Luego de vivir durante 24 años en cautiverio en un zoológico de Buenos Aires, Argentina, esta orangutana, de 33 años años, empezó la semana pasada una nueva vida, luego de que se diera cumplimiento a una sentencia dictada por la justicia argentina a finales de 2015, cuando fue declarada "persona no humana", otorgándole derechos fundamentales como el de la vida y la libertad, así como el compromiso de no afectarla física o psicológicamente.

En un fallo sin precedentes, la juez Elena Liberatori, declaró al animal como un ser “sintiente” y con derechos, convirtiéndolo en el primero en el mundo en gozar de este tipo de garantías. Desde ese momento la vida de Sandra cambió para siempre, pues en el fallo se determinó que se le debía buscar un lugar en el que se garantizara su bienestar. 

Aunque el carácter de "persona no humana", que obtuvo en la primera instancia del proceso judicial fue revocado tras diversas apelaciones, persistió la condición de "ser sintiente”, gracias a la cual la orangutana se ganó un boleto para vivir en un espacio abierto y con otros animales de su misma especie: el santuario Centro de Grandes Simios (Center for Great Apes), en Florida, Estados Unidos, un lugar que la misma jurista se encargó de buscar; pues Sandra se convirtió casi que en una amiga, para quien Liberatori siempre quiso lo mejor.

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Nacida en 1986 en el zoológico de Rostock, en Alemania, Sandra creció sola, pues su madre la abandonó. Luego fue enviada al zoológico de Gelsenkirchen y cuando tenía nueve años, la vendieron al de Buenos Aires, en donde permaneció por décadas. 

Allí tuvo un compañero temporal con quien engendró a una hija llamada Sheinbira. Sin embargo, Sandra repitió la historia familiar: no quiso a su cría y se quedó sola, convirtiéndose en el único animal de su especie en Argentina.

Defensa de los derechos de los animales 

La depresión se había apoderado de ella y por eso no faltó quien quisiera asumir la defensa de sus derechos. El abogado constitucionalista Andrés Gil Domínguez, miembro de la Asociación de Funcionarios y Abogados por los Derechos de los Animales (Afada), consideró que la situación del animal era intolerable y acudió a los tribunales con el fin evitar que siguiera siendo considerada una “cosa” u “objeto”, como establece el Código Civil y Comercial argentino.

Su propósito y el trabajo legal y jurídico para cambiarle la vida a Sandra no fue en vano. La decisión de la juez, quien asegura que estudió leyes para defender a los inocentes, y considera que no hay nadie más inocente que un animal, fue el inicio de un nuevo capítulo en la vida del animal. 

El 21 de octubre de 2015 la juez emitió la sentencia mediante la cual Sandra fue reconocida como “sujeto de derecho” y se le ordenó al gobierno de Buenos Aires, propietario del zoológico y, por tanto, de la orangutana, que garantizara al animal “las condiciones naturales del hábitat y las actividades necesarias para preservar sus habilidades cognitivas”.

Sin embargo, dado que en este país no hay un sitio adecuado para cumplir con este mandato de la jueza, fue necesario iniciar la búsqueda de un lugar que garantizara el bienestar del animal y la misma juez se encargó de conseguirlo. 

Ya con el trámite hecho y la necesidad de que la orangurana fuera trasladada a su nuevo hogar, a finales del pasado mes de septiembre, la orangutana llegó al zoológico de Kansas para iniciar un periodo de adaptación y cuarentena antes de ir a su destino final en el santuario de primates. Allí le realizaron todos los análisis y estudios veterinarios correspondientes para garantizar que su estado de salud fuera óptimo, un requisito que tiene como norma el Center for Great Apes.

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Tras cumplir con estos procesos de rigor y demostrar su buena condición de salud, la semana pasada arribó al santuario elegido, en Florida, un lugar de 40 hectáreas donde viven 21 simios y se espera que pueda vincularse con ellos. "¡Bienvenida a casa, Sandra!", decía un letrero que ponía en evidencia la importancia, que para quienes manejan el santuario, tiene su nueva habitante. 

El Centro para Grandes Simios de Florida está localizado en el área rural de Wauchula, una zona boscosa y húmeda. Antes de que llegara Sandra a ese lugar vivían 21 orangutanes, de distintas edades, todos rescatados de circos, de la industria del entretenimiento o de hogares que los tenían como mascotas.

Este triunfo de la justicia argentina con Sandra y que hoy permite que el animal esté en un hábitat que le brinda unas condiciones dignas, es lo que en Colombia pretenden lograr con Chucho, el oso de anteojos, que ha abierto el debate sobre los derechos de los animales y que hoy habita en el Zoológico de Barranquilla.