Seguramente en algún punto de nuestras vidas hemos visto algo relacionado con la contaminación que generan los plásticos de un solo uso: tortugas con pitillos incrustados, desechos plásticos en nuestras playas, peces enredados en bolsas, ballenas que mueren con toneladas de plástico en sus estómagos, etc.

También es probable que, dada la visibilidad que ha adquirido la problemática, hayamos decidido contribuir al decir “sin pitillo por favor”. Es un hecho que hay un consenso frente a la idea de que el plástico contamina y que es necesario hacer algo al respecto. Pero, ¿realmente la solución al problema es reciclar? No, el reciclaje nunca ha sido la solución, así incomode decirlo. 

En Colombia, según Greenpeace, consumimos 1.250.000 toneladas de plástico anualmente y de acuerdo con la Universidad Nacional, el 45 por ciento de nuestros residuos son plásticos. De este consumo abismal, el 93 por ciento no se recicla, según la Procuraduría General de la Nación. El resultado: en el mundo cada año se suman a las 150 millones de toneladas de plástico que hay en el mar entre 8 y 13 millones más, lo que equivale a arrojar un camión de basura lleno de plástico al mar cada minuto.

Probablemente cuando usted termine de leer esta columna, 45 toneladas de plástico habrán llegado al océano. Si a esto le agregamos que el plástico tiene un importante impacto negativo en el cambio climático, porque se liberan gases de efecto invernadero en todo su ciclo de vida, y que los microplásticos ya han entrado a la cadena alimenticia y al organismo de los seres humanos, el panorama es preocupante.  

A pesar de que solamente reciclamos el 7 por ciento de los plásticos de un solo uso, hemos afirmado que el plástico es basura y no contaminación. Nos hemos repetido que es un problema momentáneo que podemos solucionar con el reciclaje porque solamente es un elemento que ha sido mal dispuesto. Hemos partido de que la culpa es de aquel que dispone la basura y no de quien la produce. Pero se nos ha olvidado que el plástico es contaminación: no se biodegrada. Nuestra producción de plásticos de un solo uso sigue en aumento, mientras que nuestra capacidad de reciclarlo es mínima. ¿Por qué entonces seguimos creyendo en el reciclaje como solución?

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En Colombia se han promovido pocas iniciativas dirigidas a reducir la producción y el consumo, de plásticos de un solo uso.  El enfoque para solucionar la problemática de la contaminación por plásticos, ha estado en crear programas de reciclaje. El Plan Nacional para la Gestión Sostenible del Plástico presentado por el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible el mes pasado no es la excepción.

Este documento tiene la balanza considerablemente cargada hacia la gestión de desechos, y a la educación del consumidor para que separe y recicle los plásticos. Para los únicos casos de prohibición, se habla de promover alternativas compostables en las que pueden entrar los bio-plásticos, mal llamados “biodegradables” porque está comprobado que solamente se pueden compostar en condiciones químicas, no naturales y que el país no puede garantizar. Por lo tanto, esta solución puede ser inefectiva y continuar la contaminación.

Dada la inclinación de la balanza hacia la gestión de residuos, este plan parece poner la mayor parte de la carga para solucionar el problema en nosotros, los consumidores. A los productores, que ponen el plástico en el mercado, les corresponde un 30 por ciento de responsabilidad.

Además, no olvidemos que en Colombia la mayor parte de los plásticos de un solo uso no se recicla, que el reciclaje solamente se surte entre una y dos veces, que es costoso y que en el proceso aumenta la presencia de químicos prohibidos en tratados internacionales por ser tóxicos para la salud humana. Y, ¿qué pasa con el 70 por cientorestante? Lo más probable es que termine contaminando nuestros océanos. 

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Nos urge dejar atrás el mito del reciclaje. Lograr mitigar la contaminación por plásticos de un solo uso requiere medidas integrales que reduzcan la producción y el consumo y que sean juiciosas con respecto a las excepciones de materiales como el PET. ¡Qué bien que hayamos reconocido el problema a nivel nacional y que estemos buscando soluciones! Pero no podemos perder una oportunidad de oro para hacerlo integralmente.

Es necesario que cambiemos de paradigma, y que en lugar de seguir repitiendo que el plástico no es el problema y que la culpa es de la gestión de residuos, pasemos a centrar nuestros esfuerzos en la búsqueda de alternativas a los plásticos de un solo uso y en la creación de hábitos que trasciendan lo desechable.