La deforestación sigue dando de qué hablar en Brasil. Este tema siempre es controversial en la agenda del presidente, Jair Bolsonaro.  Ahora el primer mandatario del país suramericano tomó la decisión de desestimar las cifras en torno a la tala de bosques en la Amazonía brasileña, la cual creció 88,4% en junio respecto al mismo mes del año anterior, de acuerdo con datos oficiales.

El primer mandatario de los brasileños, considera que si esa cifra fuera cierta y se estuviera deforestando como muestran dichas estadísticas, ya la Amazanía se hubiera extinguido. Eso les dijo a un grupo de periodistas extranjeros el pasado viernes. 

Sin embargo, Ricardo Magnus Osório Galvão, director del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales (INPE), entidad pública encargada de medir la deforestación, le salió al paso a las declaraciones de Bolsonaro y lo acusó de "cobardía" por haber cuestionado públicamente las cifras proporcionadas por su organización.  

"Ha mostrado su cobardía expresándose así. Quizás pensaba que iba a presentar mi dimisión, pero no lo haré",manifestó en una entrevista publicada en el diario Estado de Sao Paulo. 

Bolsonaro, quien ha sido reconocido por su escepticismo sobre el cambio climático, dijo en su momento estar convencido de que los datos que el INPE entregaba a la prensa eran engañosos y que estaban al servicio de las ONGs.

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El primer mandatario ha dado a entender que el gobierno quiere controlar la difusión de los datos sobre deforestación para evitar hacerle "mala publicidad a Brasil".  "Vivimos una verdadera psicosis medioambiental. Hay que combatir la deforestación, pero no es justo hacer campaña contra Brasil", afirmó el jefe de Estado. 

Bolsonaro ha criticado a los países que quieren inmiscuirse en la política ambiental de su país. "Amazonas es de Brasil no de ustedes. Esa es mi primera respuesta”, dijo Bolsonaro, en su encuentro con los periodistas, entre los que había corresponsales europes Al desestimar las estadísticas, se enorgulleció de que su país tenga tantos kilómetros de selva, mientras en Europa no se encuentra ni uno.

Cifras al alza

Pero lo realmente grave es que al parecer la deforestación no cede y en la primera mitad de julio se aceleró a un ritmo que supera los niveles alcanzados durante todo ese mes el año pasado. 

Más de 1.000 kilómetros cuadrados fueron talados en la selva en los primeros 15 días de este mes, según datos satelitales preliminares del INPE de Brasil. La deforestación en julio es la más alta registrada en un mes calendario desde agosto del 2016 y sigue a los fuertes incrementos interanuales en mayo y junio.

Los datos de la misma entidad revelan que la tendencia creciente de deforestación se intensificó desde la llegada al poder en enero de Bolsonaro, considerado como el gran defensor de las compañías de la industria agropecuaria.

Esto genera señales de alerta para un acuerdo comercial regional con la Unión Europea. En junio pasado, el Mercosur, del que forma parte Brasil, llegó a un acuerdo de libre comercio con este bloque económico y comercial,  que incluye compromisos ambientales.

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Ese tratado comercial debe ser ratificado por los estados miembros de la UE, cuyos agricultores temen la competencia del sector agrícola de Brasil, el cual, según los europeos, está sujeto a requisitos ambientales menos estrictos que en Europa. El Parlamento de Irlanda y el Ministerio de Agricultura de Italia han pedido que se bloquee el acuerdo.

Los partidos verdes y los agricultores pueden aprovechar la creciente deforestación en Brasil para reforzar sus argumentos contra la ratificación del acuerdo, según informó la agencia Reuters.

Hay quienes dicen que el presidente Bolsonaro ha promovido la deforestación del Amazonas debido a sus promesas políticas hacia los sectores madereros y agricultores de Brasil.

Los ambientalistas han advertido que el presidente Bolsonaro, quien asumió el cargo este año, está envalentonando a los madereros, hacendados y especuladores de tierras brasileños para que destruyan los bosques; mientras el mandatario de derecha ha criticado las multas ambientales para los agricultores y ha pedido que se abran al desarrollo las reservas indígenas y otras áreas protegidas. 

Sin duda, un panorama poco claro que pone en riesgo la preservación de uno de los “pulmones” más importantes del planeta.