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AFP

Un informe basado en los trabajos de 67 expertos y que fue presentado como el más importante hasta la fecha publicado sobre un fenómeno poco conocido: la reducción de oxígeno en los océanos, vuleve a encender las alarmas. 

Sus conclusiones señalan que la pérdida de oxígeno "constituye una amenaza creciente para la pesca y para algunos grupos de especies como los atunes, los peces picudo y los tiburones", según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), autora de la "lista roja" de referencia sobre las especies amenazadas en el mundo.

"A medida que los océanos pierden su oxígeno calentándose, el delicado equilibrio de la vida marina se debilita", advirtió Grethel Aguilar, directora general en funciones de la UICN.

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"Para limitar la pérdida de oxígeno en los océanos, paralelamente a otros efectos dramáticos de los cambios climáticos, los dirigentes mundiales deben comprometerse a reducir inmediatamente y de forma sustancial sus emisiones", exhortó, al tiempo que en Madrid se celebra la COP25 sobre el clima.

Chile, que preside esta reunión celebrada en España tras su anulación en Santiago, prometió reservar un papel capital a los océanos, que absorben parcialmente las emisiones de gases de efecto invernadero generadas por el hombre.

La desoxigenación se explica principalmente por dos fenómenos: el incremento "de sustancias nutritivas procedentes de los continentes y de depósitos de nitrógeno derivados del uso de combustibles fósiles", así como "el calentamiento de las aguas oceánicas debido al cambio climático".

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La tasa mundial de oxígeno en los océanos disminuyó en alrededor de 2% entre 1960 y 2010, según el informe. Estos podrían perder además entre 3 y 4% de sus reservas de oxígeno para 2100 si las emisiones continúan aumentando al ritmo actual. 

"La mayor parte de esta pérdida se concentraría en los primeros 1.000 metros de la columna de agua, donde la riqueza y la abundancia de las especies son más elevadas", advierte el informe.

Un equilibrio modificado 

La UICN registró 700 lugares en el mundo, a menudo cerca de las costas o en mares semicerrados, que registran una tasa débil de oxígeno, frente a 45 en los años 1960. 

"Durante el mismo periodo, el volumen de aguas anóxicas en los océanos - zonas completamente vacías de oxígeno - se cuadriplicó", según el informe.

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Esta disminución de la concentración de oxígeno "ya empezó a modificar el equilibrio de la vida marina, favoreciendo las especies que toleran la hipoxia (microbios, medusas y algunos calamares) en detrimento de especies más sensibles, como la mayoría de peces".

Algunas zonas abundantes en peces consumidos por el hombre deben su existencia a corrientes ricas en nutrientes, pero también pobres en oxígeno, por lo que "son particularmente vulnerables a los cambios, incluso mínimos".

Algunas especies cruciales para la pesca, como los atunes, los peces picudo y los tiburones, también son especialmente sensibles a la pérdida de oxígeno debido a "su tamaño y a sus necesidades energéticas elevadas".

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La UICN enumera otras especies que se ven afectadas, como las que viven en los fondos marinos, las macroalgas, los corales, el plancton y los mamíferos marinos, aunque es difícil medir los efectos concretos para cada una de ellas.

Las consecuencias de la desoxigenación para los humanos siguen sin conocerse del todo. La UICN destaca, no obstante, la dependencia al mar y a la pesca de las poblaciones costeras, en particular en los países en desarrollo.