William Caño, un joven de 20 años, le da vergüenza. Sabe que la principal razón de ese nefasto panorama es la ganadería extensiva, al igual que el desconocimiento sobre la importancia de los bosques amazónicos por parte de muchos campesinos.

Desde hace cuatro años decidió vincularse al colectivo Ecodando, el grupo ecológico estudiantil de su colegio, el cual enfoca su accionar en llegarle a la comunidad con un mensaje de conservación para frenar la deforestación.

Con ayuda de varias entidades como Parques Naturales, el grupo, conformado por 30 jóvenes, ha realizado siembras, marchas pacíficas y dramatizados enmarcados en temas ambientales. Además, en la emisora del plantel tienen espacio para difundir sus mensajes.

La capacitación periodística de Patrimonio lo armó de nuevos conocimientos para continuar su labor social y ambiental. “Para transmitir una problemática primero necesitamos de herramientas y sabiduría. Tenemos que ser coherentes, transparentes y velar por la verdad, algo que aprendí en estas clases. El mejor modo de ayudar a mi pueblo es mostrar su verdad, tanto lo bueno como lo malo”.

William le quiere llegar a los campesinos para que conozcan que hacer una ganadería sostenible y rentable sí es posible. “Es complejo, ya que en San Vicente es normal la quema y la tala. A mi de pequeño me encantaba el olor a monte quemado. Sin embargo, cada día somos más conscientes de eso está mal”.

Sueña con poder estudiar algo que mezcle el trabajo de campo con el ambiental. “El problema es la plata. Sería algo como medicina veterinaria. Aunque el trabajo en la emisora del colegio y los talleres de periodismo despertaron un gusto por contar historias”.

Este mes, el joven de casi 1,80 metros de altura, iniciará una investigación sobre la deforestación en San Vicente. “Quiero consultar todas las fuentes posibles. Quiero destacar a esos campesinos que hacen el cambio, como mis papás, quienes viven en la zona rural y no han vuelto a talar ni quemar”.

Los niños y jóvenes que participaron en los talleres de Patrimonio Natural crearon noticias y cuñas radiales. En 2019 volverán a clases para aprender sobre periodismo digital.

Semillas en pro del bosque

Hace siete años, Fabián Parra ayudó a crear Semillas Nativas de la Amazonia, un grupo de colectivo de jóvenes que promueve el desarrollo sostenible y fortalece las capacidades de la población rural que quiere trabajar por el campo y el medio ambiente.

Según Fabián, de 21 años, y quien este año recibirá su diploma como biólogo, las 30 personas que conforman el grupo, entre agroecólogos, biólogos y agrónomos, capacitan a los campesinos en temas como la reforestación, el cuidado del bosque y las fuentes hídricas y el manejo de los residuos sólidos.

“Por medio de visitas a las veredas capacitamos a los habitantes de la zona rural sobre la reforestación del bosque amazónico. Con ellos hemos trabajado en sistemas silvopastoriles para disminuir la ganadería extensiva y en la siembra de semillas de frutales amazónicos para que puedan comercializarse a futuro. Algunos ya venden jaleas y néctares”.

Además de realizar cine foros ambientales y charlas con apoyo de universidades, este colectivo pretende fortalecer las capacidades de los jóvenes para que no emigren a otros sitios. “Muchos quieren irse a trabajar a las ciudades. Queremos darle un vuelco a eso, y brindarles herramientas para que puedan vivir dignamente en sus veredas”, dice Fabián.

Aunque este joven respira por la biología y no pretende cambiar de profesión, asegura que toda la información recibida en los talleres periodísticos le servirán para mejorar su trabajo. “Siempre he querido indagar sobre la fauna que está en peligro por la tala y la contaminación de los ríos. Con los conocimientos empezaré dicha investigación, confrontando las diferentes versiones y hablando con expertos y gente de la comunidad”.

*Este es un producto periodístico de la Gran Alianza contra la Deforestación. Una iniciativa de Semana, el MADS y el Gobierno de Noruega que promueve el interés y seguimiento de la opinión pública nacional y local sobre la problemática de la deforestación y las acciones para controlarla y disminuirla.