En 2016, un grupo de zoólogos de varias nacionalidades reportaron con tristeza que los esfuerzos por inseminar artificialmente a la única hembra conocida de la especie "Rafetus siwnhoei", o tortuga gigante del Yangtzé, habían fracasado. El procedimiento era una esperanza para evitar la extinción de esta especie, cuya población global conocida es de tres individuos, dos de los cuales se encuentran en el Zoológico de Suzhou, en China. El macho de esta pareja tiene problemas de fertilidad y la única opción viable era la inseminación artificial, algo nunca antes ensayado en este grupo de animales.

Las medidas tomadas y el tamaño de la población de esta especie reflejan una cruda realidad: la crisis que enfrentan las tortugas como grupo, en particular en Asia. La sobreexplotación para consumo y comercio de mascotas ha llevado al borde de la extinción a un gran número de especies en ese continente. De las 25 especies de tortugas continentales más amenazadas del planeta, 17 se encuentran en Asia.

Problemática global

Pero tal fenómeno no es exclusivo de esa región. Las tortugas terrestres gigantes, otrora comunes y abundantes en islas oceánicas de los trópicos, han vivido una larga historia de explotación y extinción. De las diez especies de tortugas que se han extinguido desde 1730 hasta hoy, ocho corresponden a especies de islas.

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En junio 14 de 2012, y tras varios intentos infructuosos de reproducirlo con hembras de una especie cercana, murió en Galápagos el famoso “Lonesome George”, último individuo de las Tortugas Gigantes de Pinta ("Chelonoidis abingdonii"). Su desaparición es la pérdida de buena parte de una historia evolutiva fascinante, que dio origen a reptiles gigantes que inspiraron a Darwin a desarrollar su teoría de la evolución.

Aunque muchos no lo saben, cuando en septiembre de 1835 el Beagle arribó a la isla de Santa María, una serie de eventos llevarían a Darwin a sospechar que cada isla albergaba una variación distinta de tortugas terrestres, alimentando sus ideas evolucionistas mucho antes de su famoso análisis de los picos de los pinzones.

¡Pilas, Colombia! 

Las tortugas son animales maravillosos. Ellas han colonizado el mar, los ríos, las ciénagas, los bosques y las sabanas. Cumplen funciones importantes en los ecosistemas, dispersando semillas, transportando nutrientes y aportando grandes cantidades de biomasa a las cadenas alimentarias.

Las tortugas de río han sido parte importante de las culturas ribereñas y una fuente de ingreso y alimento por siglos. En Latinoamérica y Colombia, en particular, si bien existen presiones que afectan las poblaciones de este grupo de animales, no hemos llegado a los niveles de sobreexplotación y degradación tan elevados como los de Asia. Tenemos ante nosotros la gran oportunidad de actuar antes de la crisis extrema, que puede ser irreversible o muy costosa, y difícil de manejar.

El 40 por ciento de las especies de tortugas continentales del país se encuentran amenazadas. Algunas han sufrido la transformación radical de su hábitat, como la carranchina ("Mescolemmys dahli"), que sobrevive en poblaciones aisladas y endogámicas (se cruzan entre parientes), y en áreas que anteriormente fueron bosques secos del Caribe.

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Otras enfrentan la explotación para el comercio de su carne y huevos, mientras que el tráfico internacional de mascotas se torna una amenaza cada vez más preocupante. Recientemente se han incautado cargamentos con grandes cantidades de mata-mata, una rara tortuga acuática de la Amazonia y la Orinoquia, y de la que se acaba de describir una nueva especie.

Mucho por hacer

Estas presiones pueden ser manejadas ahora. Es clave trabajar con las comunidades locales para generar un valor asociado a la presencia de las tortugas, con iniciativas como el turismo de naturaleza y emprendimientos comunitarios. Es indispensable, además, hacer frente al tráfico internacional y evitar, a toda costa, la entrada de nuestras especies al mercado asiático, que puede ser insaciable.

Es necesario y posible mantener y recuperar el hábitat de estos reptiles en áreas transformadas, permitiendo que desarrollen su ciclo de vida en medio de paisajes productivos. Está en nuestras manos la supervivencia de estos seres milenarios. Aún estamos a tiempo.