El valor ecológico de las iguanas

Aunque hace 200 años no se contaba con métodos estandarizados para censar las poblaciones de iguanas, de acuerdo a lo citado por Darwin y otros visitantes que las vieron, estos animales eran más numerosos en Santiago que en otras islas del archipiélago.

“No había un número, pero los documentos de Darwin indican que era difícil encontrar un sitio donde poner una carpa para acampar debido a la alta densidad de nidos de iguanas terrestres”, afirma Luis Ortiz-Catedral, profesor investigador de la Universidad Massey y asesor de la DPNG en este programa científico, en el que preside la etapa actual: el monitoreo post liberación de los individuos.

Ortiz-Catedral, quien desde 2010 estudia las iguanas terrestres, reseña que después de la visita del padre de la Teoría de la Selección Natural, fueron investigadores de la Academia de Ciencias de California (Estados Unidos) los que llegaron en 1910 a la isla Santiago “y no encontraron nada, ni una sola iguana. Lo único que descubrieron fue el esqueleto de un ejemplar de esta especie en un túnel de lava. También existe un espécimen que se supone fue colectado por Darwin en Santiago, pero él era terrible para tomar notas y parece que la localidad donde la colectó no está bien definida. El itinerario del beagle -el bergantín en el que viajaba- prosiguió a la isla Isabela, donde también hay iguanas. Es por eso que, hasta que no se hagan estudios moleculares, no sabremos de qué isla proviene”.

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Jorge Carrión, director del Parque Nacional Galápagos, señala que la restauración ecológica de Santiago tiene un historial que empezó con la erradicación de las cabras, cerdos y asnos introducidos en la isla. Sin embargo, esta no era la única acción que se requería.

“Se necesitaba devolver aquellas especies que cumplen un rol ecológico importante. Todavía tenemos a las tortugas pero no teníamos a las iguanas terrestres. No teníamos la trama ecológica original completa”, sostiene en diálogo con Mongabay Latam.

Tanto tortugas como iguanas son conocidas como las ingenieras de los ecosistemas, pues los diseñan a través de la dispersión de semillas. “Por un lado, si no existen las tortugas o las iguanas, las poblaciones de cactus y de opuntias se disparan porque no hay un depredador, así que empiezan a cubrir totalmente terrenos que son utilizados por otras plantas o animales para realizar sus funciones vitales. Finalmente, el ecosistema se desequilibra”, explica Carrión.

Pero eso no es todo. Paradójicamente, mientras se necesitaba reintroducir iguanas en Santiago, se necesitaba reducir su presencia en la isla Seymour Norte para garantizar la integridad ecológica de ese lugar ya que estaban generando impactos sobre los cactus y la vegetación en general.

Cada una de las 2.136 iguanas que se liberaron en la isla Santiago tiene un microchip para hacerle seguimiento. Foto: Parque Nacional Galápagos.

Para Víctor Carrión, especialista en restauración de islas de Island Conservation, la competencia y la escasez de alimento que estaban sufriendo las iguanas en Seymour Norte explica que desde su llegada al cautiverio -previo a su reintroducción- comenzaran a alimentarse. “Normalmente cuando están en cautiverio se comportan de una forma agresiva unas con otras porque son territoriales, pero, por alguna condición excepcional, posiblemente la escasez de alimento, se comportaron diferente y empezaron a comer desde el momento en que llegaron. De inmediato hubo una reacción positiva”.

Este era uno de los puntos que más preocupación e incertidumbre generaba en los científicos. “Había que tomar la decisión, afortunadamente todo salió muy bien y se logró moverlas hacia Santiago”, afirma Víctor Carrión.

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Su colega Ortiz-Catedral indica que el tamaño de la isla Santiago era otro factor importante a tener en cuenta. “Santiago es enorme, tiene un área de 57 000 hectáreas. Para que las iguanas contribuyan al restauramiento ecológico se necesita un número bastante significativo. No estábamos hablando de cinco o diez individuos”.

El número, tras debates y recomendaciones, se fijó en no menos de 2000 para poder formar dos subpoblaciones que fueron liberadas en dos sitios distintos aunque ambos cerca de la costa: Puerto Nuevo y Bucanero.

Avanzando con éxito

Ortiz-Catedral recuerda que en un momento se sugirió que fueran solo 1000, pero tras algunas discusiones resolvieron que tal cifra probablemente no tendría el efecto deseado “de bajar la depredación de las plantas en Seymour Norte”. “La idea es que, con base en los resultados que obtengamos este año, revisemos si hace falta llevar otras 2000 más a Santiago y así reducir a 50% la población en Seymour Norte. Tampoco es recomendable cambiar muy rápido las condiciones de ninguna de las islas”. Por ejemplo, la presencia de iguanas en Seymur facilita la anidación de aves que mantienen la vegetación baja, señala el biólogo. Si las características de las plantas cambian muy rápido, debido a la intervención de los científicos, se podrían generar efectos adversos.

La liberación también se dividió en dos: una se realizó en enero y otra en febrero pasados. Al respecto, Ortiz-Catedral comenta que solo el traslado ya representaba un reto. “Nunca se había intentando mover tantas iguanas de un solo golpe y el operativo fue muy exitoso. Al momento de la liberación se tuvo una supervivencia del 100%, lo cual es muy raro de encontrar en la literatura. Es un ejercicio de conservación sin precedentes en el mundo”, afirma.

