En baños públicos al aire libre se han venido convertido las siete lagunas costeras situadas en Playa Blanca, en la isla de Barú (Cartagena). 

La contaminación producida por los hostales, establecimientos comerciales y los propios turistas, han hecho que estos afluentes, que en antaño  estaban conformados por aguas cristalinas y manglares, se hayan deteriorado al punto que por su color, olor y apariencia ya nadie los visite. Sus servicios ecosistémicos se han reducido, razón por la cual muchas especies de flora y fauna desaparecieron y otras se han visto obligadas a migrar.

Como Playa Blanca no cuenta con un sistema de alcantarillado las aguas servidas de los baños construidos en los establecimientos comerciales terminan por llegar a las lagunas, la playa y el agua marina. Así lo confirmó un estudio adelantado por la Corporación Autónoma Regional del Canal del Dique (Cardique) en 2018, que reveló que las lagunas registraban un alto nivel de contaminación por coliformes o materia orgánica.

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Pero este es solo uno de los graves inconvenientes ambientales que soporta este paradisíaco paraje natural de más de 3 kilómetros de área, que hace parte del Parque Natural Corales del Rosario y San Bernardo. El turismo desbordado también trae graves consecuencias para el lugar. 

Según un estudio desarrollado por Parques Nacionales Naturales de Colombia la capacidad de carga que resiste Playa Blanca es de 3.000 personas, aproximadamente. "En cambio tenemos la visita de 12.000 personas en un fin de semana como el que acaba de pasar (Puente Reyes). Esto está contribuyendo a deteriorar además, los corales y los pastos marinos, pues las anclas y las hélices de los motores de las lanchas los golpean y los arrastran", manifestó Clara Diago, directora de la Corporación para el Desarrollo de Playa Blanca-Barú (Corplaya), en una entrevista en la W Radio. 

Playa Blanca no cuenta con una red de alcantarillado, razón por la que las aguas servidas de los hostales y establecimientos comerciales existentes allí terminan contaminando las lagunas costeras, la playa y el agua marina. Foto: Erik Cleves Kristensen/Flickr. 

La bióloga denunció además, la destrucción de los manglares de esa zona. "Están siendo talados y quemados ilegalmente por invasores del espacio público para construir hostales y establecimientos comerciales en terrenos de bajamar", comentó Diago, quien afirmó que este tipo de acciones termina hasta por perjudicar la anidación de las tortugas carey en esta época del año.  

Para la directora de Corplaya el problema radica en la falta de autoridad y control, así como de coordinación entre las diferentes entidades que tienen jurisdicción sobre este ecosistema. Se trata de la Corporación Autónoma Regional del Canal del Dique, Parques Nacionales Naturales de Colombia y la Alcaldía de Cartagena.  

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"Hemos pedido a todas estas autoridades que hagan su labor, pero desafortunadamente muchas veces se tiran la pelota unos a otros y las consecuencias son las que conocemos", recalcó. 

Si a esto se suman los efectos del cambio climático, la erosión y la sedimentación, Playa Blanca se constituye en un ecosistema agonizante que requiere singular atención. Los cierres temporales ya no bastan, se necesitan soluciones de fondo. 

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Semana Sostenible intentó comunicarse con el Director de Cardique para que diera a conocer qué acciones venía realizando esa entidad frente a Playa Blanca, pero no fue posible obtener respuesta.  

Playa Blanca es la única playa pública situada en la península de Barú, también denominada Isla de Barú. Se ubica a 45 minutos en lancha de Cartagena, ciudad de la que está separada por el Canal del Dique.