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En marzo de este año se desarrolló el primer monitoreo para determinar si las iguanas se estaban comportando de manera similar a como lo hacían en Seymour Norte. La idea era introducirlas en sitios con la mayor similitud a la zona de origen para no aumentarles el estrés a la hora de establecerse. Puerto Nuevo y Bucanero cumplían con ese perfil.

El director del PNG asegura que se identificó “una adaptación total”, precisamente por estas semejanzas con el ecosistema. La diferencia es que en Santiago hay suficiente alimento para albergar una población “totalmente saludable” de iguanas terrestres, lo cual no sucedía en Seymour.

Se liberaron 2136 iguanas en la isla Santiago. Foto: Parque Nacional Galápagos.

De cada iguana se tiene información como peso y tamaño al momento de captura y liberación en Santiago. Todas tienen incorporado un microchip. “Cuando las recapturemos, en años venideros, podremos ver si están creciendo a la frecuencia natural o de manera irregular. También nos permitirá evaluar el número de individuos que sobreviven”, dice Ortiz-Catedral. La expectativa de los científicos es que habrá una supervivencia muy alta, aunque no saben con certeza en qué porcentaje será ya que nunca se ha hecho una reintroducción a esta escala.

“Es un mensaje súper poderoso a nivel mundial porque se demuestra que se pueden efectuar proyectos de conservación y restauración muy ambiciosos de manera efectiva y que de cierta manera se pueden revertir los efectos antropogénicos, como la introducción de especies, que han causado extinciones como la de la iguana terrestre en Santiago”, dice el investigador.

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Está convencido de la repercusión y relevancia que tiene esto para naciones insulares como los archipiélagos del Pacífico Sur, en donde hay una problemática similar de conservación con muchas especies parecidas. “Creo que estamos generando una información que va a ser muy valiosa para restaurar estos ecosistemas en el futuro”, añade.

Otra variable que se medirá a mediano plazo son los cambios en la vegetación, directamente relacionada al rol ecológico de las iguanas y su densidad poblacional. “También tenemos información bastante detallada en la isla Fernandina, donde tomamos fotografías con drones para entender el arreglo físico de la vegetación y de los espacios abiertos en una población natural de iguanas sin perturbación humana. Además, entre junio y julio de este año comenzaremos con las medidas de diversidad de las comunidades de animales en Santiago y haremos la fotografía aérea para tener esa comparación”, detalla el biólogo de la conservación Ortiz-Catedral.

A un paso de reproducirse

¿En qué criterio científico o metodología se basaron para seleccionar las 2136 iguanas a liberarse en Santiago? Víctor Carrión señala que preponderaron tener al menos cuatro hembras con cada macho “porque más o menos esa es la relación natural en un ecosistema como Seymour”. Además, dice que trataron de capturar la mayor cantidad de hembras “para que la reproducción en la isla Santiago sea bastante rápida”. Por eso, la mayoría de iguanas son adultos y no juveniles: “queríamos que apenas fueran introducidas empezaran a reproducirse”, resalta.

A pesar de los temores de los científicos, las iguanas respondieron bien al proceso de cautiverio previo a su liberación. Foto: Parque Nacional Galápagos.

En un futuro esperan encontrar individuos sin microchip, lo que querrá decir que son animales nacidos en Santiago. “Ese es el énfasis. Tenemos que hallar evidencia de reproducción en sitio antes de declararla como una reintroducción exitosa y considerando la biología de las iguanas esto puede suceder dentro de los próximos tres años”. Este es el tiempo que durará la fase inicial del monitoreo del programa que ha sido financiado, además de la Universidad Massey y Island Conservation, por Galapagos Conservation Trust y Galapagos Conservancy Canadá.

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Hasta el momento los hallazgos muestran una tendencia de éxito visible. Aunque todavía no encuentran nidos, durante el monitoreo inicial constataron que las iguanas se estaban dispersando de los sitios de liberación en la costa y habían avanzado unos dos kilómetros hacia el interior de la isla. Víctor Carrión menciona que uno de los temores de los investigadores era que las iguanas se distribuyeran tan rápido que fuera difícil que los machos y las hembras se encontraran. “Por suerte no se movieron a distancias tan largas como sospechábamos, por lo tanto, se pueden encontrar fácilmente para la reproducción”, destaca.

Los resultados positivos y los buenos augurios no paran ahí. Ortiz-Catedral se muestra optimista pues las han visto alimentándose de cactus como lo hacían en Seymour Norte. Dice que el hallazgo más interesante es que estaban excavando madrigueras en zonas de tierra suelta y “esto es muy emocionante porque los machos las excavan para atraer hembras en el contexto de la época reproductiva. Parece que los machos más viejos, los más grandes, se están estableciendo sin mayor problema y tratando de formar sus territorios”. La expectativa es muy grande, más cuando se han tenido resultados más positivos de los que llegaron a imaginarse.

Puede leer el artículo en su versión original en el siguiente link: https://es.mongabay.com/2019/05/ecuador-iguanas-galapagos/